LA SANIDAD DEL CUERPO Y LA SALUD EN LA BIBLIA

POR: Dr. Donald T. Moore

 

            ¿Tiene Dios interés en el cuerpo humano, o solamente en el alma? Un día al entrar a la casa de una familia recién convertida a Cristo en Ponce, un hombre extraño que yo nunca había visto anteriormente me saludó, diciéndome, "Dios ama tu alma." Me sorprendió ese saludo, pero le respondí, "Ama también mi cuerpo." En seguida me contestó, "No, ama tu alma solamente." Sin embargo, el libro de Génesis nos informa que Dios creó el mundo material físico, real y que resultó todo muy bien (Gn 1:31). Así que el mundo no es ni ilusorio, ni un sueño, ni nuestra imaginación; realmente existe externo a nuestras mentes, y es "bueno en gran manera." Eso incluye nuestros cuerpos. También la Palabra (Verbo) tomó cuerpo humano en la encarnación (Jn 1:14) y así Dios recalcó su valor sanando los cuerpos humanos. También el Espíritu Santo toma habitación en los cuerpos de los cristianos como su templo.

 

            Debido a que el cristiano aceptaba este mundo material como real, surgió en el occidente un movimiento único que luego se extendió al oriente -- el método científico y la tecnología. Casi todos los primeros científicos eran cristianos practicantes. Este concepto de la realidad del mundo material hizo posible el desarrollo de la medicina científica, porque el cuerpo humano realmente importaba y dolía. Por eso la compasión cristiana exigía que se hiciera algo para ayudar y aliviar el cuerpo del enfermo y herido. Para las religiones orientales como el hinduísmo, budismo y Hari Krishna, el cuerpo humano no es importante, porque no existe en realidad; es solamente una ilusión ("mara"). Lo único que importa es el alma que es un pedazo o un desprendimiento o una chispa de lo eterno metido dentro del cuerpo ilusorio. Ni la ciencia médica ni la enfermería originó donde predomina su influencia.

 

            ¿Dónde se originó el movimiento de la enfermería? ¿En la India? No, fue en Inglaterra en el siglo XIX, donde Florence Nightingale, una joven cristiana, oía de los estragos de la guerra en Crimea y de los soldados que morían como moscas de infecciones y gangrena. Quería ayudar a curar sus cuerpos que para ella tenían realidad indiscutible y eran importantes. Como resultado de su visión y compasión cristiana, inició el movimiento moderno de la enfermería. Sabía ella que en realidad existía el cuerpo y que era importante aliviarlo.

 

La sanidad del cuerpo en el Antiguo Testamento

            Existen dos aspectos en relación con la sanidad y la salud del cuerpo en el Antiguo Testamento -- el aspecto preventivo y el curativo.

 

            El aspecto preventivo. Predomina el aspecto preventivo. Se ve especialmente en las leyes de santidad para un pueblo santo que forma parte del antiguo pacto con YHWH (Jehová) y que rigen la vida de Israel en términos de la santidad. La salud física, emocional y espiritual de la nación era un aspecto importante de esta relación que envolvía obediencia a YHWH, el Sanador de su pueblo (Ex 15:26). Por eso hay un total rechazo de todo elemento mágico de las sociedades paganas, en las cuales la magia era su ingrediente principal. Así que las leyes del pentateuco ayudarían a los obedientes a gozar de buena salud. Aquí está la idea de medicina preventiva.

 

            (1)        Uno de los efectos de las leyes del sábado en que se tenía que adorar a Dios y cesar todo trabajo (Ex 20:8) era mantener la salud tanto espiritual como física; biológicamente el cuerpo necesita abstenerse del trabajo normal por lo menos un día a la semana de manera que las células puedan renovarse más fácilmente. Este descanso sirve para prevenir el debilitamiento del cuerpo y las consecuentes enfermedades.

 

            (2)        Algunos también han interpretado la circuncisión de los bebés como una señal del pacto del pueblo de Dios (Gn 17) como un medio de higiene física.

 

            (3)        Hay factores de salud física y espiritual en relación con las leyes sobre el sexo; se prohibía el matrimonio de ciertos parientes cercanos (seis parientes de consanguinidad, Lv 18:7, 9-13, y ocho de parentescos o conexiones por matrimonio (vv. 8, 14-18). Esto evitaría ciertos problemas genéticos. Hay otros factores de higiene en relación con actos sexuales (Lv 15:16-18; 15:19-30), porque las personas tenían que lavarse y ser tratados como no limpios ceremonialmente hasta la tarde. Las leyes exigiendo descanso e higiene personal después del parto de la mujer protegían la salud de las madres (Lv 12:2-5) y de los hijos.

 

            (4)        Las leyes sobre alimentos, como es el caso de la sangre, el cerdo, el carnívoro y las aves de rapiña (Lv 11), también ayudaban a proteger al individuo y a la comunidad de infecciones y de plagas de enfermedades.

 

            (5)        Para el saneamiento y la limpieza en general las leyes protegían las fuentes de agua de contaminación (Lv 11:31-39), reduciendo así el peligro de enfermedades, fiebres contagiosas, plagas e infecciones. Note también las instrucciones sobre la quema de los despojos de los sacrificios (Ex 24:14) y el entierro del excremento fuera del campamento (Dt 23:12-14).

 

            (6)        Además, el aspecto preventivo para evitar las enfermedades se ve en relación con la cuarentena fuera del campamento de ciertos enfermos como el leproso (Nú 5:1-4; Lv 13:14-15) y del uso de los utensilios, y de fuego y de los lavamientos con agua (Lv 11:32, 39, 40; Nú 19:11, 31:21, 23).

            El aspecto curativo. El segundo aspecto es el curativo. En el Antiguo Testamento Dios fue el médico-sanador de su pueblo (Ex 15:26; Dt 32:39; Jer 30:17, 33:67; Os 6:1-2; Sal 103:2-4). De allí implícitamente los que obedecían sus mandatos gozarían de buena salud, y sólo Dios podría restaurar la salud del enfermo. El pacto de Sinaí demandaba que la nación confiara sólo en Dios para su sanidad. Por eso algunos encontraron sanidad por medio de su fe y obediencia en el Señor; así sucedió en los casos de Job (40:4-5; 42:2-6) y del Rey Ezequías (2 R 20:1-21; 2 Cr 32; Is 38).

 

            También hubo personas que hacían diagnosis de ciertos ritos que aseguraban la salud individual y comunal, los sacerdotes promovían la salud y ejercían varias funciones médicas. En Levítico se describe varias formas de purificación ritual relacionadas con la medicina. Tienen que ver con el post-parto (Lv 12), la lepra (Lv 13), la emisión de semen (Lv 15:16-18), la menstruación (Lv 15:19-30) y los cadáveres (Lv 21:1-3). Por eso la gente consultaba a los sacerdotes -- no a los médicos -- porque podrían ayudar a poner al enfermo en paz con Dios, y porque en casos graves la persona competente para ayudar era el sacerdote. La equivocación del Rey Asa de Judá, entonces, fue consultar a los médicos que eran extranjeros y se asociaban siempre con la magia y la idolatría en vez de buscar la sanidad por medio de los sacerdotes (2 Cr 16:12-13); por eso murió pronto (el caso de Ocozías es parecido, pero en vez de no consultar al sacerdote, no consultó a Dios por medio de su profeta -- 2 Re 1). Probablemente las recetas más típicas de ellos para los enfermos fueron el ayuno y sacrificios, el arrepentimiento y la oración por el perdón (vea Sal 32:3-5, 38:1-11 y la oración de Ezequías en Is 38:1-6). David ayunó y oró antes de la muerte de su hijo (2 S 12:16-23). Evidentemente la gente normalmente consultaba a las parteras en el parto (por ej. Gn 38:27-30).

 

            Algunos profetas también tenían responsabilidades relacionadas con la salud, especialmente en dar asesoramiento y consejos acerca de ciertas enfermedades o su prognosis. En este sentido eran sanidades; se veía al profeta como un sustituto del mismo Dios. Así que Natán (2 S 12:14), Elías (2 R 1:4), Ahías (1 R 14:4-16) y Eliseo (2 R 5:27; 2 R 8:10) predecían la enfermedad y la muerte. Por medio de la intercesión y ayuda de los profetas, fueron sanados la rebelde María (Nú 12:10-16), los peregrinos en el desierto (Nú 21:9), Naamán (2 R 5:3-14), el hijo de la viuda de Serepta (1 R 17:19-23), al hijo de la sunamita (2 R 4:18-37), un muerto revivido (2 R 13:21) y Ezequías (2 R 20:1-7). También usaron recetas como resina medicinal o bálsamo (Jr 8:22) y el aceite de oliva (Is 1:5-6) que no permitía que los vendajes se pegaran a las heridas y les servía como ungüento; funcionaban principalmente como antisépticos y medicamentos. Además, se usaba la mirra que inhibía la multiplicación de bacterias y así aliviar las infecciones y gangrena, promovía la reparación de tejidos. Asimismo Isaías mandó el uso de una masa o pasta de higos para la úlcera de su rey Ezequías (2 R 20:1-7; Is 38:1-6, 21). Cuando Dios sanó las aguas amargas de Mara, Moisés echó un arbusto o árbol al agua (Ex 15:23-26).

 

Dios como causa de las heridas y el sanador

            Además de la medicina preventiva y curativa hay dos ideas teológicas básicas en el Antiguo Testamento hacia la salud y la sanidad. La actitud primaria que a su vez resume lo esencial del Antiguo Testamento, se expresa en Deuteronomio 32:39: "Yo soy el único Dios; no hay otros dioses fuera de mí. Yo doy la vida, y la quito; yo causo la herida, y la curo" (VP, 1984). En la Biblia de Jerusalén (1970) se lee como sigue: "Yo doy la muerte y doy la vida, hiero yo, y sano yo mismo. (Y no hay quien libre de mi mano)." YHWH había expresado esencialmente lo mismo a Moisés en Exodo 4:11 (vea también Amós 3:6 e Is 45:7). Dios, el Sanador y el dador de todas las cosas buenas, era también el que despachaba la desgracia y el dolor, incluyendo heridas de varias clases (vea Ex 4:24-26, 12:12, 1 S 5:6, 2 S 6:7-10, 1 Cr 13:10-13).

 

            Normalmente la enfermedad se consideraba un castigo de Dios por los pecados del hombre. Debido a todo esto, para la gente las enfermedades fueron señales de que el enfermo o sus padres habían pecado, y el Señor lo estaba castigando. Inclusive la muerte o la enfermedad repentina fue visto como la acción directa del Señor, y desde luego el recobrar la salud fue señal del perdón de YHWH. La ley dio detalles acerca de la clase de enfermedad que Dios enviaría sobre los violadores del pacto. En Levítico 26:16 y 25 fueron enumeradas la fiebre, la epidemia mortal, las enfermedades de los ojos y el decaimiento del cuerpo junto con otros castigos. La lista más extensa en Deuteronomio 28:27-28 incluyó llagas, tumores, sarna, tiña, locura y ceguera (vea también 28:22, 59-61).

 

            Esta relación entre las enfermedades y el pecado fue experimentado y anotado en la historia sagrada, en los casos de Faraón (Gn 12:17), de Abimelec (20:18), de Onán (38:9-10), de los egipcios con las plagas y la dureza de sus corazones (Ex 9:3-10, 12:29), de los Israelitas (Nú 11:32), de los filisteos (1 S 5:6 al 6:12), la avaricia de Giezi (2 R 5:26-27) y la temeridad de David (2 S 24:10-15, 1 Cr 21:7-14). Otros ejemplos históricos que muestran el poder de Dios para castigar y dirigir a los hombres por medio de la enfermedad incluyen los siguientes: se volvió leprosa la mano de Moisés y luego la restauró (Ex 4:6-7); los ángeles de YHWH cegaron a los hombres que amenazaban a la familia de Lot (Gn 19:11); cuando Israel se rebeló contra Moisés y Aarón, YHWH amenazó a Israel con pestilencia, lastimó a algunos y luego infligió una plaga sobre ellos cuando buscaron a Baal de Peor (Nú 14:11-12, 36-37; 17:12-15; 25:3-9, 17-18; 31:16); El quitó la vida de por lo menos 70 habitantes de Bet-semes porque miraron dentro del arca y no se gozaron al ver su regreso (1 S 6:19); YHWH decidió que muriera el hijo de Jeroboam para así eliminar la casa del rey infiel (1 R 14:10-14); como respuesta a la oración de Eliseo, YHWH cegó al enemigo y más tarde restauró su vista (2 R 6:18-20); a pesar de haber hecho la voluntad de YHWH, al rey Uzías le dio lepra (2 R 15:3-5); más tarde se atribuye esto al orgullo del rey (2 Cr 26:16-20); un ángel de YHWH destruyó el ejército de Senaquerib (2 R 19:35; 2 Cr 32:21; Is 37:36); por haber desertado YHWH, le dio a Joram una enfermedad en sus intestinos (2 Cr 21:14-18); en dos ocasiones Elías exterminó una banda de 50 soldados (1 R 1:8-12).

 

            Debido a que los enfermos fueron manchados por el pecado, ningún hombre deformado o enfermo podría ser sacerdote (Lv 21:18-23). La enfermedad evidenciaba una brecha entre YHWH y el hombre, por eso fue descalificado. Esta misma idea retributiva de la enfermedad se expresa en varias formas en los Salmos. A veces se clama a Dios para la salvación o liberación de sus enemigos, de los extranjeros y de las enfermedades que aparentamente vienen de YHWH (Sal 6, 22, 38, 39, 88, 102). En los salmos de imprecación se invoca maldiciones, enfermedades y otras cosas malas. El Salmo 101 claramente expresa esta idea y el 78 y el 106 lo traza a través de la historia de Israel. En todo el libro de Proverbios esta actitud es un tema constante, siempre advirtiendo que la enfermedad y la desgracia siguen al pecado (3:7-8, 11-12).

 

            Así que está claro que la idea básica en el Antiguo Testamento en cuanto a las enfermedades es que YHWH las envía para castigar a los hombres por violar sus leyes y que es El quien sana también. No es cierto que el lenguaje hebreo sugiere que Dios solamente permitía esto; si fuera así los casos históricos en la Biblia perderían su significado y lección principales. Además, el gran soberano de los cielos excluía normalmente la ingerencia de Satanás y los demonios.

 

            El sufrimiento del inocente. A pesar de ser el concepto retributivo el que predomina, no es la única actitud hacia la enfermedad. Pero en ambos casos todos coinciden en que YHWH podría sanar (vea Sal 103, 92, 41, 46, 62, 74, 116, 121 y 147). Una segunda actitud recurrente, se expresa en algunos salmos y pasajes de Isaías y narraciones de la sanidad; se destaca especialmente en la protesta insistente de Job. Este libro, además de indignarse en contra de la explicación retributiva, presenta otras alternativas para explicar el por qué de las enfermedades, como la ingerencia de Satanás, la explicación probatoria y la disciplinaria.

 

            Algunos pasajes mesiánicos en Isaías se interpretan en relación con la salud y la sanidad del cuerpo. Así es el caso del cuarto poema del siervo (Is 52:12 al 53:13). "... él estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios dolores. ... Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, ... [y] ... nuestras maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud" (53:4-5). Este pasaje da la nueva explicación para el sufrimiento: un inocente puede sufrir dolores físicos en el cuerpo. No fue como castigo por sus propios pecados que este siervo inocente sufría injustamente, sino por los pecados de su pueblo (v. 8); el siervo mismo estaba sin culpa, porque no "cometió ningún pecado" (v. 9), aunque los que seguían el pensamiento típico de su época de que todo el sufrimiento era resultado directo del castigo de Dios por el pecado, en el momento del dolor pensaron que el castigo fue para El (v. 4). Este concepto vicario o sustitutorio del sufrimiento es radicalmente diferente, porque este siervo "se entregó en sacrificio por el pecado" de otros (v. 10). Sin embargo, todo este sufrimiento de este siervo exitoso fue la voluntad de Dios (v. 2). Definitivamente su dolor y sus heridas traían beneficio a los rebeldes y a los pecadores, porque hacía posible su reconciliación con Dios (v. 5).

 

            En v. 4 ¿a qué se refiere "lleva nuestras enfermedades" (RV, 1960)? "Llevar" (nasa en hebreo) quiere decir sufrir, soportar, cargar o aguantar (compare Jer 10:19), por eso no significa "quitar" enfermedades del cuerpo. Isaías indica aquí que el siervo "estaba cargado" en su persona con las consecuencias penales de la culpabilidad del pecado de su pueblo; por eso la traducción acertada de la Versión Popular (VP): "estaba cargado por nuestros sufrimientos" (v. 4a).

 

            Pero en v. 5, ¿a qué se refiere la palabra "curados" o "la salud"? ¿Se refiere a la salud del cuerpo o del alma o de ambos? El contexto del poema tiene que solucionar esto, y todo este poema se refiere a las relaciones espirituales del hombre con Dios que son rotas por el pecado y restauradas por el sacrificio del siervo. El contexto se limita a referirse a la sanidad de nuestra alma enferma por el pecado. Aquí no se trata de curar al cuerpo. Además, Isaías típicamente usa esta palabra "curar" en este sentido (vea también 6:10, 19:22, 30:26, 57:18-19, 58:8). A veces la Biblia se refiere a "curar" o "sanar" pecados causados por la falta de purificación ceremonial (2 Cr 30:15-20), esp. 20); a veces se refiere a "sanar rebeliones" (Os 14:4; Is 3:22) y otras veces a sanar el alma del pecado (Sal 41:4; Os 5:15 al 6:1). Está claro que el pueblo no podía curarse a sí mismo por su propio sufrimiento; solamente a través del sometimiento voluntario del siervo al castigo divino (v. 7) podía efectuar la espiritual entre YHWH y su pueblo. Además cuando uno toma en cuenta el paralelismo sinónimo poético profético en los vv. 4-6, es evidente el enfoque espiritual -- no corporal. Así que este pasaje en sí no es una prueba que el siervo sufriente, identificado como Jesucristo, murió para librarnos de toda enfermedad del cuerpo y darnos siempre buena salud.

 

            Otro pasaje mesiánico que se cita en relación con la sanidad es Isaías 61:1: "El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado; me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres, a aliviar a los afligidos. ..." Este pasaje con Isaías 35:5-6 donde se expresa una esperanza gloriosa para el pueblo del Señor, indica que las personas impedidas de la audición, visión y del habla serán curados (vea v. 24 también). Compare 32:3-4 con el mismo lenguaje que expresa un aumento en las percepciones morales de su pueblo. Dado este segundo uso simbólico, permitió la posibilidad de que Isaías y sus contemporáneos entendieran 35:5-6 también en forma figurativa. Sin embargo, no iba a sorprender a nadie de que el Mesías pudiera igualar o aun exceder las curaciones del cuerpo, inclusive la resurrección de los muertos, que hicieron Elías y Eliseo, siendo dos de los más grandes profetas de Israel. Si se esperaba que el Mesías hiciera obras aún mayores en la política, ¿cómo entonces sería posible esperar menos de él que restaurar la función de los órganos del cuerpo?