EL CRISTIANO Y EL DEBER CIVICO
POR: Hiram Sanchez
Nos
encontramos en pleno tiempo de campañas políticas, tanto a nivel local como
nacional. El pueblo evangélico, tanto local como nacionalmente, se encuentra
además delante de una oportunidad que ocurre, por lo regular, una vez cada
cuatro años – las elecciones generales. Se trata de la oportunidad de afectar
la política pública, de tal manera que mejore el bienestar y la calidad de vida
de todos.
Existen
circunstancias de peso que hacen de esta oportunidad una que trae consigo retos
y controversias. Entre estas se encuentran los siguientes factores.
1.
Igual
que en el electorado general, sólo una mínima parte de los evangélicos acuden a
las urnas.
2.
Hoy,
más que nunca se ataca el papel y la presencia de la religión en círculos
públicos, malinterpretándose el principio de separación de iglesia y estado.
3.
Unos
pocos líderes políticos reconocen públicamente que su responsabilidad civil
debe reflejar sus principios morales.
4.
Se
debaten en diferentes foros (locales y nacionales) temas de trascendencia
social y moral, como:
a.
Reconocimiento
de homosexuales
b.
Matrimonios
entre parejas del mismo sexo
c.
SIDA
d.
Aborto
e.
Clonación
f.
Corrupción
g.
Pobreza
h.
Educación
i.
Salud
pública
j.
Crimen
k.
Drogas
l.
Maltrato
y abuso
m.
Tráfico
humano
n.
Medicación
y legalización de drogas
o.
Cambios
a Código Moral, Penal, de Familia
p.
Nombramiento
de jueces asociados del Tribunal Supremo
5.
Estos
asuntos son una plataforma sobre la cual el pueblo evangélico ha encontrado un
frente común. Por tal razón, algunos han entendido necesario levantar la voz de
alerta y de protesta.
A pesar de todo esto, el pueblo cristiano no
está de acuerdo en cuanto al alcance o grado de su responsabilidad cívica.
Algunos piensan que la política es corrupta, por lo que los “santos” no deben
participar. Otros, que no es necesario participar porque el cristiano es
ciudadano del cielo y sólo aguardamos la llegada de Cristo (Fil 3:20). Los
Testigos de Jehová entienden que participar en cualquier área de política
pública equivale a colaborar con el diablo, ya que la Palabra enseña que él es
el príncipe de este mundo (1 Jn 5:19). Otros piensan que debemos expresarnos
únicamente mediante la voz y el voto. Finalmente, hay los que entienden que las
Sagradas Escrituras proveen para y demandan una participación activa de parte
del pueblo de Dios en la arena pública.
La base para el
compromiso cívico cristiano
Primero, participamos en la vida pública
porque Dios creó al primer hombre a Su imagen y semejanza, dándole como primera
responsabilidad la mayordomía de Su creación (Gn 1:27-28). El hecho de que el
pecado haya cambiado la condición del hombre, y su relación con la tierra, no
le exime de su llamado divino de gobernar sobre la creación.
Este punto nos conduce al segundo –
Jesucristo es el Señor sobre cada área de la vida. En Él fueron creadas todas
las cosas (Col 1:16-17), y por Él todas las cosas son sujetadas. Limitar
nuestra mayordomía a la esfera privada sería no hacer caso de parte del dominio
del Señor, y en esencia entregársela al maligno. Por otro lado, restringir
nuestra participación política a asuntos que se refieren a lo privado o
doméstico sería negar la soberanía absoluta del Rey de reyes y Señor de señores
(Ap 19:16).
El tercer punto se relaciona con el anuncio
por parte de Jesús de que el reino de Dios había llegado. Era un reino en el
cual se predicaba justicia, paz, restauración y sanidad para todos (Is 61:1-3),
al judío primero y también al griego. El llamado de Dios es para que la iglesia
hable proféticamente a la sociedad y trabaje hacia la reforma de sus
estructuras e instituciones.
Cuarto, como cristianos y ciudadanos, es
nuestro deber auspiciar al gobierno mientras éste busca cumplir con el mandato
divino de obrar justicia (Ro 13:1-7). Debemos además orar por los que están en
eminencia (1 Ti 2:2). Sobre todo, el cristiano es llamado a ser luz para el
mundo y sal de la tierra (Mt 5:13-16). Cuando el cristiano hace justicia, da
testimonio de una visión distinta y da gloria a Dios.
El enfoque del
compromiso cívico cristiano
Como cristianos, creemos en la autoridad
absoluta de las Escrituras y que debemos someternos a ella en cada área de
nuestras vidas (1Ti 3:16-17). Por tal razón, nuestras normas de criterio
siempre deben ser desde la perspectiva del orden moral establecido por Dios. No
obstante, no todos los temas sociales y políticos que se discuten en la
actualidad se tratan en la Biblia. Por lo tanto, para ser efectivos en el
ejercicio de afectar la política pública de manera bíblica, debemos tener,
además de conocimiento bíblico, conocimiento amplio de todos los aspectos
sociales, económicos y políticos de nuestros pueblos. Además, debemos conocer a
fondo aquellos a quienes Dios ha puesto para gobernar y todos los que aspiran a
puestos electivos.
La Biblia deja claro que a Dios le interesa
el bienestar del matrimonio y de la familia, la santidad de la vida humana, la
justicia para los pobres, el cuidado de la tierra, la paz mundial, y la
igualdad de derechos y de libertad para todos. Cristianos fundamentados en la
Palabra de Dios e instruidos en los temas de la actualidad pueden afectar la
sociedad en la que viven, las instituciones que la sostienen y los individuos
que la gobiernan. Lamentablemente, algunas encuestas revelan que entre el
pueblo puertorriqueño en general existe apatía de ir a las urnas:
1.
El
Nuevo Día (17 mayo, 2004) – “Pesimista el Elector”
2.
El
Nuevo Día (19 mayo, 2004) – “Gran descontento con los candidatos provoca cifra
récord de abstención (16%) e indecisos(8%)”
3.
Primera
Hora (9 agosto, 2004) – “Huyen de la política los jóvenes – no creen que harán
una diferencia”
Además, la mayoría de los que votan lo hacen dirigidos por
tradiciones de familias y por la costumbre de “rajar la papeleta”; esto es,
votar por un partido íntegramente, sin considerar candidatura, plataformas, ni
posiciones sobre asuntos relevantes(El Nuevo Día 2 mayo, 2004).
¿Envolverse
en asuntos políticos acaso no desvía la atención de los cristianos de su
verdadera misión?
Desde un
principio, Dios llamó al hombre a gobernar y a cuidar de la creación. Hacia
estos fines, el hombre ha vivido en familias, tribus y clanes, reinados e imperios,
y hoy en naciones-estados que son parte íntegra de una comunidad global. Los
gobiernos y gobernantes han sido puestos por Dios para mantener el orden
público, velar por los derechos de sus ciudadanos, y promover el bien común.
Podemos en
Puerto Rico dar gracias a Dios por vivir en una democracia donde el gobierno es
del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Los ciudadanos participan en el
gobierno eligiendo a sus representantes, utilizando los recursos habidos para
asegurarse de que representan sus intereses, y haciéndoles responsables de
velar por la sociedad y por sus instituciones.
Podemos además,
dar gracias a Dios por las libertades que son parte de la democracia, entre
ellas, la libertad de expresión, de prensa, de reunión, y de culto.
El pueblo
evangélico participa en el sistema de gobierno “de facto.” Es contado en el
censo, está sujeto a las leyes, y paga contribuciones, entre otras
responsabilidades. Pero además de sus deberes como ciudadanos, los cristianos
deben buscar participación en los procesos políticos y deben tener
representación en los foros políticos como parte de su Gran Comisión de
evangelizar al perdido. La voluntad de Dios es que ninguno
perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pe 3:9). El cristianismo
debe alcanzar no sólo todas las naciones, sino también toda rama del esfuerzo
humano. Sin la
debida participación en los procesos y sin la representación del pueblo
evangélico en las esferas políticas, nadie puede garantizar que la libertad
para predicar las buenas nuevas de salvación en Jesucristo va a permanecer.
También la participación y representación permite oportunidades para ser sal y
luz en un mundo que está en tinieblas y corrompiéndose cada día más. La
verdadera libertad está en conocer la Verdad de Dios (Jn 8:32). La realidad es
que los gobiernos pueden reformar sus códigos, sus estructuras, sus
instituciones y sus sistemas electorales, pero solamente la presencia del Espíritu
Santo en los cristianos comprometidos con su deber cívico puede transformar al
hombre y a la sociedad en que vive.
¿Es importante el
carácter moral de los líderes políticos?
Las páginas de
la prensa en tiempos recientes dan testimonio de que la respuesta es un
afirmativo rotundo. A continuación una muestra de algunos titulares:
1.
El
Nuevo Día (9 junio, 2004) – “Corruptos, segundones y malos administradores”;
“El liderato político no genera entusiasmo porque el pueblo los ve a todos
igualitos.”
2.
Revista
Time (21 junio, 2004)(relacionado con campaña presidencial):
a.
¿Creen
que los valores morales deben guiar a nuestros líderes políticos? 56% -- Sí
b.
¿Hace
a un líder más fuerte su fe? 48% -- Sí
Las Escrituras
tratan con las cualidades de líderes civiles y religiosos, y son enfáticas en
que las cualidades personales y el carácter moral de una persona son
prerequisitos para servir. Cada vez que ejercemos el derecho al voto debemos
preguntarnos acerca de la condición moral del candidato, su capacidad
intelectual, su testimonio público, y su posición ante los principales temas
sociales, económicos, culturales y políticos de actualidad.
Después del
fracaso de Saúl, Dios escogió a David, un hombre que no era perfecto, pero sí
era conforme a Su corazón. (1 S 13:14); en otras palabras, un hombre de ideales
elevados, un corazón recto, alguien en quien se podía confiar. En la reserva
moral y espiritual de este gobernante descansaba la esperanza de una nación, y
de su linaje nació la esperanza de la humanidad – Jesucristo, el Único y
Verdadero Mesías.
David, como
otros, algunos de los cuales están en el Salón de la Fama de la Fe (He 11), da
testimonio de que uno puede ser siervo de Dios y servidor público a la misma
vez. La Palabra de Dios nos exhorta y nos alienta de la siguiente forma:
Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; Mas
cuando domina el impío, el pueblo gime(Pr 29:2).
El rol de la Iglesia
local
Debido a que la
iglesia es una realidad espiritual dentro de un mundo que participa de la obra
de redención del Señor, ella es más que una congregación de creyentes. La
iglesia participa de la obra redentora de Cristo en el mundo (Ef 1:22-23; 2 Co
5:19). La iglesia es agente de la gracia salvadora de Cristo – trae a otros a
Cristo, pero también es agente de la gracia común – mediante su participación
en la renovación cívica.
Dios llama a la
Iglesia a la vocación de proclamar todo el consejo de Dios (Hch 20:27),
persuadiendo acerca del Reino de Dios (Hch 19:8), con la autoridad de Dios
mismo (Mt 28:28). Como parte de este deber, la iglesia local es el instrumento
que Dios utiliza para capacitar a Su pueblo para la obra del ministerio.
Por razones de ética ministerial y por
limitaciones establecidas a la iglesia como un ente legal ante el estado, los
pastores y líderes no pueden utilizar el púlpito para hacer endosos
partidistas. Ahora bien, como parte del mandato a discipular y a enseñar que
establece la Gran Comisión, es parte de su responsabilidad ocuparse de que la
educación cristiana de los feligreses les capacite para ser iluminados dentro
de la experiencia de la iglesia, y que a su vez sean luminares dentro de sus
comunidades.
Los cristianos,
como buenos ciudadanos, tienen un compromiso cívico que deben llevar a cabo con
un balance entre discernimiento espiritual, conocimiento práctico, y
participación activa. Deben estar bien informados si han de ejercer su
presencia y su influencia en foros políticos y sociales. Los cristianos –
ciudadanos del reino de Dios – deben ser los mejores calificados para impactar el
reino humano.
Sobre la
necesidad de votar a conciencia cabe señalar los siguiente titulares (ambos de
El Nuevo Día):
1.
(15
marzo, 2004) – “Clamor por un voto de conciencia” (Arzobispo de San Juan
Roberto González)
2.
(2
agosto, 2004) – “El voto bien informado es una pieza fundamental para mejorar
la calidad de nuestra democracia” (Luis A. Ferre Rangel)
La iglesia local
es responsable de enseñar que aunque el Señor estableció el gobierno y sus
autoridades, también estableció sus límites. Mientras los cristianos deben dar
al César lo que es del César, deben dar a Dios lo que es de Dios (Mt 22:21).
Sólo Jesús es el Señor, y Su reino, Su poder y Su gloria es sobre todo y sobre
todos. Hemos de someternos a las autoridades cuando obedecen y obran conforme a
la justicia de Dios (Tit 3:1). Pero hemos de resistir cuando ejecuta su poder
de forma injusta (Hch 5:27-32).
Finalmente, el
Señor Jesús nos dio el gran mandamiento de amarnos los unos a los otros (Jn
13:34-35). El ministerio de compasión, de transformación, y de renovación para
con todo prójimo comienza en la iglesia y desde la iglesia.
Comentario final
La historia pasada revela que la
participación del pueblo evangélico en la política ha tenido grandes
aportaciones, tales como libertades civiles, abolición de la esclavitud,
derechos de la mujer, valor de la vida humana, educación, salud y medicina,
compasión de los pobres, y sistemas de gobiernos y justicia, entre otros. La
realidad actual, y una confirmación sobre el papel de la iglesia, se ve en la
primera plana de El Nuevo Día del pasado 11 de abril, con el siguiente titular:
“Urgente la unidad de las iglesias – Pastores y sacerdotes son llamados a echar
a un lado sus diferencias para atacar los males sociales.”
Según el teólogo John Stott: “Hay en nuestra
sociedad contemporánea una gran necesidad de cristianos que se lancen al debate
público ... que se organicen y participen para promover la agenda de Dios. Será
por el fervor hacia Dios y el amor hacia el prójimo que buscarán la renovación
de la sociedad.”
El Presidente Abraham Lincoln dijo: “Es
deber de todas las naciones, y de los hombres, mantener su dependencia del
soberano poder de Dios [ ... ] y reconocer la sublime verdad, anunciada en las
Sagradas Escrituras y confirmada por toda la historia, que solo son bendecidas
las naciones para las cuales Dios es el Señor.”
Salomón
dijo: “La justicia engrandece a la nación; mas el
pecado es afrenta de las naciones”(Pr 14:34).
El
salmista resumió: “Jehová hace nulo el consejo de las
naciones, y frustra las maquinaciones de los
pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su
corazón por todas las generaciones. Bienaventurada la nación cuyo Dios es
Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí”(Sal 33:10-12).
Referencias Utilizadas
Sitios
en Internet:
Christian Answers
Jehovah’s Witnesses
National Association of Evangelicals
Periódicos y
Revistas:
Christianity Today
El Nuevo Día
Ethics & Religious Liberties --
SBC
Libros:
Cristianismo y Cultura, J. Gresham
Machen
El Cristianismo y la Democracia
Moderna, Dengering & Grau
El Cristiano Contemporáneo,
John Stott
La Fe en Práctica, Charles
Colson
Saints as Citizens, Sherratt & Mahurin
¿Y Qué si Jesús no Hubiera Nacido?, D. James
Kennedy
Biblias:
NVI