BASES TEOLÓGICAS Y BÍBLICAS
PARA LA SEXUALIDAD HUMANA
Por: Dr. Donald T. Moore
Según la Biblia, el Creador mismo
sin intermediario creó al hombre y a la mujer (Gén. 1:26-27) con sus
respectivas naturaleza sexuales y calificó todo lo que había creado como muy
bueno (1:31). Después de dotarles con este don, Dios mismo unió a un hombre con
una mujer en santo matrimonio y así señaló la procreación (1:28) y la unidad
familiar (2:24) como el doble propósito para el sexo. Tales propósitos sugieren
una función biológica y social y señala a la familia como lugar exclusivo para
ella. Además, está explícita la responsabilidad de ambos ante Dios por su uso.
Como Jesús señala (Mt. 19:4-6), la voluntad de Dios al unir a un hombre con una
mujer en familia es para que vivan unidos por toda la vida. Cristo reconoce
también la virtud de una vida de abstinencia o de uno incapacitado para el
matrimonio (Mt. 19:11-12).
Por otro lado, debido a la caída de
los seres humanos en el pecado (Gén. 3), el propósito divino de la sexualidad
se ha distorsionado o degradado. La Biblia señala prácticas, actitudes,
motivaciones y sentimientos inaceptables para Dios en la expresión sexual (Ro.
1:21-27). Jesús clasifica como pecado, los malos pensamientos, el adulterio, la
fornicación, las inmoralidades sexuales y la sensualidad (Mr. 7:20-23; Mt.
15:19). A la vez reconoce que se peca con una mirada codiciosa (Mt. 5:28). Los
apóstoles incorporan en sus listas de pecado los siguientes: la fornicación, el
adulterio, la impureza, las orgías, la perversidad, la homosexualidad y el
incesto*. Además, se requiere una relación monógama en el matrimonio en vez de
promiscua para todo cristiano, especialmente los pastores y líderes (1 Ti. 3:2,
12; Tito 1:6-7).
*Gá.
5:19-21; Col. 3:5-8; 1 Co. 5:1-13; 6:9-10; 7:1-40; Ef. 5:3-5; 1 Ti. 1:9-10; 2
Pe. 2:10-19; Apo. 21:8; 22:15.
[Redactado
por el Comité de Vida Cristiana de la Asociación Bautista de Puerto Rico y
recibido en Asamblea Anual.]