El Reformador Juan Calvino: Su vida y
sus Obras
POR: Cristino Graciano*
No resulta nada sencillo, el trabajar en un estudio que trate de abarcar
tanto la vida como la aportación que le hizo Juan Calvino al movimiento
cristiano. El movimiento religioso acontecido durante el siglo XVI conocido
mayormente como "La Reforma Protestante" tuvo en el gran reformador
ginebrino, como se le llama a Calvino, uno de sus principales personajes.
Se han escrito muchos libros sobre él, y en muchos otros, se hace una
mención especial de él. Hay quien considera a Calvino un hombre de fascinante e
inspiradora personalidad. Tal es el caso de Thea B. Van Halsema. En su libro Así
fue Calvino se expresa de la siguiente manera:
Es sorprendente ver lo mucho que podemos aprender
de la vida de Calvino estudiando sus cartas y sus escritos. Me vuelve a
sorprender el hecho de que Calvino fuera un hombre de Dios internacional, que
traspasó las barreras de la cultura para llegar a entender e influenciar desde
Ginebra el mundo de hoy día. Todavía lo oímos hablar por medio de sus hijos
espirituales en muchas partes de la "pequeña gran aldea" que es ahora
este mundo.[1]
Otros autores consideran a Calvino como el principal sistematizador de la
teología protestante durante el siglo XVI. Justo L. González opina que
"Calvino fue el pensador cuidadoso que forjó de las diversas doctrinas
protestantes un todo coherente."[2] Además, se expresa en términos de
que "le tocó a Calvino (1509-1564) darle a la teología reformada su forma
característica."[3]
Conociendo estos antecedentes, y con la ayuda del Señor, sigamos el curso
de algunos de los principales acontecimientos que caracterizaron la vida de
Calvino e indaguemos acerca de su aportación al movimiento cristiano.
LA VIDA TEMPRANA DE CALVINO
El País que Vió Nacer a Calvino y su Primer Hogar
Juan Calvino nació a la 1:27 de la tarde, el 10 de julio de 1509, en Noyon
de Picardía, como a unos cien kilómetros al noreste de París en Francia. Ya
para esta fecha Lutero había pronunciado sus primeras conferencias en la
universidad de Wittenberg.
El padre de Calvino, Gerard Calvino, era un hombre que se había formado
solo. Era notario y abogado de sacerdotes y canónigos, además de secretario del
obispo. Se dice que desde su importante puesto trabajaba sin descanso en favor
de la iglesia y de los clérigos. Todos lo apreciaban y respetaban. Era un
hombre perspicaz, y también era astuto en velar por sus propios intereses. Gozaba
de la amistad de la poderosa familia noble De. Hangest. Por tanto, Juan tenía
como amigos a los jóvenes de esta familia, y esa amistad le dio una
familiaridad con las costumbres de la sociedad elegante como pocos de los
reformadores la tuvieron.
La madre de Calvino, Jeanne le Franc, era un mujer hermosa y en gran manera
piadosa, hija de un posadero retirado. Su primer hijo se llamó Charles, los
próximos dos murieron, y luego nació Juan. Después de Juan le nació otro hijo
que se llamó Antoine. Ella murió quizás a consecuencia de la peste, cuando Juan
tenía tan sólo tres años de edad. Tras su muerte, una madrastra se unió al
hogar de Calvino, y añadió a la familia dos niñas.[4]
Durante catorce años Calvino vivió en Noyon, provincia francesa de
Picardía, donde habitaba alrededor de diez mil personas, La ciudad de Noyon, ya
en aquel tiempo, se consideraba como muy antigua, y quinientos años después de
Cristo se convirtió en sede episcopal.
La Vida Estudiantil de Calvino y su Conversión
El padre de Calvino, Gerard Calvino, se preocupaba mucho por el futuro de
sus hijos. Planeaba educarlos para que tomaran puestos en la iglesia Católica,
pero necesitaba el dinero para su educación. Utilizando su influencia y
conexiones, logró que Juan recibiera los beneficios de ciertos cargos
eclesiásticos en Noyon y sus alrededores. Aunque nunca fue ordenado, el primer
beneficio le fue asignado a Juan antes que cumpliera los doce años. En aquel
tiempo, un muchacho de cualquier edad podía inscribirse para cualquier cargo
eclesiástico, recibir el salario, pagarle algo a un sacerdote anciano para que
hiciera el trabajo y quedarse con el resto del dinero.[5]
Provisto así con los recursos económicos, Calvino pudo ingresar a la
Universidad de París, en agosto de 1523, cuando contaba con apenas catorce años
de edad. Allí tuvo la oportunidad de estudiar con Mathurin Cordier, un
exsacerdote conocido en toda Francia por su excelente enseñanza. Cordier
enseñaba latín y buen francés, e inició a Calvino en el mundo de la buena
gramática. Gracias a Cordier, Calvino pudo luego escribir, tanto en latín como
en francés, con mucha fluidez y gran brillantez. Continuando su currículo con
énfasis especial, como era costumbre entonces, sobre la filosofía y la
dialéctica, Calvino completó sus estudios en París, y obtuvo una Maestría en
Artes a principios de 1528.
Siendo estudiante, allí en París Calvino se ganó y conservó buenos amigos. Tuvo
una amistad muy estrecha con la familia de Guillermo Cop, médico del rey, y
simpatizante del humanismo. Tuvo en adición otros amigos, todos gente de alta
alcurnia, y que al parecer consideraban también a Calvino como un muchacho
fuera de lo común.
Calvino había sido destinado por su padre a seguir una carrera teológica,
pero en 1527 Gerard Calvino tuvo una desavenencia con el capítulo de la
catedral de Noyon, y tomó una nueva decisión. Quiso que Juan estudiara derecho
en vez de teología. Juan Calvino nunca discutió la decisión de su padre en
cuanto a cambiar de carrera, sino que obedeció y partió para Orleáns, cuya
universidad era famosa por su facultad de jurisprudencia. Allí pudo estudiar
con el profesor Pierre de l'Estoile, quien gozaba de gran fama como jurista. Por
su aplicación, sólo le tomó un año a Calvino ser conocido más como un maestro
de leyes, que como un alumno. En ocasiones llegó a dar clases en sustitución de
algún profesor ausente.
Después de pasar un año en Orleans, para el 1529, Calvino se fue a la
Universidad de Bourges, donde pudo escuchar a Andrea Alciati, otro célebre
jurista de la época, de tendencia humanista. A decir verdad, Calvino se sentía
fuertemente atraído por el humanismo, y según González, "se unió a un
pequeño círculo de estudiosos y admiradores de Erasmo, y se dedicó a los
estudios humanistas."[6]
También en Bourges, con la ayuda de un profesor alemán de nombre Melchor
Wolmar, excelente profesor de griego, Calvino aprendió el idioma del Nuevo
Testamento de forma tal que pudo escudriñar todos sus libros en la lengua
original. Escudriñó, además, otros escritos griegos, y hasta es posible que
Wolmar al mismo tiempo que le enseñaba griego, también le señalara el
significado de los pasajes más apreciados por Lutero y los reformadores.[7]
Calvino se graduó de leyes en 1530 y recibió su licencia para la práctica
como abogado, pero a la muerte de su padre en 1531, tuvo la opción de optar por
abandonar la práctica del derecho. Según Robert A. Baker, "Su primer amor
era la literatura, no el derecho, y después de la muerte de su padre, Calvino
estuvo en libertad de abandonar la práctica del derecho."[8] Dueño al fin de sus actos, Calvino
entonces se dedicó al estudio del latín, el griego y el hebreo en el Colegio de
Francia, institución humanística creada por el rey Francisco I, en París, en
1530.
Después de haber tomado la decisión de ser un
erudito, Calvino se sumergió muy pronto en el estudio del latín, el griego y el
hebreo. Durante el día asistía a clases, de noche la luz de una bujía brillaba
en su celda. Estudiaba, leía, aprendía. Calvino se relacionó de nuevo con su
círculo de amistades poco comunes, eruditos como él. De nuevo entró en contacto
con la familia de Copp, el médico real. Tomaba parte activa en las charlas en
casa de Budé. Esta era la clase de vida que él soñaba.[9]
Fue durante este período que Calvino trabajó perseverantemente en su primer
libro; su comentario al tratado de Séneca, De Clementia, que fue publicado en
abril de 1532. Era un ensayo sobre el filósofo romano Séneca, quien vivió para
la época del apóstol Pablo, ya que era muy común que los eruditos leyeran
famosos escritos antiguos, para luego, escribir sobre ellos. Acerca de esta
obra, Williston Walker en su libro Historia de la Iglesia Cristiana,
comenta: "Era una maravilla de erudición, destacándose no menos su
profundo sentido de los valores morales; pero en él Calvino no muestra interés
por las cuestiones religiosas de la época. Era simplemente un humanista
entusiasta y profundamente ilustrado."[10] Se cree que Calvino escribió su
comentario sobre el De Clementia de Séneca, con la esperanza de que le ganaría la
admiración de los círculos humanistas.
Pero el libro no se vendió. Pasó inadvertido.
Calvino le rogó a sus amigos que lo compraran, que lo recomendaran a otros y
que le pidieran a los profesores que lo usaran. Envió una copia al erudito
Erasmo de Basilea. Pero el libro no se vendió. Aunque ya era una desgracia el
que lo ignorasen como nuevo escritor, era peor estar endeudado por la impresión
del libro.[11]
Entre la publicación de su comentario sobre el De Clementia de Séneca en
abril de 1532, y el otoño de 1533, Calvino experimentó una conversión repentina
al punto de vista evangélico, según su propio testimonio. "Dios subyugó mi
corazón...con una conversión repentina," dice Calvino en su comentario a
los Salmos, "Inmediatamente me sentí inflamado por un deseo intenso de
progresar en mi nueva fe, y aunque no abandoné del todo mis otros estudios, ya
no los seguía con el mismo entusiasmo."[12] Aunque sobre las circunstancias de
esta conversión nade se sabe con certeza, tal parece que hubo una serie de
factores que estuvieron envueltos.
Su padre y su hermano habían sido excomulgados por
la Iglesia Romana, lo que pudo haber aflojado la atadura de ese sistema sobre
Calvino. Su primo, Roberto Olivetan, ya era un reformador experimentado. La
atmósfera humanística de los maestros y la preparación universitaria de
Calvino, indudablemente lo movieron hacia las convicciones evangélicas.[13]
Desde entonces la religión ocuparía el primer lugar en el pensamiento de
Calvino. No se sabe hasta qué punto había pensado aún en desligarse de la
Iglesia Romana. Pero el 4 de mayo de 1534, optó por renunciar a los beneficios
eclesiásticos que su padre le había conseguido, y que eran su principal fuente
de ingresos. Con este propósito en mente se dirigió a Noyon, donde fue
encarcelado por un breve período. Aunque pronto fue puesto en libertad, con el
comienzo de una severa y general persecución en Francia, luego de octubre de
1534, Francia era demasiado peligrosa para él. Ya para el próximo año nuevo,
Calvino se hallaba seguro en la ciudad de Basilea, que para entonces se había
hecho un fuerte centro protestante.
LA INSTITUCION DE CALVINO
La Dedicación de la Institución y su Propósito
Para el mes de octubre de 1534, un hombre de nombre Antonio Marcourt pegó
sus imprudentes tesis en contra de la misa en Francia. La redacción era fuerte
y atrevida; así que, estos carteles de Marcourt habían provocado un
recrudecimiento de la persecución.
En aquellos días llegaron secretamente a París y a
otras ciudades francesas una gran cantidad de carteles, escritos en francés,
que protestaban contra la misa católica. En la mañana del 18 de octubre de
1534, los carteles aparecieron misteriosamente en muchos lugares públicos. Incluso,
en el dormitorio del rey se encontró uno en el arca donde se guardaba los
pañuelos del rey.[14]
Francisco I, quien a la sazón era el rey, estaba en negociaciones con los
protestantes alemanes con miras a conseguir su ayuda contra Carlos V. Por
tanto, como medio para justificar la persecución francesa, publicó una carta
abierta en febrero de 1535, donde se acusaba al protestantismo francés de tener
propósitos anárquicos que ningún gobierno podía tolerar. Ante esta situación,
Calvino se sintió llamado a salir en defensa de sus calumniados
correligionarios. Esto dio lugar a que en 1536, mientras se encontraba en Basilea,
Calvino hizo publicar la primera edición de su sobresaliente obra, Institutio
Christianae Religionis, que pronto fue traducida como La
Institución de la Religión Cristiana, pero luego se conoció comunmente
como los Institutos de la Religión Cristiana.[15]
Calvino dedicó su libro al rey Francisco I de Francia, quien no se imaginó
que tal dedicatoria sería apreciada por siglos como una obra maestra de
argumentación de las Escrituras y de la historia, y que sería leída por
millones de personas en muchos idiomas.
Esta carta-prefacio es una de las obras maestras
de la época de la Reforma. Cortés y respetuosa, es una presentación
tremendamente vigorosa de la posición protestante y una defensa de sus
adherentes contra las calumnias reales. Ningún protestante francés había
hablado aún con tanta claridad, mesura y vigor, y con ella su autor, joven de
veintiséis años, se colocó inmediatamente a la cabeza del protestantismo
francés.[16]
Inicialmente, la Institución de la Religión Cristiana,
no tuvo la intención de hacer entrar en razón a Francisco I, sino que fue
escrita para ayudar a los nuevos creyentes protestantes que necesitaban que se
les mostrase las verdades de la Biblia. Hasta entonces, nadie había definido
dichas verdades en una forma ordenada. La edición de 1536, aunque lejos de ser
el voluminoso tratado en que había de convertirse en la edición de 1559, era ya
la más ordenada y sistemática presentación popular de la doctrina y de la vida
cristiana que había producido la Reforma.
El Desarrollo de la Institución y su
Contenido
La primera edición de la Institución fue publicada en Basilea
para el mes de marzo de 1536. El libro, en aquel entonces, tenía tan sólo 516
páginas y era pequeño, de tal manera que cabía en los amplio bolsillos de la
época, y por tanto podía circular encubiertamente en Francia. Tenía sólo seis
capítulos. Los primeros cuatro hablaban sobre la ley, el Credo, el Padrenuestro
y los sacramentos. Los últimos dos eran un resumen de la posición protestante
frente a los "falsos sacramentos romanos," y a la libertad cristiana.
En los años subsiguientes, el libro usualmente llamado los Institutos
o la Institución,
creció significativamente. "Las diversas polémicas de la época, las
opiniones de varios grupos que Calvino consideraba errados, y las necesidades
prácticas de la iglesia, fueron contribuyendo al crecimiento de la obra."[17] Según González,
Tras la edición de 1536, en latín, apareció en
Estrasburgo la de 1539, en el mismo idioma. En 1541 Calvino publicó en Ginebra
la primera edición francesa, que es una obra maestra de la literatura en ese
idioma. A partir de entonces, las ediciones aparecieron en pares, una latina
seguida de su versión francesa, como sigue: 1543, 1545, 1550 y 1551, 1559 y
1560. Puesto que las ediciones latina y francesa de 1559 y 1560 fueron las
últimas producidas en vida de Calvino, son ellas las que nos dan el texto
definitivo de la Institución.[18]
En ediciones sucesivas, Calvino lo amplió desde seis capítulos a ochenta,
completando así cuatro libros. En la última edición, la de 1559, la Institución
siguió el orden del Credo Apostólico, al tratar de las verdades de la religión
cristiana. Al día de hoy, la Institución está disponible en por
lo menos diez idiomas.
En el primer libro, Calvino aborda el tema del conocimiento de Dios en
cuanto es creador y supremo gobernador de todo el mundo. El primer capítulo
trata de explicar cómo el conocimiento de Dios y el de nosotros se relacionan
entre sí. En cuanto a la relación de estos dos conocimientos, Calvino opina
como sigue:
Casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de
veras se deba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a
saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el
conocimiento que debe tener de sí mismo. Mas como estos dos conocimientos están
muy unidos y enlazados entre sí, no es cosa fácil distinguir cuál precede y
origina al otro, pues en primer lugar, nadie se puede contemplar a sí mismo sin
que al momento se sienta impulsado a la consideración de Dios, en el cual vive
y se mueve...[19]
El segundo libro trata del conocimiento de Dios como redentor en Cristo,
conocimiento que primeramente fue manifestado a los patriarcas bajo la ley, y
después a nosotros en el evangelio. En su primer capítulo, se dice que todo el
género humano está sujeto a la maldición por la caída y culpa de Adán, y ha
degenerado de su origen. Habla sobre el pecado original. Inicialmente explica,
que para responder a vuestra vocación con humildad, es necesario conocernos tal
cual somos.
Sin embargo, el conocimiento de nosotros mismos
consiste primeramente en que, considerando lo que se nos dio en la creación y
cuán liberal se ha mostrado Dios al seguir demostrándonos su buena voluntad,
sepamos cuán grande sería la excelencia de nuestra naturaleza, si aún
permaneciera en su integridad y perfección, y a la vez pensemos que no hay nada
en nosotros que nos pertenezca como propio, sino que todo lo que Dios nos ha
concedido lo tenemos en préstamo, a fin de que siempre dependamos de El.[20]
El tercer libro trata de la manera de participar de la gracia de
Jesucristo, frutos que se obtienen de ello y efectos que se siguen. Resulta
interesante el segundo capítulo, donde se define la fe, y se expone sus
propiedades. Calvino entiende que el fin único de toda fe verdadera es
Jesucristo.
Es cierto que la fe pone sus ojos solamente en
Dios; pero hay que añadir también que ella nos da a conocer a Aquel a quien el
Padre envió, Jesucristo. Porque Dios permanecería muy escondido a nuestras
miradas, si Jesucristo no nos iluminase con sus rayos. con este fin, el Padre
depositó cuanto tenía en su Hijo, para manifestarse en El y, mediante esta
comunicación de bienes, representar al vivo la verdadera imagen de su gloria.[21]
Para finalizar, el cuarto libro trata de los medios externos o ayudas de que
Dios se sirve para llamarnos a la compañía de su Hijo, Jesucristo, y para
mantenernos en ella. El primer capítulo habla de la verdadera Iglesia, a la
cual debemos estar unidos por ser ella la madre de todos los fieles. En cuanto
a la comunión de los santos, Calvino declara:
La comunión de que aquí se trata debemos
entenderla como la describe San Lucas: "La multitud de los que habían
creído era de un corazón y un alma" (Hch. 4:32); y de la que San Pablo
hace mención cuando exhorta a los efesios a ser un solo cuerpo y un solo
espíritu, ya que son llamados a una misma esperanza (Ef. 4:4). Porque,
efectivamente, si en verdad están persuadidos de que Dios es el Padre común de
todos, y de que Cristo es su única cabeza, se amarán los unos a los otros como
hermanos, comunicándose mutuamente lo que poseen.[22]
CALVINO COMO REFORMADOR DE
GINEBRA
Primeros Trabajos de Calvino en Ginebra
Luego de la publicación de la Institución, en la primavera de
1536, Calvino hizo una corta visita a la corte de Ferrara, en Italia. Su estadía
fue corta y seguida por una breve visita a Francia, para arreglar sus asuntos
particulares y de allí seguir a Basilea y Estrasburgo, donde había pensado
establecer su domicilio. Estrasburgo, pensaba él, sería un lugar adecuado para
volver a estudiar y escribir, lo que creía ser su vocación. Pensaba que su
mayor aportación a la nueva fe protestante, sería sus escritos y libros, con
los cuales los creyentes pudieran aprender y ser fortalecidos. En su viaje a
Estrasburgo, Calvino tuvo que desviarse de su ruta, para evitar los peligros de
la guerra que tenía lugar en toda el área del camino hacia Estrasburgo. Fue así
que llegó a Ginebra, y pidió alojamiento por una noche con la intención de
proseguir su camino hacia Estrasburgo.
Una vez allí, Guillermo Farel, líder protestante que junto a un grupo de
misioneros procendentes de Berna, se encontraban al frente de la vida
religisosa de toda la ciudad, convenció a Calvino de que era la voluntad de
Dios para él que estableciera la norma evangélica en Ginebra.
Farel, que "ardía con un maravilloso celo por
el avance del evangelio", le presentó a Calvino varias razones por las que
se precisaba su presencia en Ginebra. Calvino escuchó atentamente a su
interlocutor, unos quince años mayor que él, pero se negó a acceder a su ruego,
diciéndole que tenía proyectados ciertos estudios, y que no le sería posible
llevarlos a cabo en la situación que Farel describía. Cuando este último hubo
agotado todos sus argumentos, sin lograr convencer al joven teólogo, apeló al
Señor de ambos, e increpó al teólogo con voz estentórea: "Dios maldiga tu
descanso, y la tranquilidad que buscas para estudiar, si ante una necesidad tan
grande te retiras, y te niegas a prestar socorro y ayuda".[23]
Finalmente, el argumento había hecho efecto, y Calvino determinó permanecer
en la ciudad. Los próximos dos años Calvino trabajó en esta importante ciudad. Comenzó
muy modestamente su obra, actuando como profesor de Biblia, y un año más tarde
fue nombrado para formar parte del grupo de los predicadores. Sin embargo,
ejercía gran influencia sobre Farel. Juntos trataron de hacer de Ginebra una
comunidad ideal, organizada de forma tal que la Iglesia y el estado cooperasen
en armonía. En 1537 presentaron al Pequeño Concilio de Ginebra una serie de
artículos relativos a la reforma, de la pluma de Calvino. Se proponía la
celebración mensual de la Cena del Señor, pero las caídas morales y el descuido
de los servicios divinos sin excusa, producían la exclusión de la participación
de la Cena. Una segunda iniciativa fue enseñar la doctrina evangélica a los
niños, y con este fin Calvino compuso un catecismo. La tercera iniciativa fue
la imposición de un credo a cada ciudadano.
El propósito principal de toda esta obra reformadora en Ginebra, era
requerir la obediencia total a los principios y doctrinas evangélicas. Pero no
todos estuvieron de acuerdo en seguir el camino de reforma que Calvino y Farel
habían propuesto. Luego de poco menos de dos años, ambos fueron expulsados de
Ginebra por negarse a acatar lo que entendían era intervención indebida del
gobierno en la esfera de la Iglesia. Su trabajo en Ginebra parecía haber
terminado en un total fracaso.
La Organización Ginebrina de Calvino
Luego de su expulsión de Ginebra, Calvino se refugió en Estrasburgo, donde
probablemente pasó los tres años más felices y tranquilos de su vida. Fue
pastor de los refugiados franceses, y conferenciante sobre teología. Se casó en
1540, con la que había de ser su fiel compañera hasta que ella murió en 1549. Allí
tuvo tiempo para escribir, no sólo una edición ampliada de la Institución,
y su Comentario
a los Romanos, sino también su brillante Repuesta a Sadoleto, que
fue considerada con razón como la más hábil defensa del protestantismo en
general.[24]
Mientras tanto, un cambio surgido en la situación política de Ginebra hizo
subir al poder el partido favorable a Calvino, y sus dirigentes le rogaron que
volviera. Ya para el 1541 Calvino estaba nuevamente en Ginebra, y hasta su
muerte el 27 de mayo de 1564, él fue el personaje principal de la ciudad.
Calvino logró rápidamente que se adoptara su nueva constitución
eclesiástica, las Ordenanzas, aunque con algunas enmiendas. Las Ordenanzas enfatizaban en que el gobierno de la
iglesia estaba principalmente a cargo del Consistorio, que estaba compuesto por
los pastores y doce laicos conocidos como ancianos. Los laicos eran la mayoría
del Consistorio, ya que los pastores eran tan sólo cinco. No obstante, Calvino
ejercía gran influencia y el Consistorio casi siempre hacía lo que él deseaba.
Además de esto, Calvino preparó un nuevo catecismo, e introdujo una
liturgia, basada en la de su congregación francesa de Estrasburgo. Hizo
obligatoria la disciplina de la moral de la comunidad. También se lograron
grandes mejoras en la instrucción y en el comercio; pero toda la vida de
Ginebra estaba bajo la constante y minuciosa supervisión del Consistorio, ya
que Calvino quería hacer de la ciudad el modelo de una perfecta comunidad
cristiana.
La fundación de la Universidad de Ginebra y de otras escuelas fue producto
de esta época. Calvino alentó la instrucción porque creía en la necesidad de
ministros preparados que pudieran exponer la fe verdadera. Creía que la
educación religiosa era de especial importancia.
Bajo Calvino, Ginebra vino a ser el puerto de
refugio para los protestantes de muchas tierras. Allí se prepararon hombres que
volvieron a sus países nativos para llevar adelante la reforma. Aun cuando no
siempre reprodujeron servilmente lo que allí habían visto, por medio de éstos y
de los escritos de Calvino, ésto llegó a ser el singular factor más poderoso en
la formación de los rasgos distintivos de las iglesias reformadas.[25]
Sin embargo, a pesar de todos sus logros en Ginebra, Calvino no estuvo
libre de los ataques de quienes se oponían a su obra reformadora. Algunos
estaban inquietos por el rigor de la disciplina que Calvino defendía, y otros
diferían de él en asuntos de doctrina.
A pesar de las súplicas de las autoridades de
Ginebra en 1541 para que regresara Calvino, habían subsistido muchos oponentes.
Para 1553 parecía que los partidarios de Calvino serían derrotados en el voto
popular y que resultaría otra expulsión. Sin embargo, ese año, Miguel Servet,
un español exasperante y no ortodoxo se abrió paso hasta Ginebra. Antiguo
oponente de Calvino, Servet ya estaba bajo condenación por los romanistas tanto
como por los evangélicos por sus ataques sobre las doctrinas de la Trinidad y
la persona de Cristo. Calvino persiguió vigorosamente a Servet, y el partido de
oposición imprudentemente dio señales de favorecer a Servet. Consecuentemente,
cuando Servet fue condenado y quemado en octubre de 1553, la victoria de
Calvino fue completa. Las elecciones del siguiente año le dieron un triunfo
resonante. De 1555 hasta su muerte en 1564, Calvino rigió con poca oposición.[26]
APORTACION DE CALVINO AL
MOVIMIENTO CRISTIANO
Ginebra una Ciudad para Dios
Calvino se consideraba a sí mismo más bien como erudito, y anhelaba
dedicarse al estudio y la escritura. Pero jamás pensó que su visión ministerial
sería transformada a tal punto, de llegar a ser el personaje dominante de la
ciudad de Ginebra, y uno de los principales héroes de la Reforma.
Mientras los pueblos y países vecinos se encontraban envueltos en guerras y
revoluciones, la ciudad de Ginebra avanzaba firmemente a su posición de ciudad
de la Reforma en el mundo. Gracias al frágil hombre, quien sufría de frecuentes
enfermedades, Ginebra era el cuartel general de la fe protestante para todo el
mundo de su época.
Las leyes eran estrictas en la ciudad de la Reforma, la cual pasó de la
maldad extrema a la más evidente piedad. Había leyes, tanto para proteger al
pueblo como para castigarlo. La influencia de Calvino logró que se promulgaran
leyes de sanidad y seguridad pública, algunas de las cuales fueron las primeras
en Europa.
No se permitía arrojar basura ni desperdicios en las calles. Los balcones
tenían que tener barandas para evitar que se cayera algún niño. No se podían
alquilar habitaciones sin permiso de las autoridades. Se exigía a los
comerciantes hacer negocios honestos y no cobrar un precio excesivo por sus
productos. En Ginebra no podía alistarse a nadie para servir por dinero a otro
rey o país. Cuando era época de elecciones, el predicador de la catedral de San
Pedro, predicaba excelentes sermones acerca del deber de los ciudadanos en la
elección de hombres santos, y del deber de las autoridades electas de gobernar
según la ley de Dios y para él.
Todo esto se logró gracias a la obra reformadora de Calvino, quien quería
hacer de la ciudad de Ginebra el modelo de una perfecta comunidad cristiana. Calvino
coronó su obra en Ginebra con la fundación de la "Academia
ginebrina," o como llegó a conocerse, la Universidad de Ginebra, de la
cual abundaremos un poco más en la próxima sección. Pero su influencia se
extendía más allá de Ginebra. Con el Salterio de Ginebra, publicado en
1562, se dio al mundo cristiano un nuevo tesoro. Además desde Ginebra,
En los últimos años de la vida de Calvino,
continuaron saliendo libros suyos de las imprentas. Dejó al mundo noventa y
seis libros originales. Sus comentarios a la Biblia surgieron de los estudios
bíblicos que él daba. Su secretario tomaba notas y después Calvino mismo los
revisaba. Dichos comentarios abarcaron todos los libros de la Biblia, excepto
nueve del Antiguo Testamento y uno del Nuevo Testamento (Apocalipsis). Su pluma
nunca estaba quieta y mantuvo a varios secretarios ocupados. Escribió cartas,
cartas y más cartas, de las cuales se han preservado treinta y cinco gruesos
volúmenes de ellos, y no son todas. Gracias a los fieles secretarios que
escribían cuando Calvino predicaba, poseemos más de dos mil sermones suyos.[27]
Por último, bajo la dirección de Calvino, la iglesia de Ginebra conoció la
paz y el progreso. El número de pastores alcanzó los dieciocho, y el
consistorio tuvo verdadero poder sobre todos los asuntos de la iglesia, incluso
el de la excomunión.
El Exito y la Influencia de Calvino
La influencia de Calvino se hizo sentir más allá de la ciudad de Ginebra. La
Institución
de la Religión Cristiana se convirtió en algo más que una guía de
estudio, y vino a ser una obra maestra como confesión de fe. Justo L. González
se expresa acerca de esta obra de la siguiente manera:
En toda la obra se manifiesta un conocimiento profundo, no sólo de las
[3]Justo L. González, Historia del pensamiento cristiano, (Nashville: Editorial Caribe,
Inc., 1992), 138.
[10]Williston Walker, Historia de la Iglesia Cristiana (Kansas City: Casa Nazarena de
Publicaciones, s.f.), 390.