LOS
ANABAPTISTAS Y LA SEPARACION DE IGLESIA Y ESTADO
POR: Israel
Irizarry Aldea
(Israel
Irizarry, miembro activo de la Iglesia Bautista Emanuel en Mayaguez desde 1979
y graduado de la Ingenieria de Computadorasdel Colegio de la Sultana del Oeste,
estudia Maestria en Estudios Biblicos en Luther Rice Seminary luego de sus
estudiosen el Seminario Teologico Bautista de Puerto Rico. Aunque usael vocablo
“Anabaptistas,” otros escritores prefieren llamar a estos cristianos
“Anabautistas.”)
Durante
el siglo XVI surgió en Europa, comenzando desde Alemania, lo que hoy se conoce
como la Reforma Protestante. Este movimiento comenzó con un monje llamado
Martín Lutero y sacudió los cimientos de la iglesia católica romana. La doctrina
de la salvación por gracia por medio de la fe hizo que la iglesia católica se
dividiera y con ello todo el sistema político y religioso de la época.
En medio de todo el tumulto
provocado por las reformas propuestas por Lutero y sus seguidores, hubo grupos
de creyentes que llevaban otra protesta. Estos grupos tienen orígenes que se
pierden en la Edad Media. La protesta de ellos iba mucho más lejos que la de
Lutero. Y por esa razón fueron perseguidos tanto por la iglesia católica romana
como por los protestantes.
Entre
los mencionados grupos se encontraban los anabaptistas. Estos fueron
precursores de los actuales bautistas y su influencia fue tan poderosa que se
ha dejado sentir hasta el presente.
Origen de los anabaptistas
Antiguamente se trataba de definir a
los anabaptistas de una forma monocorde, pero esto ya no es posible. Se
pretendía concretar el movimiento en cuatro etapas comenzando con los profetas
de Zwickau y terminando con la catástrofe de Münster o llamándolo el ala
radical de la Reforma. Pero los
estudiosos reconocen en ellos un asunto más complejo, cuyas raíces se hundían
en los siglos anteriores y que entre sus líderes llegó a haber distinguidos
humanistas. Se sabe que se difundieron por Europa con gran rapidez y que
tuvieron un número mayor de adherentes del que se había imaginado.[1]
Parte de la atmósfera intelectual y
moral del hombre común del siglo XVI eran los levantamientos sociales, muchas
veces impregnados de crudos sentimientos religiosos. Estos levantamientos habían ocurrido casi
cada década desde finales del siglo XV.
Las influencias de estos levantamientos fueron avivadas por la Reforma,
ya que ésta hizo mover todas las cosas.
De esta forma, se vuelve imposible trazar una línea clara entre la
rebelión social y el movimiento anabaptista.
Hay algo de verdad al decir que los anabaptistas fueron los
revolucionarios de la época de la Reforma.[1]
Sin embargo, la característica
religiosa del anabaptismo tenía muy poco que ver con los estallidos de anarquía
social; estaba ligada más bien a profundos conceptos cristianos. Hubo dos conceptos básicos que dividieron a
los cristianos. El primero de estos conceptos
es que la iglesia era un arca: bastaba
con entrar a ella para ser salvo. Este
concepto de la iglesia permitía la entrada a los infantes, y los sacramentos
capacitaban para recibir todas las bendiciones de Dios.
El segundo de los conceptos era que
la iglesia era un faro: solamente los
que poseían la luz de Dios debían entrar.
El concepto de la iglesia como un
arca llegó a ser predominante, principalmente a través de la iglesia católica
romana. Este concepto estaba impregnado
de paganismo y superstición.
A pesar del predominio del concepto
de la iglesia como arca, los que pensaban en ella como un faro no pudieron ser
eliminados. De igual forma que sus
opositores, estos tenían también algunos errores de mayor o menor
importancia. Hubo momentos en que estos
grupos llegaron a ser muy numerosos e importantes, tanto que sus opositores los
incluyeron en la historia. Y esto es
significativo si se tiene en cuenta el poder de los grupos católicos y
denominados ortodoxos.[2]
La historia demuestra que siempre
hubo grupos que confiaban más en la autoridad de las Escrituras que en la
autoridad eclesiástica o que simplemente se oponían a la maquinaria
eclesiástica y querían una iglesia de miembros regenerados. Entre estos pueden nombrarse a los
montanistas del siglo II; los donatistas de los siglos IV y V que buscaron
separación del estado; los paulicianos del siglo III que buscaban un
cristianismo bíblico; los nestorianos de los siglos IV y V que negaban que
María fuese madre de Dios.
Hubo grupos que denunciaron la
dependencia en las buenas obras para salvación.
Durante la Edad Media surgieron otros grupos: bogomilos, cátaros, albigenses,
petrobrusianos, arnaldistas, enricanos, valdenses y otros que se rebelaron
contra las perversiones de las doctrinas neotestamentarias. [3]
Según algunos historiadores, la
existencia de las sectas mencionadas explica el surgimiento de los
Anabaptistas. Las opiniones de los
anabaptistas surgieron en distintos lugares de Europa durante el siglo
XVI. Se sabe de “círculos de oración” en
Basilea en 1514, en Suiza en 1515, en Maguncia en 1518 y en Augsburgo algo
antes. Para 1524 había “círculos de
oración” en Francia, Holanda, Italia, Sajonia, Franconia, Estrasburgo y
Bohemia.[4] No se puede establecer que haya conexión
entre los distintos grupos que estaban surgiendo, pero aparentemente el lugar
donde salieron a la luz pública fue en Zurich.[5]
En enero de 1525, un grupo de discípulos de
Zuinglio desanimados con la actitud de éste practicaron por primera vez el
bautismo sobre una confesión de fe. La designación de “anabaptistas” (término
griego correspondiente a “rebautizadores”) tendió luego a aplicarse a todos los
disidentes, incluso a los que (como los “espiritualistas”) no practicaban el
bautismo.[6]
La forma súbita pero organizada en
que aparecieron demuestra que, aunque no se les hubiera tomado en cuenta
anteriormente, existían grupos de fieles cristianos neotestamentarios, o que se
esforzaban en serlo, esparcidos por Europa siglos antes de la Reforma. Si no
hubiesen existido antes, es poco probable que apareciesen de un momento a otro
en la forma desarrollada en que estaban. Y una vez que surgieron, se volvieron
uno de los grupos más odiados y perseguidos de la era de la Reforma. Serían
perseguidos por los católicos romanos, los luteranos, los calvinistas y los
anglicanos.
Hasta 1524, las asociaciones de
personas piadosas se reunían para la edificación mutua pero no se apartaban de
la iglesia corrupta o negligente. Pero en junio de 1524 se reunió un grupo de
delegados de las “asambleas de oración” en casa de Baltasar Hubmaier, en
Waldshut. Allí, Biblia en mano consultaron como organizar sus vidas cristianas
conforme al Nuevo Testamento. Los hermanos resolvieron separarse de la
iglesia papal; publicaron una Guía para la vida cristiana, y redactaron una
declaración de los principios en los cuales creían. Protestaron contra
cualquier eficacia milagrosa de los sacramentos y sostuvieron que el bautismo
sólo es eficaz cuando es recibido en fe. Más tarde esto los condujo a las ideas
bautistas. Fue en Augsburgo en 1526 donde probablemente adoptaron el bautismo
de adultos como la creencia que había de ser distintiva en ellos. De Augsburgo
surgió un sínodo general que incluía delegados de distintos lugares y que
redactó una declaración de verdad doctrinal. A partir de este sínodo se formó
una organización donde todos los ancianos, diáconos y pastores de un distrito
elegían entre ellos delegados que formaban un Concilio de distrito. El Concilio
por su parte nombraba anualmente a uno de sus pastores como obispo o
superintendente. El superintendente tenía la autoridad para ordenar por medio
de la imposición de manos. Así quedaron organizados en forma correspondiente a
las iglesias presbiterianas.[7]
Características del movimiento
Brevemente se puede resumir que hubo
tres cosas que caracterizaban a los anabaptistas: aparecieron repentinamente sobre áreas
extensas; su doctrina fundamental era el bautizar sólo a creyentes; y la
conciencia de una estrecha comunión con Dios.
Había otras características que
definían más claramente el carácter de los anabaptistas. Según el testimonio de su enemigos estas
comunidades de cristianos piadosos vivían vidas tranquilas y temerosas de
Dios. Creían en todos los artículos del
Credo de los Apóstoles pero eran fuertemente anticlericales. Objetaban la constitución y las ceremonias de
la iglesia medieval. Insistían que el
culto se celebrara en el vernáculo; objetaban todas las fiestas eclesiásticas,
todas las bendiciones de edificios, cruces y cirios. Alegaban que Cristo no dio a los apóstoles
estolas o casullas. Se mofaban de la
excomunión, las indulgencias y las dispensas.
Declaraban que no había gracia regeneradora en el bautismo infantil.
Practicaban los preceptos de la
caridad cristiana, preferían vestir a los pobres que adornar las paredes de las
iglesias, mantenían escuelas y lazaretos.
Según la crónica de Sebastián Frank, muchos se bautizaron y fueron
atraídos a los anabaptistas.
“Porque sólo enseñaban amor, fe y
crucifixión de la carne, manifestando paciencia y humildad bajo muchos
sufrimientos, rompiendo el pan entre sí con verdadero espíritu de ayuda,
prestando, dando, aprendiendo todas las cosas en común y llamándose unos a
otros ‘hermanos.’”[2]
El culto público era en las casas de
ellos y tomaba forma de lectura y comentario de las Sagradas Escrituras. Tenían
un himnario doctrinalmente sano, cuyo tema principal fue el amor de Dios.
Sustituyeron el bautismo infantil por una ceremonia en que los niños eran
consagrados a Dios.
El bautismo era visto como señal de
la conversión y de la consagración al culto y servicio de Dios. Administraban
el bautismo con la persona arrodillada ante la congregación y se hacía por
aspersión. La Santa Cena se preparaba solemnemente y se hacía en días
predeterminados. Todas las funciones eclesiásticas estaban a cargo de diáconos,
ancianos, maestros y pastores. Sólo pastores ordenados por medio de la
imposición de manos podían dispensar los sacramentos.
Las Doctrinas
Hubo una doctrina común a todos los
grupos de verdaderos anabaptistas: la insistencia en el bautismo de creyentes
solamente. Esta doctrina enseñaba que aplicar el agua, común o bendita, no
tenía valor para salvación. Antes del bautismo el candidato tenía que
experimentar la fe personal y haber tenido un encuentro con Dios y su gracia
salvadora.
Otras doctrinas se agrupaban sobre
la base neotestamentaria de la salvación. La salvación es individual, es un
asunto entre el hombre y su Dios, por lo tanto, no puede haber coerción alguna;
es necesaria la libertad de conciencia. Por otra parte, la religión es un
asunto aparte de la relación del hombre con el estado o la sociedad. No puede
existir unión entre la iglesia y el estado, no puede existir nada que ate al
pueblo de Dios con la sociedad o el gobierno civil.[3]
Fuera de las tres creencias
mencionadas arriba – el bautismo de creyentes solamente, la libertad de
conciencia y la separación de la iglesia y el estado – que eran comunes a todos
los verdaderos anabaptistas, otras doctrinas reflejaban una gran
diversidad. Entre las otras doctrinas se
podía encontrar un marcado literalismo bíblico, pero también misticismo y
panteísmo; algunos se aferraban a creencias medievales; hubo algunos que fueron
radicales y violentos y se preparaban para el retorno de Cristo.
Sin embargo, los verdaderos
anabaptistas anhelaban fervientemente servir a Dios, sabiendo que responderían
directamente a Él y trataban de vivir de acuerdo al espíritu y las enseñazas
del Nuevo Testamento.
Debido a que los anabaptistas desarrollaron
una fuerte individualidad no es posible clasificar sus creencias en un sistema
que pueda expresar la base teológica de todo el movimiento. Hay relatos, tanto favorables como
contrarios, que demuestran que las diferencias doctrinales eran tan numerosas
entre ellos que no pueden ser registradas claramente. Especialmente porque muchas están
superpuestas a las otras. Según
Sebastián Frank, “Hay más sectas y opiniones que no conozco y no puedo
describir, pero no creo que hay dos que concuerden entre sí en todos los
puntos.”[8]
Aunque se pueden describir las ideas
enseñadas por algunos hombres notables del movimiento, y llegar a conocer algo
de la popularidad de ciertas ideas entre los distintos grupos, hay que
reconocer que ningún gran líder impuso sus ideas a todos los anabaptistas. Además, las ideas de los hombres prominentes
no siempre fueron las de los que estaban en la base del movimiento.
Ciertamente la calidad y el origen
de sus líderes principales tuvo que ver con las doctrinas que propulsaron, aun
cuando no fueran las de todo el movimiento.
Entre los principales líderes se encontraron Baltasar Hübmaier y Hans
Denck.
Hübmaier fue un distinguido erudito
y profesor de teología en Ingolstadt, abandonó sus posiciones y se retiró a
Wadshut por motivos de conciencia.
Hans Denck fue un notable humanista
miembro del “Círculo de Erasmo” de Basilea, considerado como el más versado
helenista de la comunidad. Las
enseñanzas de Denck están marcadas por las ideas de los místicos. Creía que el hombre tenía una chispa divina
en su interior que le instaba a andar en los caminos de Dios, y que el hombre
siempre podía mantenerse fiel al monitor íntimo: Cristo.
Fue Denck el que llevó más lejos la doctrina de la resistencia pasiva,
diciendo que ningún cristiano verdadero podía llegar a ser magistrado o
soldado.
Conrad Grebel, también miembro del
“Círculo de Erasmo,” pertenecía a una de las familias patricias de Zurcí,
abandonó todo para convertirse en evangelista itinerante. Con estos tres ejemplos basta para refutar la
idea de que los anabaptistas eran fanáticos ignorantes.
Aparte de los mencionados
anteriormente hubo líderes como Melchior Hoffman, cuyos seguidores llegaron a
llamarse ”melchoristas,” que siguieron conceptos apocalípticos y
milenarios. Hoffman también creía en la
reencarnación.
Algunos han llegado a clasificar a
algunos anabaptistas como comunistas, en parte por lo que se llamó el comunismo
de Münster. Dicha situación se formó al
tomar los anabaptistas el poder dentro de la ciudad y ser sitiados por los
católicos. Fue necesario compartir todas
las cosas, al principio voluntariamente y luego por necesidad. Fue allí también donde surgió la única
mancha, e imborrable, en los anabaptistas de Münster: la declaración de la poligamia. Ésta fue promulgada por los líderes dada la
situación de sitio y la condición de un número de mujeres que cuadruplicaba el
de hombres dentro de la ciudad.
Aparentemente lo más importante en ese momento es que el líder principal
Jan Bockelson (Juan de Leyden) aparentemente se había enamorado de una de las
jóvenes viudas, pero como el era casado, la única forma de tenerla era a través
de la poligamia.
Dadas las variantes en las
enseñanzas de los anabaptistas, estos llegaron a ser fuertemente criticados, y
muchos muertos bajo horribles torturas.
Aunque no se podía justificar los crímenes contra ellos, algunas de las
creencias sirvieron como pretexto Jorge
P. Fisher señala una creencia que aparentemente era común entre los
anabaptistas:
Por regla general creían que muchos de su
número disfrutaban de una inspiración personal hasta profética, que les elevaba
al mismo nivel de los autores bíblicos, si no es que les hacía independientes
de la revelación escrita.[9]
Pero aunque muchos llegaron a
menospreciar la instrucción, se les conoce más por buscar en la Biblia el
modelo para todo su comportamiento. Les
caracterizó más la enseñanza de que el sermón del monte debía entenderse
literalmente, que sus preceptos eran la norma de la vida cristiana.[10]
Aporte teológico
Según John Howard Yoder, los grupos
que formaron lo que realmente fue la reforma radical, eran grupos capaces de
sobrevivir, socialmente viables. De
ellos se desprende el siguiente aporte teológico.[4]
1) Una
forma particular de comunidad visible:
a) Una
comunidad voluntaria; adhesión por el bautismo de adultos, basado en la
decisión del individuo.
b) Una
comunidad económica; los bienes se comparten.
c) Una
comunidad misionera; debido a que no está ligada a un país o gobierno.
d) Una
comunidad local; la congregación sola con la Palabra y el Espíritu es
responsable de su gobierno.
e) Una
comunidad ordenada; cada miembro era llamado al cumplimiento de sus votos de
discipulado.
2) Una
hermenéutica bíblica particular:
a) Concepto
cristocéntrico de la pertinencia de la Biblia a la Reforma. Se trataba de “volver a la fuente” para
restaurar el cristianismo original.
b) Concepto
histórico de la Biblia; subrayan el movimiento del Antiguo Testamento hacia el Nuevo
Testamento.
c) Hermenéutica
congregacional; el significado de un texto no depende de un filólogo solamente
sino del proceso de diálogo dentro de la congregación.
d) Hermenéutica
crítica; el criterio de la Palabra juzga la cultura y el espíritu de los
tiempos
e) Hermenéutica
abierta; no hay credos; el trabajo no se cierra; mañana se discutirá otro tema.
3) El
rechazo del poder político al servicio de la iglesia:
a) Libertad
de la Iglesia; el único derecho o deber del gobierno es dejar a cada uno
libertad de expresar su fe.
b) Libertad
del Estado; el gobierno no debe ser instrumento de ningún propósito
eclesiástico.
c) Liberación
de la violencia; el pacifismo está basado en una ética cristológica de la cruz,
“seguirle a Él” es la clave del concepto ético.
Concluimos,
pues, que los anabaptistas fueron un grupo o varios grupos de creyentes para
quienes la norma principal fue la sujeción a las Escrituras, pero
particularmente al Nuevo Testamento. Su
rechazo a una iglesia institucional en componenda con el estado, a los
sacramentos que ofrecen gracia salvadora y a la coerción a la conciencia del
pueblo, les hizo uno de los grupos más odiados, tanto de los católicos como de
los protestantes.
Les distinguía su compromiso de amor
y caridad cristianos y el estar dispuestos a ir a la muerte por sus
creencias. No se caracterizaron por un
grupo de creencias homogéneas pero sí por una integridad de carácter y
propósito que fue alabada aun por sus detractores.
Sus orígenes y manifestación, particularmente
durante la era de la Reforma, hacen posible pensar que la iglesia
neotestamentaria primitiva nunca desapareció realmente. Parece ser que, como en los tiempos de Elías,
el Señor se había reservado más de siete mil rodillas que no se inclinaron ante
Baal.
Hoy, todos los cristianos están en
deuda con los anabaptistas, aunque solamente fuera por la separación de iglesia
y estado.