COMPARTIENDO NUESTRA FE CON LOS CATÓLICOS
Por: Dr. Donald T. Moore
Entre los católicos y los evangélicos hay diferencias, pero hay muchas
doctrinas y prácticas que tienen en común. Hay momentos cuando es
imprescindible dar énfasis en lo que nos separa y otros cuando es imperativo
recalcar lo que nos une. Es posible interpretar las cosas que nos separan como
aquellas que han sido añadidas al evangelio más bien que quitadas. Para mejor
compartir, dialogar y testificar de nuestra fe es importante poder distinguir
cuándo señalar lo que nos une o lo que nos divide. Debido a que muchos de los
que se convierten del catolicismo se sienten muy defraudados por su fe
anterior, ataquen y rechazan todo lo que les parece católico, es importante
darnos cuenta que existe dentro del romanismo lo que es común a una fe bíblica
y a veces conviene subrayar esas verdades. Y ¿cuáles son las prácticas y
enseñanzas que tenemos en común y cuáles son las en que diferimos?
¿Qué tenemos
en común?
Entre las prácticas y las creencias que ambos comparten son la Biblia,
Dios como la Santísima Trinidad, Jesús como el Cristo, el Señor y el Salvador,
el significado redentor de su muerte y su resurrección física de los muertos.
También, se concibe a Dios como el Creador, el Redentor, el Soberano y el Juez
y a Jesucristo, el Hijo de Dios nacido de la virgen María, quien tuvo un
ministerio con frecuentes milagros y quien murió una muerte expiatoria, pero en
la actualidad reina y vendrá al final de los tiempos en una segunda venida.
Además, creemos en el Espíritu Santo.
El concepto del Dios trino y una comprensión la persona de Jesucristo
como divino y humano está vinculado con los primeros cuatro concilios
ecuménicos durante los primeros siglos. Ambos aceptan la Biblia como las
Sagradas Escrituras inspiradas por Dios. Creen en la creación y la caída
subsecuente del hombre en pecado y en la existencia del cielo y el infierno.
Creen en el hombre como pecador que necesita la gracia salvadora de Dios. Creen
en el amor como una virtud esencial cristiana. Creen que el matrimonio como
algo sagrado en los ojos de Dios. Practican el bautismo y la comunión o la cena
del Señor. Comparten muchos de los mismos himnos y música y ciertos días
religiosos durante el año eclesiástico y reconocen la necesidad de una adoración
comunitaria los domingos. Comparten ciertas épocas del año como la Navidad[1], el Viernes Santo y el Domingo
de Resurrección que ambas celebran con actos especiales de adoración en
comunidad. Además, en los EE.UU. durante los últimos años han cooperado en
ciertas actividades de índole moral, social y educacional, como las cruzadas de
pro-vida en contra del aborto legal e ilegal y sobre temas de la sexualidad
humana. También, han dicho presentes en las grandes cruzadas evangelísticas de
Billy Graham en Puerto Rico y otros evangelistas.
¿Cómo
compartir nuestra fe con ellos?
Es cierto que hay matices de diferencia en todas estas enseñanzas
compartidas, como lo es el caso de la Biblia Católica con los siete libros
apócrifos o deuterocanónicos adicionales en el Antiguo Testamento, pero en la
conversación deberíamos reconocer y admitir que existen conceptos
importantísimos que nos unen. Si somos sabios en este reconocimiento, podemos
usarlos como puentes para llegar al corazón de aquel que no ha tenido un
encuentro personal con Cristo. Pero a la vez es importante hacer claro que uno
no está interesado únicamente en ganar a la persona para su religión sino que
el interés principal está en su relación personal con el Señor. Los aspectos
compartidos pueden servir de puentes que podemos utilizar para llevarlos a ese
encuentro personal sin que ellos tengan que rechazar todo de su fe religiosa.
En vez de condenarlos a ellos y a su iglesia, podemos darles la mano de manera
que pueden abandonar aquellas cosas añadidas al evangelio bíblico que tienen
base en la tradición y sus razonamientos basados en supuestos que no aparecen
en los escritos apostólicos bíblicos.
Además, existen ciertas épocas del año más que otras que favorecen el
testimonio[2] debido a que muchos católicos
están pensando en sus vidas espirituales y en Cristo. Estas pueden ser las
mejores épocas del año para compartir la posibilidad de una relación personal
con Cristo. Son días propicios para invitarles a compartir el estudio de la
Biblia, porque durante ciertos días su calendario litúrgico los anima a la
lectura de la Biblia y a la oración. Así provee una oportunidad para uno
invitar a los amigos y parientes católicos a acompañarnos en el estudio de la
Biblia y la oración. Estas épocas incluyen el Adviento[3] (las cuatro semanas antes del
25 de diciembre), la Navidad[4] (desde el 25 de diciembre
hasta el 6 de enero), la Cuaresma[5] (los cuarenta días antes del
Día de Resurrección), la Semana Santa y el Tiempo Pascual[6] (los cincuenta días entre el Día de Resurrección
y el Día de Pentecostés) y la Septuagésima[7] (el período entre la Navidad y
la cuaresma).
Es muy
importante comenzar dónde está la persona en su vida espiritual. Eso podría
indicar el nivel para darle un testimonio personal como punto de partida sin
prescindir del ejemplo personal como cristiano. Además, es necesario
relacionarnos con nuestro amigo como una persona íntegra y luego está el nivel
de la discusión de la Biblia. Después de comenzar dónde él está en su vida
espiritual, hay que guiarlo y permitir al Espíritu Santo llevarle dónde se debe
llegar -- a la madurez en Cristo Jesús (Ro. 8:29).
¿Cuáles son algunos pasajes bíblicos recomendados para el estudio? Depende de la época del año, la persona y su necesidad, pero algunos textos excelentes para compartir son las experiencias de Jesús con ciertos personajes de la Biblia cuyas vidas fueron cambiadas mediante su relación personal con El. Incluyen a Nicodemo (Jn. 3:1-21), la mujer samaritana (Jn. 4:1-42), el hombre que nació ciego (Jn. 9), Zaqueo (Lu. 19:1-10), el ladrón en la cruz (Lu. 23:39-43), el eunuco de Etiopía (Hch. 8:26-40), Saulo o Pablo de Tarso (Hch. 9:1-22), Cornelio (Hch. 10:1-48), Lidia (Hch. 16:11-15, 40) y el carcelero de Filipos (Hch. 16:23-34). Si las personas ya tienen conocimiento de la Biblia, puede dar otros estudios en los libros de Romanos, Gálatas 3 y Efesios 2.
En la conversación hay ciertas cosas que no se debe hacer y otras que
uno debe hacer. ¿Qué no es recomendable hacer? Primero, no criticar o burlarse
de la Iglesia Católica, sus doctrinas, sus prácticas o sus objetos sagrados.
Nuestro propósito no es condenarla. Si uno lo hace, con frecuencia el efecto es
causar al católico defender su religión aunque no esté de acuerdo con ella en
muchos puntos. Además, eso viola el espíritu del amor que debemos manifestar.
No obstante, si el mismo católico ofrece una crítica o expresa desacuerdo con
ella, nosotros podemos indicar nuestro acuerdo o simplemente escuchar sin
expresar nuestra creencia. Pero esto no quiere decir que no podemos discutir
las doctrinas añadidas al evangelio. Quiere decir que hay que tener mucha
cautela y cuidado cuándo lo hacemos. Además, al principio del diálogo es más
importante señalar lo que tenemos en común. El ataque contra el catolicismo o
comentario negativo hacia su religión puede ser contraproducente; por eso es
importante expresar todo con cortesía y con amor.
Otras sugerencias negativas son: No discutas iglesias y religiones.
Concentra en la relación personal de tu amigo con Cristo. Presenta el evangelio
con claridad y lógicamente. En los estudios bíblicos compartidos, permite a la
persona descubrir por sí mismo el contenido y el significado del texto.
Concentra únicamente en los puntos esenciales para la salvación sin discutir lo
que no está relacionado. Pero si hay que lidiar con una pregunta no
relacionada, al final de la contestación regresa otra vez al punto central de
la salvación de tu amigo y su necesidad de una relación personal con Cristo. No
le preguntes si es un cristiano, pues muchos católicos se consideran cristianos
por el mero hecho de su bautismo en la infancia. Una pregunta más clara es
"¿Cómo va tu relación personal con Cristo Jesús" o "Cuénteme de
tu encuentro con Cristo".
¿Qué es recomendable hacer? Primero, es importante amar a los amigos
católicos y aprovecharse de las oportunidades de manifestar ese amor en maneras
prácticas. Segundo, es importante orar por ellos. De hecho cuando se oran
juntos, menciona su nombre en oración a Dios, porque algunos nunca han tenido
la experiencia agradable de escuchar su nombre en una oración. Si ellos nos
dicen que son católicos, es importante responder de manera positiva. Uno puede
indicar que tiene amigos y/o parientes católicos y que les tiene mucho respeto.
Tercero, use una Biblia Católica o ecuménica cuando la "protestante"
pudiera causar un tropiezo innecesario. Puede ser recomendable hacer
comparaciones de algunos textos para que se den cuenta de que el mensaje
concuerda en las dos Biblias. Cuarto, es importante mostrar respeto por María
como un ejemplo y modelo y como la madre terrenal de Jesús, nuestro Señor (Lu.
1:43), y aun en ciertos momentos uno puede referirse a ella como la Virgen
María, pues efectivamente fue virgen cuando Jesús nació. Esto puede ayudar a
romper barreras innecesarias en el diálogo.
Debemos tener presente que hay ciertos conceptos y sentimientos que
los católicos tienen. Algunos creen que únicamente en la Iglesia Romana hay
salvación, porque se les enseña que es el medio ordinario de la salvación. Así
que algunos tienen miedo de perder la salvación eterna. Otros creen que la
Iglesia Católica es la única iglesia visible, pues entre los evangélicos hay
tantas diferentes denominaciones. Aún perdura la idea entre algunos que los
reformadores salieron de la católica porque querían contraer matrimonio o por
otras razones mundanas. Algunos vienen de familias católicas y tienen miedo de
las presiones familiares y del rechazo de ellos. Otros sienten que tienen más
libertad en su estilo de vida como católico. Por eso, a veces preguntan,
"¿Qué tengo que dejar?" o "¿Qué prohibe tu religión?" La
contestación a esta pregunta exige mucho tacto. Una respuesta con una lista de
prohibiciones puede cerrarle la puerta al evangelio, pero una respuesta breve
como "Eso lo determina cada creyente al seguir a Cristo y la dirección del
Espíritu Santo". O, "Como bautistas eso lo dejamos a la conciencia
del individuo".
Además, hay ciertos conceptos católicos que uno debe saber antes de
una conversación íntima. Su concepto de la salvación es uno de ellos. Para
recibir la gracia divina esencial para la salvación, hay que someterse a los
sacramentos de la Iglesia Católica. Eso quiere decir que mediante el bautismo,
la confirmación, la eucaristía, la confesión, la penitencia, el matrimonio y la
unción de los enfermos el católico recibe poco a poquito una cantidad de gracia
divina que le permite recibir la vida divina dentro de uno. Todo esto implica
la necesidad de someterse a la Iglesia Romana, la única iglesia instituida por
Cristo, la mediación de sus sacerdotes y de ser siempre un católico practicante
para poder ser salvado.
Aunque los católicos y los evangélicos están de acuerdo en que el ser
humano como pecador necesita la salvación, hay versos importantes que podemos
compartir con ellos acerca de la seguridad de la salvación[8] (Jn. 5:24; 1 Jn. 1:7; 5:13),
la existencia de un solo mediador (1 Ti. 2:5; Jn. 14:6; Jn. 10:9-10; Heb.
4:14-16; 4:12) y la salvación mediante una experiencia personal con Cristo más
bien que mediante los sacramentos (Ef. 2:8-10; Jn. 1:12; Jn. 3:16). Estos
pasajes hacen claro que la salvación no está incierta y no se necesita la ayuda
de los santos y los sacramentos. Más bien la salvación es personal, segura y
mediante la fe en Cristo que produce en nosotros ciertas obras. La fórmula de
la salvación no es la de los judaizantes de los tiempos de Pablo:
sino la fórmula paulina y apostólica de la
iglesia primitiva fue:
FE EN CRISTO ---> VIDA ETERNA ---> OBRAS DEL
ESPIRITU SANTO[9].
Visto así, el instrumento o la condición de la vida eterna es la fe
(Ro. 5:1), pero su base es la gracia de Dios (Tito 3:5-7) y la sangre o muerte
de Jesucristo (Ro. 5:9). Así que la gracia gratuita de Dios (Ro. 3:24; 4:4) es
suficiente para salvarnos sin requerir méritos nuestros en base a ciertas obras
personales de caridad y rituales. Asimismo la muerte de Cristo es una
propiciación o sacrificio por el pecado que en sí es suficiente, completo y
eficaz sin mérito humano alguno (Tito 2:14). Por eso la fe personal en Cristo
la cual es don de Dios basta para justificarnos sin exigir obras meritorias[10], pero la fe que salva produce
un cambio en la vida mediante el Espíritu Santo de manera que ahora hay una
vida santificada. Pero la base esencial es la gracia divina, la misericordia,
el favor de Dios, pues jamás podemos merecer ni siquiera comenzar a aportar
méritos algunos para ella. Todo depende de lo que Cristo ya hizo por nosotros
cuando estaba en la tierra.
¿Cuáles son preguntas que los católicos hacen?
Aun cuando uno recalca los puntos compartidos, hay preguntas claves
que a veces suelen preguntar sobre las diferencias importantes. Estas incluyen
las enseñanzas marianas y de los santos, el papa infalible, el purgatorio, el
apócrifo, la transubstanciación, la adoración de la hostia, los poderes
especiales del sacerdocio católico y la necesidad de obras para la salvación.
Es importante estar preparado con una respuesta correcta y bíblica sin condenar
a la persona que las hace o a su iglesia. La respuesta se formula con cortesía,
respeto y en el amor cristiano.
¿Estás usando una Biblia "protestante"? Debido a la creencia de que la
Biblia Católica es muy diferente, surge la duda de poder confiar en una que no
sea católica. En caso de esta pregunta hay varias opciones. Ya que son raras
las veces que los mismos católicos usan los siete libros adicionales incluidos
en el Antiguo Testamento de la Biblia Católica[11] y todas las Biblias tienen los
mismos libros en el Nuevo Testamento, podemos usar una católica que ellos
tienen a la mano, como la Latinoamericana, la Biblia de Jerusalén u otra.
También podemos usar la Versión Popular con los deuterocanónicos mostrándoles
la carta de aprobación publicada al frente de ella. Si se usa una católica,
conviene estar al tanto del contenido de las notas explicativas, especialmente
cuando dan un punto de vista exclusivamente doctrinal católica.
¿Escribió, escogió y confeccionó la Iglesia Romana los libros de la
Biblia?
¿Se trata de un libro católico o de creación católica? Esta pregunta confunde
la Biblia con el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento existía como Escritura
antes de la fundación de la iglesia primitiva cristiana y todos sus
libros fueron escritos por los hebreos o judíos. No hubo escritor cristiano
alguno. De hecho la Biblia durante los primeros años de la iglesia primitiva se
componía de esos libros y los mismos libros neotestamentarios hacen frecuente
referencia a ellos. Así que muchos de los libros bíblicos existían antes
de la Iglesia Católica en vez de ser una creación de ella.
Además, es esencial señalar que toda la comunidad cristiana jugaba
un papel en la selección o reconocimiento de los libros canónicos, y en
especial del Nuevo Testamento. Nunca se limitó a la jerarquía de la Iglesia
Romana o a los concilios. Estaban involucrados cristianos en los tres
continentes de Europa, África y Asia. Por lo tanto, los cristianos de muchas
nacionalidades aportaron algo y muchos de ellos nunca adoraron a
Dios por medio del rito latino y tampoco reconocían al Obispo o Papa de Roma
como su máximo pontífice. Además del criterio de ser apostólico, se usaban
otros criterios para determinar los libros sagrados del Nuevo Testamento, tal
como los que respondían a las necesidades espirituales del pueblo cristiano en
las iglesias locales y les ayudaban a crecer en la gracia de Dios. Es mucho más
acertado afirmar que todo el pueblo de Dios descubrió, seleccionó
y preservó los libros que componen la Biblia que dar crédito exclusivo a una
denominación en particular.
En realidad, la Iglesia Católica Romana como la conocemos hoy no
existía cuando se concluyó la selección de los libros bíblicos. Por lo tanto,
recalcamos que es mucho más acertado decir que todo el pueblo cristiano
reconoció los libros divinamente inspirados y es una equivocación darle crédito
únicamente a la Iglesia Romana. Cabe señalar también que el papel histórico de
los primeros concilios era uno de promulgar públicamente el consenso ya
existente entre las principales iglesias locales en vez de determinarlos[12].
¿Existe la necesidad de un solo tribunal supremo para interpretar la
Biblia?
La Iglesia Romana ha sostenido la necesidad de uno. De hecho insisten en que el
papa como el único infalible tiene ese derecho, pero está en las manos de los
obispos como el magisterio la facultad de determinar la interpretación oficial
cuando la iglesia o algún concilio no haya declarado la explicación verdadera.
De un lado, esto puede ser beneficioso, pues como tribunal supremo
"infalible" ayuda a mantener la uniformidad y unidad de esa iglesia.
De otro lado, es dañino, porque coloca el mensaje y la interpretación de la
palabra de Dios en manos del clérigo de una sola denominación y no provee
mecanismo para su corrección en caso de equivocación. Pero si los laicos no
pueden interpretarla, implica que no la pueden entender y si no la entienden,
entonces, ¿por qué leerla? Y si no la leen, ¿por qué diseminarla? Pero ya que
las Sagradas Escrituras se dieron para la enseñanza, corrección e instrucción
(2 Ti. 3:16-17), deben estar disponibles para la lectura de todos.
Hoy el Espíritu Santo es el Intérprete y Maestro por
excelencia para su pueblo (Jn. 14:26), y ya que inspiró el mensaje original y
la preservó de corrupción a lo largo de la historia, este mismo Espíritu de la
verdad es el mejor capacitado para dar a conocer el mensaje bíblico de
la suficiencia de la gracia, la muerte de Cristo y de la fe en el Hijo de Dios
para la salvación de su pueblo (1 Pe. 1:19-21). Y cuando su pueblo lee la
Biblia con comprensión, inevitablemente la interpreta, y para una mejor
interpretación existen ciertas normas para ayudar[13].
¿Cuál es la iglesia verdadera? Muchos católicos hacen esta pregunta, porque
creen que la salvación dependa de su membresía y fidelidad a la Católica. Así
que su preocupación en realidad es saber en quién pueden confiar para su
salvación personal. Para ellos es muy importante asegurarles que por definición
bíblica una iglesia es el cuerpo de Cristo (Ef. 5:29-30) y que está compuesta
de los que aceptan a Cristo como Señor y Salvador (Hch. 2:41). Así que la
pregunta que se debe hacer es: "¿Soy miembro del cuerpo de Cristo, la
iglesia verdadera?" Esa membresía se logra mediante el recibimiento de
Cristo en el corazón por fe como el Salvador personal de uno (Jn. 1:12). Una de
las últimas Sana Doctrinas provea una contestación más completa
doctrinal a esta pregunta[14].
¿Fue Pedro el primer papa? A veces cuando los católicos hacen esta
pregunta, quieren saber si "¿Es verdad que puedo tener fe en la jerarquía
de la Iglesia Católica que tiene al Papa como su cabeza?" En algunos casos
no ayuda nada discutir si Pedro era el primer papa de la Iglesia Romana, pues
los propios teólogos católicos a través de la historia han estado divididos en
cuanto a la referencia de que "sobre esta roca voy a edificar mi
iglesia" (Mt. 16:16)[15]. La mayoría de los padres de
la Iglesia durante los primeros siglos creían que se refería a la confesión de
Pedro de que Jesús era "el Mesías, el Hijo de Dios viviente" o sea,
de que se trataba de una referencia al mismo Cristo. Como quiera la iglesia
está edificada sobre Cristo mismo como el Mesías y la piedra angular del
"fundamento de los apóstoles y los profetas" que predecía su venida
(Ef. 2:20). Asimismo, Pedro en su primera carta (2:4-6) hizo una invitación a
ir a la Piedra viva (a Cristo) que fue rechazada por los hombres y luego Dios
lo hizo a El la piedra angular en quien deberíamos poner nuestra confianza.
Además, Jesús mismo veía a sí mismo como el fundamento de la iglesia que iba a
edificar (Mt. 21:33-46). Así que se debe recalcar que lo más importante es
poner la fe en El personalmente, porque efectivamente podemos tener plena fe y
confianza en Cristo, la cabeza de la iglesia.
¿Quién es la cabeza de la Iglesia hoy? A pesar de que el Segundo Concilio Vaticano y
el Catecismo de 1994 insisten en que Pedro y los sucesores encabezan la iglesia
en el día de hoy, la Biblia no apoya esta posición. Existen diferentes razones
bíblicas para descartar esa idea. Primero, Pedro no actuaba como si fuera el
papa que mandaba en la iglesia. No fue Pedro sólo quien decidió ir con Juan
para examinar el ministerio de Felipe en Samaria, sino que los APOSTOLES
enviaron tanto a Pedro como a Juan (Hch. 8:14). Además, cuando Cornelio se
postró en reverencia a los pies de Pedro, le mandó parar, porque era solamente
un hombre (Hch. 10:25-26). Ese mandato del apóstol dista mucho de la reverencia
que los devotos dan a los papas en el día de hoy. También Pedro en su primera
carta se identifica como un anciano igual a todos ellos (5:1) en vez de
reclamar el rango de príncipe de los apóstoles con autoridad sobre todos. Y eso
no era únicamente una táctica o estrategia para manipularlos.
Los otros apóstoles tampoco reverenciaban a Pedro como la cabeza de la
iglesia o el vicario de Cristo en la tierra. En el Concilio de Jerusalén (Hch.
15) Pedro no presidió, no propuso y no dictó la solución al problema bajo
discusión, pues Pedro era uno entre varios que aportaron sus testimonios y
sugerencias, pero fue Jacobo (Santiago) quien propuso la solución. En una
ocasión Pablo viajó a Jerusalén y se reunió con los tres líderes principales
que eran Jacobo (Santiago), Pedro y Juan -- y no con Pedro sólo. El resultado
de esa visita hizo claro que Pedro no era el pastor universal del cristianismo,
pues todos estaban de acuerdo en que Pedro con los otros líderes
se encargaría del ministerio a los judíos y que Pablo con Bernabé iría a los no
judíos (Gá. 2:1-10).
Tercero, Pedro mismo afirmó que Jesús era la cabeza de la iglesia. La
piedra rechazada en Sión se convirtió en la piedra angular (1 Pe. 2:6-7).
Cuarto, las epístolas paulinas también subrayan el hecho de que aun después de
su muerte Jesús seguía siendo la cabeza de la Iglesia (compare 1 Cor. 3:11; Ef.
1:22; 2:20-21; 5:23; Col. 1:18). Así que está claro que Jesús no delegó su
autoridad sobre la tierra (Mt. 28:18) a ningún ser humano en la tierra, pues
mandó al Espíritu Santo a ella en su representación para ser su Vicario o
sustituto (Jn. 14:15-18; 16:7-11) y ese Espíritu sigue en esa capacidad en el
día de hoy.
¿Cuáles son las llaves[16] de San Pedro? Según la Iglesia Católica las
llaves simbolizan el derecho de los apóstoles y sus sucesores[17] los obispos de perdonar
pecados. ¿Es cierto esto? Existen varias preguntas que podemos hacer acerca de
las llaves. ¿A qué se refieren las llaves (plural) del reino (Mt. 16:18-19)?
Notemos primero que en vez de Pedro insistir en que él tenía el poder
para perdonar los pecados, le dijo a Simón el mago, "Arrepiéntete ... de
esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu
corazón" (Hch. 8:22). Además, es evidente que la preocupación del apóstol
Juan fue comunicar el mensaje de las buenas noticias acerca de Jesucristo (1
Jn. 1:5) y luego la confesión de pecados se hacían a Dios (1 Jn. 1:9), no a él
ni a otro apóstol. Asimismo, en la gran comisión Jesús instruyó a sus
discípulos a hacer a las gentes sus seguidores mediante su mensaje (Mt.
28:18-20). Así que las llaves son el mensaje y no un derecho sacerdotal de
declarar los pecados perdonados.
¿Se le dio las llaves a Pedro sólo? No fue exclusivamente él quien
recibió el mensaje de la salvación o las llaves. Según Mateo, se le dio la gran
comisión a por lo menos los once apóstoles (Mt. 28:16, 18) antes de la
ascensión de Cristo al cielo, pero probablemente fue la ocasión de la reunión
de una multitud de 500 testigos a la resurrección de Jesús (1 Cor. 15:6). Según
Juan 20:19-23 se les encargó a todos los apóstoles la misma tarea de compartir
el mensaje y de esa manera remitir los pecados. Concluimos, pues, que Cristo
dio las llaves a todos sus apóstoles y, por ende, a todos sus
discípulos.
¿Cuál es la autoridad máxima de la fe cristiana, la Biblia o la
tradición o las dos juntas? A veces los católicos hacen esta pregunta debido a la enseñanza de
los concilios. El Segundo Concilio Vaticano y el nuevo catecismo de 1994 dicen
que la tradición sagrada y la Escritura forman un depósito de la Palabra de
Dios que fue entregada a la Iglesia Romana. Como apoyo citan también 2 Tes.
2:15.
En realidad cuando hacen esta preguntan quieren saber: "¿En qué
podemos creer -- la Biblia o la Biblia y la tradición?"[18] Cabe señalar que Pablo
escribió a la iglesia de Tesalónica antes de que el Nuevo Testamento fuera
escrito y formado como parte de la Biblia. Con razón, entonces, señaló en 2
Tes. 2:15 la importancia de seguir las enseñanzas recibidas, pues Pablo las
había recibido del propio Cristo (compare Hch. 2:42; 1 Cor. 11:23). Mas tarde
las cartas apostólicas, incluso la primera carta a los tesalonicenses, tendrían
el mismo mensaje recibido de Dios y estas con el transcurso del tiempo formaron
una parte de las Escrituras. Así que lo que era tradición en los tiempos de
Pablo se recibió en la Biblia y forma parte de las Escrituras hoy. Por eso no
se necesitan las tradiciones formuladas después de los apóstoles, pues en las
Escrituras tenemos todo lo necesario para la salvación en Cristo (2 Ti.
3:14-17; Mt. 15:1-9; Mt. 22:32-32)[19].
Otro texto citado por los defensores de la tradición es Jn. 21:25.
Pero aunque está claro que Juan no puso por escrito todo que Jesús hizo, lo que
escribió era suficiente para la salvación de los lectores. Así que no hace
falta otra enseñanza tradicional para complementar el evangelio, porque ya
contiene todo lo necesario. Además, lo que no se incluyó
en los cuatro evangelios si fuera inspirado por el Espíritu Santo estaría de
acuerdo y no contradiría lo que Juan y los otros apóstoles escribieron. Cabe
señalar que Cristo advirtió en contra de las tradiciones de líderes religiosos
que contradicen el mensaje inspirado de Dios aunque digan que provenga de Dios
(Mt. 15:7-9; Mc. 7:13; compare Col. 2:8; 2 Ti. 3:14-17).
¿Creen ustedes en la virgen María[20]? Se hace esta pregunta para saber el papel de
ella para uno. Para los católicos la virgen María juega un papel muy importante
como mediadora, corredentora, modelo, madre de Dios y virgen perpetua. Esta
visión de ella es emocional, doctrinal, cultural, devocional y religiosa. Así
que uno debe evitar una discusión negativa acerca de ella. Es mejor
representarla positivamente pero acertadamente a la luz de la Biblia, sin
entrar en una discusión si tenía varios hijos o no. En el comienzo uno puede
admitir que hay diferentes interpretaciones de la Biblia sin tratar de
convencer a la persona de que María y José tuvieron hijos. Eso es un proceder
honesto y prudente. A la vez podemos afirmar que obviamente fue una madre con
mucha fe en Dios, muy bendecida del Señor (Lu. 1:28, 30, 42), pues conocía bien
las Escrituras y obedecía a Dios. Como tal es un modelo de la vida cristiana y
también mandó a que se obedecieran todo que Jesús dijo (Jn. 2:5) y bien sabemos
que El enseñó que "yo soy el camino, la verdad y la vida" y que
"nadie viene al Padre sino por mí" (Jn. 14:6). Además, Cristo invitó
a todos los cargados y preocupados a ir a El para el descanso (Mt. 11:28). En
vez de discutir acerca del papel de María es mucho más provechoso hablar de la
salvación mediante Jesús.
No obstante, cabe señalar que las enseñanzas católicas adicionales
basadas en las tradiciones de sus líderes dicen que María fue concebido sin
pecado (el dogma de la concepción inmaculada, promulgada como verdadera en el
1852), que era siempre virgen (que Jesús fue el único hijo que ella concibió),
que ascendió en cuerpo y alma al cielo (dogma promulgado en el 1950) y que ella
es una mediadora a quien se puede orar y pedir intercesión y que es una
corredentora.
La base bíblica católica para la concepción inmaculada de María está
la frase traducida "llena de gracia" en algunas versiones (Lu. 1:28).
Argumentan que si ella estaba llena de gracia no podía haber pecado. Pero una
de las traducciones más recientes católicas en el inglés dice correctamente
"eres altamente favorecida". Además ¿qué de Esteban quien también fue
"lleno de gracia" (Hch. 6:8) y de Zacarías o Elizabet (Lu. 1; 2)?
¿Significa "lleno de gracia" que ellos también estaban sin pecado? Es
significativo también que en su referencia a Dios María evidencia la necesidad
de Su gracia (Lu. 1:47).
¿Tuvo María otros hijos? La Iglesia Católica enseña que era "la siempre
virgen". Definitivamente la Biblia apoya la idea de que María fue virgen
cuando Jesús nació (Mt. 1:18-25), pero también habla de los "hermanos del
Señor" o "de Jesús". ¿Quiénes son? A través de los siglos
algunos teólogos han interpretado esta frase para significar que eran hijos de
José y de María que nacieron después de Jesús, pero existen otras
interpretaciones que los identifica como medios-hermanos o primos de Jesús,
hijos de una hermana de María[21]. Pero uno puede creer
cualquier de estas interpretaciones y ser salvo (Hch. 16:31; Ro:5:11), por eso
en parte es importante ser flexible cuando se discute este tema con católicos
que "veneran" a la Virgen.
La Iglesia Católica en los Documentos de Vaticano II y
en su Catecismo de 1994 afirma su asunción al cielo, pues fue
llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial cuando completó su jornada en la
tierra y el Señor la exaltó como la Reina de todos. Una tradición cuenta como
se avisó a los apóstoles cuando María se enfermó de gravedad. Entre ellos únicamente
Tomás no pudo llegar a verla antes de su muerte, pero mientras iba a donde
estaba, la vio a ella ascender corporalmente al cielo. Así que Tomás les contó
a los otros apóstoles acerca de su ascensión y todos fueron a la tumba la cual
encontraron vacía. Esta tradición no aparece en la Biblia, y aun el apóstol
Juan quien la sobrevivió no afirmó nada de esto en su evangelio o cartas a
pesar de que el mismo Jesús se lo entregó. Aún más, el propio Juan lo negó al
citar las palabras de Jesús sin especificar excepción alguna como a veces hacía
(ver. Jn. 4:9; 20:20-23): "Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió
del cielo, el Hijo del Hombre ..." (Jn. 3:13). No hay base bíblica para
esta enseñanza.
Otra enseñanza de la Iglesia Católica acerca de María es que ella es "Mediadora"[22] con Cristo. Eso significa en
parte de que ella es una mediadora entre nosotros y el Hijo. Argumentan de la
situación humana a la divina de que uno encuentra ayuda primero en la madre que
en cualquier otro. Pero está claro que Jesús es nuestro Mediador debido a que
es el único que murió por nosotros. Pablo lo identifica como "el
único" mediador entre Dios y el hombre (1 Ti. 2:5-6) quien está a la
derecha del Dios en el cielo (Ro. 8:34). Además, Juan el apóstol hace claro que
Jesucristo, el justo, es nuestro Abogado (1 Jn. 2:1). Debido a la encarnación
de Jesús y su amor y compasión para nosotros nos compadece (Heb. 2:17-18).
Además, está cerca y accesible en todo momento para escucharnos y no
necesitamos a ella o a algún santo para interponerse entre nosotros y el Hijo
que ha demostrado que nos ama mediante su muerte, pues sólo El nos ha amado
tanto que dio su vida por nuestro rescate. Aun en la narración del milagro del
vino, no se le presenta a su madre como mediadora. Nadie la pidió a ella que
hablara con Jesús de que faltaba vino; eso se nota por la sorpresa del
encargado del banquete por el buen vino que le sirvieron al final (Jn. 2:10).
Tampoco Jesús hizo ese milagro por complacer a ella, pues le dijo claramente,
"¿Qué tengo que ver contigo? Mi hora no ha venido." De esa manera
hace claro que hizo esa señal o milagro por decisión propia[23].
Por otra parte, la Católica deduce de la doctrina de la ascensión de
María al cielo que puede ser venerada. Oficialmente, se hace una distinción
entre la adoración ("latria") a Dios y la veneración
("dulia") que tiene que ver con el honor dado a los santos y
la búsqueda por la intercesión de ellos. Pero la "hyperdulia"
que se da a María es una experiencia entre la veneración y la adoración y es la
que describe la relación debida con María. Se trata de una veneración especial
que se da a la "Virgen María" debido a su rol único en el misterio de
la redención, sus dones excepcionales de gracia divina y su preeminencia entre
los santos. Así que oficialmente la Iglesia Católica dice que no adora a María.
No obstante, en la práctica muchos católicos la adoran sin hacer las
distinciones abstractas y a veces teóricas. Eso es así en culturas católicas
donde se ofrece más oraciones a ella que a Cristo, donde hay más templos
dedicados a ella que a Cristo y donde se le dan títulos muy elevados a ella,
pero mucho menos a Cristo. Además, las órdenes monásticas son consagradas a
ella y se le atribuye muchas apariciones e innumerables milagros. Delante de
sus estatuas se le colocan velas y flores y la llevan en anda en procesiones
públicas. De manera que en la práctica muchos no obedecen las palabras de
Jesús: "Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo
servirás" (Lu. 4:8).
En conclusión, aunque la Biblia no provee base firme para las
doctrinas católicas marianas de la virginidad perpetua, la concepción
inmaculada y su asunción al cielo[24], sí la Biblia la reconoce como
una sierva de Dios quien vivió una vida ejemplar de fe con una buena
disposición de vivir sacrificadamente y con una conducta intachable y obediente
al Señor. Fue la madre de nuestro Señor y merece ser respetada como el vaso
puro que Dios escogió para traer a su Hijo a este mundo[25]. Así como dijo el ángel fue
una mujer ricamente bendecida y es importante reconocer que así fue, pero la
mejor manera de honrarla es acatando al único mandamiento de ella en las
Escrituras, "Haced todo que él les manda" (Jn. 2:5).
¿Está mal el uso de imágenes? Como en el caso de la virgen María la Iglesia
Católica hace una distinción entre la adoración de los santos y su veneración,
pero una vez más es una distinción intelectual que muchos católicos no siguen
en la práctica. Para ellos la veneración se convierte en adoración debido a sus
actitudes y prácticas. De otro lado otros católicos comprenden mejor esta
distinción abstracta. Cabe señalar que en la lista de los diez mandamientos[26] la Iglesia Romana elimina el
mandato de la prohibición de las imágenes. En el diálogo con ellos es
importante dejar la misma Biblia hablar en este asunto (Ex. 20:4; Dt. 5:8-9;
Sal. 115:4-8; 135:13-18; 1 Cor. 6:9, 10:14; Gá. 5:20; 1 Pe. 4:3; 1 Jn. 5:21;
Apo. 21:8) y la persona que hace la pregunta llegar a su propia interpretación.
El Espíritu Santo es el que los tiene que convencer de esta práctica y una vez
que ponen toda su fe en Cristo se les hacer más fácil desprender de los
cuadros. Con frecuencia es contraproducente condenarlos por estas prácticas.
Puede ayudar si se discute lo que se hace cuando se adora y luego permitirles a
ellos compararlo con sus prácticas con los santos.
Es contraproducente decirles lo que tienen que hacer con los santos en
sus casas, después de todo si los adoran o no, depende de su actitud hacia
ellos y sus prácticas. Los santos pueden representar muchas cosas para ellos.
En ciertos casos son sólo recuerdos de alguien o una herencia de la familia o
un lujo o decoración, pero no los adoran en la práctica. Su eliminación no debe
ser una condición para compartir con ellos las enseñanzas bíblicas. Su actitud
hacia las imágenes más bien que la simple presencia de ellos es lo que
constituye la idolatría. Cuando ponen su fe personalmente en Cristo, ellos
mismos pueden tomar la decisión de quitarlos de la pared o deshacerse de ellos.
Pero la decisión tiene que ser de ellos y no puede ser impuesta por otro. Y
típicamente eso ocurre después de que hayan confiado plenamente
en Cristo Jesús y no antes.
¿Hay que confesarse a los sacerdotes que son humanos igual que
nosotros?
La pregunta clave aquí es "¿A quién deberíamos confesar según la
Biblia?", pero primero, ¿qué enseña la Iglesia Católica? Enseña que Cristo
dio poder a los apóstoles para perdonar pecados y esa misma potestad fue
trasmitida a sus sucesores, los obispos, que pueden delegarlo a los sacerdotes.
De hecho ellos no son los únicos mediadores sino hay otros como los santos y
María.
Según la Biblia, ¿quién tienen el poder para perdonar pecados? El
Cristo resucitado en una de sus apariciones le dijo a sus discípulos "que
en su nombre se predicase el arrepentimiento y la remisión de pecados" a
todos (Lu. 14:47) y eso fue la práctica entre los apóstoles. Se ven dos
ejemplos de lo que hacía el apóstol Pedro. Cuando regañó a Simón el Mago, le
dijo que se arrepintiera y rogara "a Dios, si quizás te sea perdonado"
(Hch. 8:22). Para Pedro está en las manos de Dios el perdonar, por eso debe
orar a Dios. Cabe señalar que el apóstol no manda a Simón a confesar sus
pecados a él; tampoco hace gesto hacia su absolución o perdón. En otra ocasión
Pedro le dijo a Cornelio que el que cree en Jesús recibe el perdón en su nombre
(Hch. 10:43). Otro apóstol, Pablo, recordó a la gente que a través de Jesús se
estaba predicando el perdón del pecado (Hch. 13:38). La Biblia enseña que es al
Señor a quien hay que confesar los pecados, no a algún ser humano que
supuestamente tiene un poder que se dice que Dios se le entregó. El apóstol
Juan afirma que si confesamos nuestros pecados a Dios, "El es fiel y justo
para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Jn. 1:9)[27].
Entonces, surge la pregunta, "Podemos ir directamente a Cristo? o
¿es esencial la intercesión de la iglesia, María y los santos entre nosotros y
Dios?" Jesús siempre daba énfasis en una relación personal entre sus
ovejas (discípulos) y El, el buen pastor (Jn. 10). Es esa relación íntima con
El que hace posible la entrada directa a la presencia de Dios y el disfrute de
la vida abundante y eterna. Eso se ve, además, en que el velo del templo se
rompió en dos desde arriba a abajo, así permitiendo al creyente en Jesús como
Señor y Salvador personal entrar directamente a la misma presencia de Dios (Mt.
17:51; ver también Jn. 14:6; Hch. 4:12; 1 Ti. 2:5). De manera que la Biblia
sustenta el rol de El como el único y suficiente mediador a quien tenemos
acceso directo, pues salva "por completo a los que por medio de él se
acercan a Dios, puesto vive para siempre para interceder"; esto forma
parte del pacto nuevo que es superior al antiguo (Heb. 7:25).
A la vez es importante reconocer que la Biblia también menciona una
confesión de los vivientes, "los unos a los otros" (compare Santiago
5:16). También en los días de Juan el Bautista se hacía una pública confesión
antes del bautismo (compare Mt. 3:6), pero nunca enseña la Biblia que
debiéramos confesarnos a un sacerdote. Además, aunque podemos pedir a que otros
hermanos de la fe oren por nosotros, eso es voluntario y no es un sacramento
con la función de la canalización de la gracia a uno.
¿El bautismo convierte a uno en un hijo de Dios?[28] El sistema de siete
sacramentos de la Iglesia Católica tiene el propósito de repartir o aplicar la
gracia de Dios poco a poquito y el sacramento básico e inicial es el bautismo.
Según el Catecismo de 1994 los dos efectos principales del
bautismo son la purificación de los pecados y el nuevo nacimiento en el
Espíritu Santo. El bautismo perdona todos los pecados y eso
incluye el pecado original y todos los pecados personales antes del rito.
Además, el bautismo le convierte a uno en una nueva criatura, un hijo adoptivo
de Dios que participa en la naturaleza divina, un miembro de Cristo y un
coheredero con El y el templo del Espíritu Santo[29]. Debido a estas enseñanzas, se
bautizan por aspersión a infantes, niños, jóvenes, y adultos, pero no se
repite.
Si el bautismo fuera esencial para la salvación, ¿por qué el apóstol
Pablo, después de haber ganado muchos conversos en Corinto (Hch. 18:8), estaba
más que contento de que no había bautizado más de cuatro o cinco de ellos (1
Cor. 1:14-17)? ¿Por qué dijo categóricamente que no fue enviado para bautizar
sino a predicar el evangelio? Si efectuaba el perdón de pecado, ¿por qué no lo
incluyó como parte de las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo (1 Cor.
1:14-17)? Pero tal vez el ejemplo clave de uno que nunca fuera bautizado, pero
el Señor lo salvó fue el ladrón en la cruz a quien prometió, "Hoy estarás
conmigo en el paraíso" (Lu.23:43).
Además, la Biblia se refiere al bautismo dentro de varios contextos.
Se asocia con la fe y la salvación (Mc. 16;16), con el arrepentimiento y el
perdón de los pecados (Hch. 2:38) y con la oración y el lavamiento de los
pecados (Hch. 22:26). En contraste el arrepentimiento sin la mención del
bautismo se asocia con la nueva vida o la salvación y con frecuencia la fe sin
la mención del bautismo se asocia con la salvación (Jn. 3:16; 5:24; 1 Jn.
5:10-11). Esto nunca se hace del bautismo. El arrepentimiento y la fe están
vinculados con la salvación en pasajes donde el bautismo no se menciona, sin
embargo, el bautismo NUNCA aparece en tal vinculación si no es en conjunto con
el arrepentimiento y la fe la cual es un lado de la misma moneda donde el
arrepentimiento es el otro.
El bautismo bíblico cristiano siempre fue por la inmersión para los
creyentes ya arrepentidos (Mt. 28:18-19; Hch. 16:31). En el caso del bautismo
de Juan el Bautista fue una señal del arrepentimiento. En el libro de los
Hechos fue una señal de una profesión de fe en Jesús como Mesías que murió
inocentemente, pero fue resucitado. Es esencial retener el bautismo de los
creyentes por inmersión para comunicar el simbolismo y significado bíblico del
bautismo (Ro. 6:3-6) referente a la muerte y resurrección de Cristo y del
creyente (Col. 2:12). En Hechos siempre bautizaban a personas que se convertían
a Cristo y no hay clara evidencia del bautismo de infantes[30].
¿Es la misa un sacrificio verdadero? La misa, uno de siete sacramentos católicos,
también se le llama la Eucaristía, palabra griega adoptada en el segundo siglo
D.C. que quiere decir "acción de gracias". La Católica enseña que con
el rezo de la consagración del sacerdote los dos elementos de pan y vino se
transforman literalmente en el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo y
el rito significa la continuación del sacrificio de Cristo en la cruz. Se
enseña que en este sacrificio incruento de la misa se perpetúa[31] la presencia verdadera, real,
sustancial de Cristo. Así que el sacrificio de Cristo en la cruz no se completó
o terminó en el primer siglo cuando dijo, "Consumado es", sino
continúa o se perpetúa en los altares donde se celebra la misa. Entonces, los
que comulgan comen o reciben literalmente al Señor (cuerpo, sangre, alma y
divinidad). Aunque los cinco sentidos humanos no pueden palpar el cambio o
transformación de pan y vino consagrados en cuerpo y sangre de Jesús, la
naturaleza o esencia de esos dos elementos se transforman completamente en la
presencia real de Jesucristo. Esta enseñanza se llama la transubstanciación[32]. Este sacrificio se ofrece
para los pecados, penalidades y satisfacciones de los vivos y los muertos
"en Cristo".
Aunque los teólogos católicos con frecuencia interpretan la Biblia
simbólicamente, aquí para sostener esta doctrina insisten en una interpretación
literal de Juan 6:22-71, el texto clave para su interpretación[33]. Para ser consecuente tendrían
que usar la misma interpretación con los "Yo soy" pasajes de Cristo,
tales como la luz (Jn 9:5), la puerta (10:9) y la vid verdadera (15:1). Además,
es imposible entender literalmente las palabras, "Esta copa es el nuevo
pacto ..." (1 Cor. 11:25) de la misma manera que la Iglesia Católica ha
interpretado "Este es mi cuerpo". Asimismo, el hecho de que en la
primera Cena Jesús estaba todavía en la carne en compañía de los discípulos,
eliminó la posibilidad de que los apóstoles confundieran el pan con su cuerpo.
Obviamente eran dos cosas muy distintas. En vez de entender el verbo
"es" como algo idéntico, tiene el sentido de "significa" o
"representa".
Tampoco hace falta más sacrificio[34] por el pecado; no hace falta
continuar, prolongar o perpetuar el sacrificio cumplido en la cruz, pues eso
enseña que el sacrificio hecho "una vez y para siempre" en el primer
siglo no fue suficiente para nosotros hoy (Heb. 9:24-26; 10:10-12, 14, 18), que
no fue del todo eficaz. Pero la suficiencia y eficacia para siempre de esa
propiciación en la cruz fue el punto subrayado cuando decía muchas veces que
pasó una vez para siempre[35]. Cabe señalar, además, que las
referencias a la Cena en el Nuevo Testamento no dicen nada acerca de un
sacrificio incruento durante la ceremonia. Nunca se describe a la iglesia como
la entidad que ofrece el pan y la copa o a Cristo a Dios en sacrificio. Lo
único ofrecido a Dios en el rito fue la acción de gracias o la gratitud en
forma de alabanzas por su obra ya perfeccionada y completada. Tampoco recibimos
gracia o a Cristo por la boca que luego va al estómago para ser despedazado y
luego eliminado del cuerpo[36] sino lo recibimos por la fe en
el corazón donde el Señor mora permanentemente (Ro. 10:9-10).
Además, este dogma católico cambia una adoración "en el
espíritu" (Jn. 4:23) por una de lo material. Eso se ve con más claridad en
la adoración de la hostia que se exhibe en altares en sus iglesias.
¿Son sólo símbolos el vino y el pan? ¿Qué es lo que simbolizan?
Efectivamente el pan y la copa son solamente símbolos del cuerpo y la
sangre de nuestro Redentor cuando fue crucificado en la cruz del Calvario en el
primer siglo. En un sentido secundario el pan simboliza su pueblo, la iglesia,
el cuerpo de Cristo (1 Cor. 10:16; 12:12-27; Col. 1:18, 24; 2:16-19; 3:15; Ef.
1:22-23; 4:1-16). Los dos elementos nunca se transforman en la
sustancia misma del cuerpo y de la sangre de Jesús. No existen palabras
sagradas o mágicas que pueden efectuar eso. Tampoco hace falta una
transformación (Heb. 10:10-14, 18). Tanto su esencia como sus características
secundarias, tales como sabor y apariencia, permanecen intactas. Así que son
símbolos que en este acto de adoración representan una realidad, pues Jesús
está vivo y los de la comunidad de fe comen juntos en gratitud, confianza, amor
y esperanza. Asimismo, la Cena memorial es una especie de conmemoración y
proclamación por medio de un simbolismo[37].
No obstante, siempre cuando le obedecemos al Señor tanto en las
ordenanzas como en otras ocasiones, El está presente. Cuando se celebra la
Cena, El se comunica con nosotros por medio del Espíritu Santo, de la misma
manera que está presente en cualquier momento y dondequiera se predica su
palabra, sea un acto público de adoración o un momento de devoción en privado.
A su vez el pan que es esencial para sustentar la vida material, como símbolo
tiene significado espiritual de realidades que trascienden el mundo físico.
Como nuestros cuerpos se nutren del pan de cada día, así se implica la realidad
de que nuestra vida espiritual es sostenida por Cristo. Nuestro Padre Celestial
quien hace surgir el pan de la tierra para nuestros cuerpos nos ha dado el Pan
de Vida del cielo para nuestras almas. Como una Cena simboliza la nutrición
celestial de la cual depende la vida espiritual para su crecimiento y utilidad
en el servicio de Dios, simboliza la verdad de que la nueva vida ya comenzada
ha de ser nutrida y sostenida en relación con Cristo como la rama de la Vid
verdadera (Juan 15). Cuando participamos, simbolizamos nuestra dependencia del
Salvador crucificado pero resucitado que volverá como la fuente, sostenedor y
perfeccionador de nuestra vida espiritual.
¿Existe el purgatorio? Para la Iglesia Católica el purgatorio, una especie de antesala al
cielo o una parte del cielo, es la purificación final y completa de los que
mueren en el estado de gracia pero no son suficientemente santos para entrar el
gozo del cielo[38]. Se hizo doctrina oficial en
el siglo XV en el Concilio de Florencia y fue confirmado por el Concilio de
Trento el próximo siglo en el cual hizo claro que los confinados allí reciben
ayuda mediante la intercesión de los fieles y en especial mediante el
sacrificio de la misa.
Son tres los textos en el Nuevo Testamento usados para apoyar esta
enseñanza, pero no lo apoyan en realidad. Mateo 5:26 refiere a una situación
con un juez en la tierra antes de la muerte. Mateo 12:32 se
refiere al pecado en contra del Espíritu Santo que no se perdona
en esta o en la otra vida. Así que niega por completa la enseñanza de una
futura limpieza en el purgatorio. El tercer texto de 1 Cor. 3:15 hace
referencia a una comparación con el fuego para explicar cómo las obras que
hacemos serán puestas a la prueba, pero en el purgatorio son las personas no
purificadas que son purgadas. Además, el juicio de las obras son para
determinar nuestra recompensa en el cielo.
El texto de principal apoyo católico (2 Macabeos 12:39-46) describe un
evento durante las guerras en los tiempos de los Macabeos en el Siglo II a. C.
durante las cuales se encontraron "amuletos sagrados a los ídolos de
Jamnia" (12:40) en la ropa de soldados judíos que murieron en la batalla.
Judas Macabeo lo consideró una cosa abominable. Recogió una ofrenda de sus
soldados y la envió a Jerusalén como sacrificio expiatorio a ser presentado por
los pecados de esos hombres. Cabe señalar tres cosas acerca de este incidente.
Primero, se describe aquí una práctica judía -- no una cristiana. Segundo, el
texto hace referencia a la resurrección, no a una creencia en el purgatorio.
Tercero, según la teología católica, el pecado de idolatría de esos soldados
sería un pecado mortal, no venial, y eso quiere decir que el que lo hace iría
al infierno, no al purgatorio. Es por eso que algunos teólogos católicos
admiten que no hay base bíblica por la doctrina del purgatorio.
El estudio de ciertos textos (Lu. 23:43, 2 Cor. 5:8-9, Mt. 25:31-46, 1
Jn. 5:13 y 1 Jn. 1:7) puede ayudar a uno comprender mejor el perdón completo en
Cristo y la seguridad de la salvación[39] que proviene de El y su obra
por nosotros (Tit. 2:14).
EN CONCLUSIÓN reafirmamos que hay mucho que nos une y que sirve de puente para el diálogo, pero lo que ha añadido la Iglesia Católica al evangelio bíblico hace imposible la unión y dificulta un sentido de hermandad. Cuando una jerarquía está por encima de la palabra inspirada de Dios y escrita por la inspiración del Espíritu Santo, se abre paso para apartar o abandonar el mensaje apostólico y abrazar las tradiciones erróneas de sus líderes religiosos. Por consiguiente, como cristianos fundados en la enseñanza bíblica apostólica tenemos la santa misión de ayudar a los que están confundidos por las tradiciones contrarias a las revelaciones de Dios a que abracen la gracia gratuita que únicamente se encuentre en el Hijo de Dios que se ha manifestado en su forma única en Jesús de Nazaret, el Mesías profetizado por siglos por los santos profetas del Señor.
[2]Ver
Sharing our Faith with Roman Catholic Friends (Leader's Guide)
por Daniel Sánchez.
[5]Los pasajes sobre la pasión, la muerte y la
resurrección de Jesús son muy apropiados en conjunto con escrituras vinculados
con el bautismo y el arrepentimiento (la penitencia).
[6]Los pasajes sobre la venida y la obra del Espíritu
Santo en los Hechos de los Apóstoles y el evangelio de Juan son muy apropiados.
[8]Vea en Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "La vida eterna ¿incierta o segura?"
(pág. 75-80) y "La vida para siempre ¿condicionada?" (204-213).
[10]White,
James R. The Roman Catholic Controversy.
[11]Ver en Las doctrinas sanas y las sectas
malsanas por Donald T. Moore, "Preguntas y respuestas acerca de la
Biblia" (pág. 249-257).
[13]Ver en Las doctrinas sanas y las sectas malsanas,
"¿Usas estas normas para interpretar la Biblia?", pág. 35-39.
[15]Vea Las doctrinas sanas y las sectas malsanas,
"El apóstol Pedro -- preeminente pero humano", pág. 130-135 y La
Sana Doctrina de la nota anterior; White, pág. 120, 249n. 22, 249 n.
25.
[16]Vea Las doctrinas sanas y las sectas malsanas, "El apóstol Pedro -- preeminente pero
humano", pág. 130-135.
[17]La apelación a Is. 22:22 en referencia a supuestos
sucesores no procede por varias razones: (1) Llave es singular,
no plural. (2) La interpretación de Jesús de esa misma llave en
Apo. 3:7 afirma que Cristo tiene (verbo presente) la llave de David para cerrar
y abrir. No la dio a otros, pues su posesión actual de esa llave lo distingue
de todo ser creado. Además, falta evidencia de intérprete o padre alguno que
haya relacionado Is. 22:22 con Mt. 16:18-19 durante los primeros 700 años del
cristianismo y eso hace claro que no es una interpretación apostólica (White,
249 n. 18).
[18]Ya que la Iglesia Católica reclama ser la que define
ambas y a la vez el intérprete de ambas, la máxima autoridad en realidad suele
ser la misma Iglesia con su jerarquía en vez de la Biblia y/o la tradición.
[19]White,
pág. 55-102. Geisler, Norman L. & MacKenzie, Ralph E., Roman
Catholics & Evangelicals.
[21]Ver Las Doctrinas Sanas y las Sectas Malsanas,
"¿Quiénes son los hermanos del Señor?, pág. 23-25.
[22]Muchos así lo indican al invocarla con los títulos
de Abogada, Auxiliadora y Socorro. El rezo del Rosario así lo señala también.
[23]Es también posible argumentar de la ausencia de
evidencia en la Biblia por una función intercesora de parte de ella y por su
ausencia a la derecha de Dios en el cielo (Hch. 8:55-56; Ef. 2:18; Heb.
4:15-16).
[24]Tampoco provee una base firme para ella como
corredentora o para el rezo del rosario que en su forma actual proviene de la
edad media.
[28]Ver Las doctrinas sanas y las sectas malsanas,
pág. 173-180, para un análisis de los textos bíblicos usados para apoyar la
interpretación católica.
[30]El bautismo de familias o casas enteras (Hch. 16:15,
33; 11:14; 1 Cor. 1:16) no es evidencia contundente de que se incluía infantes
o niños. Tampoco Mt. 19:14 y Lc. 18:16 tienen una referencia directa al
bautismo.
[31]El documento número 47 del Segundo Concilio del Vaticano
sobre la Liturgia Sagrada señala que el sacrificio eucarístico del cuerpo y la
sangre fue instituído con el propósito de "perpetuar" el sacrificio
de la cruz a través de todos los siglos hasta la venida de Cristo. Dicho
memorial y banquete de la Pascua donde Cristo es consumido o comido fue
entregado a la Iglesia Católica.
[32]En 1551 el Concilio de Trento formal y oficialmente
abrazó este dogma y condenó todas las otras interpretaciones.
[33]Ver La Sana Doctrina, "La
ordenanza de la cena del Señor", IX:4 (Sept.-nov. 1994). La experiencia de
"comer" es símbolo para recibir por fe a Cristo adentro de uno (Jn.
6:29, 63).
[34]La Biblia menciona un sacrificio de alabanza (Heb.
13:15) y sacrificios espirituales (1 Pe. 2:5) ofrecidos por los creyentes que
son sacerdotes, pero no se ofrecen por el pecado sino en agradecimiento por el
perdón.
[35]Ver Las doctrinas sanas y las sectas malsanas,
"La muerte de Cristo, ¿Qué significa para nosotros?", pág. 105-113.
[36]Si seguimos el mismo principio de Cristo que no es
la comida que entra de afuera lo que hace a uno impuro o pecar (Mar. 7:14-19),
tampoco lo es para hacer a uno puro o santo.
[37]William W. Stevens sugiere un triple simbolismo:
simboliza la muerte de Cristo por nuestros pecados, la apropiación de los
beneficios de esa muerte por el creyente y el medio de esa apropiación: la
unión con Cristo. Doctrines of the Christian Religion.