EL JESÚS HISTÓRICO DEL "JESUS
SEMINAR"
Por: Donald T.
Moore
La búsqueda moderna por el Jesús de la historia
que comenzó en el siglo XVIII se dividió en dos grupos, aquellos que aceptaban
una cosmovisión cristiana y otros más racionalistas que negaban los milagros en
la historia y la naturaleza. Estos últimos crearon a un Jesús que no era Dios
encarnado y que no hacía ningún milagro, y así conformaba a su sistema de
creencias racionalistas, uno muy distinto a la figura en los evangelios.[1] El
"Jesus Seminar," un grupo de estudio sobre el Jesús histórico, es la
última versión y promotor de este cuadro de una figura desnudada de todo poder
sobrenatural. Se parece a lo que Pablo identificó como "otro Jesús"
(2 Cor. 11:4). Dos de los libros que así lo representan son The Historical
Jesus por J. D. Crossan y The Five Gospels por R. W.
Funk, el director del Instituto Westar y fundador del "Jesus
Seminar."
En el peregrinaje intelectual de Robert W. Funk,
después de dejar sus estudios teológicos en un seminario teológico y de ser desilusionado
por la falta de libertad intelectual en su enseñanza universitaria, estableció
un instituto para investigaciones independientes con el propósito de montar
"un asalto de frente" contra "el analfabetismo religioso"
que permea la sociedad. El primer proyecto del instituto fue la colección y la
evaluación de todas las palabras y acciones atribuídas a Jesús.
Según Funk, Jesús apuntó a sus discípulos más allá
de este mundo y aun de sí mismo hacia su "visión" del Reino de Dios.
Esta visión fue una en la cual Jesús esforzaba a socavar el status quo, sacudir
las sensibilidades convencionales de vergüenza y honor del pueblo, participar
en una resistencia no-violenta a la opresión y promover la inclusión de todos
en una sociedad saturada ya de prejuicio hacia los de afuera. De ninguna manera
quería Jesús enseñar principios morales a sus seguidores, pero hablaba con
mucha ambigüedad para mantener desequilibrada a la gente.
Lamentablemente, según Funk, los seguidores de
Jesús cambiaron su "visión" por la de un "vidente" y
transformó el iconoclasta en "un icono." Así concluye Funk convencido
de que el Nuevo Testamento "oculta" al "Jesús real" con la
misma frecuencia que "lo revela." Afirma que su propio método es el
más honrado, ya que todos los constructos en últimas instantes son ficticios.
Por eso Funk propone usar toda la información accesible y de esa manera
"redescubrir" al Jesús histórico quien ha sido "enterrado"
en los evangelios. De esta manera propone confrontar "las muchas caras del
Jesús moderno" que los religiosos han inventado y "emancipar al sabio
galileo de la maraña superficial que ha oscurecido en parte la persona de Jesús
y sus dichos." Así subraya su creencia que la fe cristiana ha
distorsionado la imagen del Jesús "real."
Algunas de sus señalamientos tienen valor -- tales
como su énfasis en establecer una fe hoy en el Jesús que tenga base histórica y
no subjetiva, su insistencia en que hay límites en lo que el erudito puede
decir acerca del Jesús histórico y la importancia de estar dispuesto a examinar
información acerca de Jesús de Nazaret de todas las fuentes accesibles. Sin
lugar a duda el último punto nos recuerda de la importancia de utilizar toda la
evidencia genuina y conocida en la investigación. No obstante, la obra de Funk
tiene defectos serios; primero, por su actitud de superioridad hacia quienes
difieren de él. Aun supone que aquellos que afirman "los evangelios
tradicionales" están atados a una "ortodoxia" que les sirve como
un escudo artificial para las convicciones que no están abiertas para la
evaluación crítica. Parece no admitir la posibilidad de que un estudioso
ortodoxo y evangélico pueda reconocer la necesidad de someter sus convicciones
a un examen crítico. De hecho parece pensar que nadie que no está de acuerdo
con él podría aportar algo valioso en un debate académico, pues se refiere a
ellos como "los que pretenden buscar." Asimismo, Funk no reconoce que
algunas de sus premisas podrían prejuzgar sus conclusiones, como es el caso de
él cuando acepta el Evangelio de Tomás como una fuente primaria
sobre la vida de Jesús y cuando devalúa consistentemente los evangelios
canónicos.
Funk y el "Jesús Seminar" terminan
haciendo lo mismo que han hecho la mayoría de los eruditos que pasan su tiempo
en la búsqueda del Jesús histórico -- sencillamente hacen un nuevo constructo
de Jesús basado en sus propios prejuicios y convicciones. Esto es algo irónico
a la luz de la insistencia de Funk de la necesidad de ser riguroso en evitar
este tipo de reconstrucción.[2] Aunque
reclama reconstruir a un Jesús histórico objetivo a base de principios
"científicos y críticos" y libres de presuposiciones, en realidad
está bien sometido a la influencia de sus propias dogmas racionalistas. Sufre
su interpretación, porque ha fracasado en entender la naturaleza del
conocimiento histórico.[3]
Toda historia escrita es una interpretación. Como
resultado los historiadores del "Jesus Seminar" han seleccionado
ciertos hechos y los han interpretado al punto de distorsionarlos, usando su
imaginación libremente. Por eso crean a un Jesús que cuadra con sus propios
intereses. El Profesor Otto Betz indica que el constructo de ellos de Jesús en
realidad no es de ningún modo un judío del primer siglo d.C. sino un héroe de
nuestros tiempos, un alborotador espiritual que se parece a un profesor bien
preparado y conformista estadounidense.[4] Así que
estos eruditos describen su propia reflexión vista en un espejo.
¿Cómo podrían estos escritores producir un cuadro tan distorsionado de Jesús? Se debe a varios factores, tales como sus supuestos racionalistas, su concepción falsa de la historia como una ciencia objetiva, un entendimiento equivocado de la formación de los evangelios y un método histórico defectuoso.
El Evangelio llamado "Q." Durante el
siglo XIX ciertos eruditos sacaron episodios de los evangelios de Mateo y Lucas
pero ausentes de Marcos y crearon un documento hipotético de los "dichos
de Jesús." Lo llamaron "Q." Sin embargo, nunca lograron
demostrar la existencia de tal documento compuesto por estos episodios. Se
debilitó su teoría, también, con el descubrimiento de muchos diferentes tipos
de episodios que aparecieron en los tres evangelios y que tenían señalamientos
que concordaban con Mateo y Lucas pero contrario a Marcos. Así que, o
"Q" fue un protoevangelio o, lo que es más probable, una variedad de
episodios que los tres evangelistas usaron.
"Q" como un documento de dichos,
entonces, no tiene ninguna base histórica. No obstante, el "Jesus
Seminar" lo acepta y lo usa de manera acrítica y caprichosa. Aun más allá
de los evangelios canónicos abrazaron El Evangelio de Tomás, un
documento de "dichos de Jesús" que tiene fecha para el año 400 d.C.
Este Seudo-Tomás, descubierto en Egipto en 1945,
tiene cierta relación con fragmentos de 18 de los "dichos de Jesús"
que están fechado para 250 d.C. y tienen similitudes a otros evangelios
apócrifos de ese tiempo. Evidencian una dependencia de los evangelios canónicos
del primer siglo, pero sufrieron cambios sectarios. Posiblemente surgieron
tarde en el siglo II, pero no hay ninguna evidencia en los hechos por este
documento y su presentación de Jesús como un revelador gnóstico que prueba que
se trata de un escrito mucho más tarde que el siglo I. De ningún modo se puede
usar El Evangelio de Tomás en una reconstrucción del Jesús histórico.
También los escritores del "Jesus
Seminar" aceptan supuestos acríticos y fuera de fecha en cuanto al estudio
de la formación y la transmisión de los episodios en los evangelios, disciplina
que se conoce como la crítica de las formas. Siguen a los pensadores
racionalistas del siglo pasado quienes, a base de ciertos estudios del folklore
oral en sociedades analfabetas, suponía que se usaba el mismo proceso en la
transmisión de tradiciones religiosas judías en Palestina, una sociedad
altamente alfabeta.[5]
En este sentido, reflejan la crítica de las formas
de los 1920, que suponían que los episodios de los evangelios fueran creados y
transmitidos como tradiciones folklóricas orales, y que un cuento o dicho
atribuido a Jesús por cualquier evangelista o profeta podría ser aceptado como
parte de la tradición y luego incorporado en los evangelios. Los últimos
desarrollos en la investigación, tanto literaria como histórica y en especial
el hallazgo de los Rollos del Mar Muerto, hacen que este enfoque sea muy dudoso.
Según Ellis, las tradiciones de los evangelios no
indican una etapa oral anterior a la transmisión, pero sí muestran patrones
uniformes que reflejan desde su creación un diseño y una construcción
cuidadosamente cultivados. Además, muestran un proceso continuo de formación de
tradiciones en el cual, como E. Guettengemanns demostró, una transición de los
procedimientos folklóricos orales a los procedimientos observables en los
evangelios sería virtualmente imposible. Por lo tanto, un origen folklórico de
la tradición de los evangelios ha de ser excluido.[6]
En el judaísmo del primer siglo, tanto en los
Rollos del Mar Muerto como en las escuelas rabínicas, la transmisión de las
tradiciones fue un proceso riguroso y sistemático. Esto fue el mismo proceso
que se usó para las tradiciones acerca de Jesús. Por ejemplo, probablemente se
leía el discurso escatológico en las iglesias cristianas desde el 30 d.C.
cuando el emperador Caligula trató de instalar su estatua en el templo de
Jerusalén (Mt. 24:15, Mc. 13:14). Más o menos una década después se daba un uso
parecido al sermón del monte.[7]
Puesto que los primeros tres evangelios no
demuestran conocimiento de la Guerra Judía de 66-70 d.C. -- un evento muy
relevante a sus temas -- no es probable que fueron escritos después de a
mediados de los años 60, muy apenas tres décadas después de la resurrección de
Jesús. De manera que difícilmente pudieron haber surgido en un tiempo tan corto
mediante un proceso del folklore oral. De hecho no fue una separación en el
tiempo sino en la distancia geográfica de las congregaciones con su liderato
apostólico lo que ocasionó la composición por escrito de las palabras y los
hechos de Jesús. Su necesidad existía ya durante el ministerio terrenal de
Jesús cuando a sus seguidores, tanto en Galilea como Judea, hacían falta
resúmenes por escrito de las enseñanzas del Señor para el uso en la instrucción
y el evangelismo una vez que Jesús se marchaba. Estos y otros desarrollos han
servido para debilitar o desacreditar cualquier reconstrucción del Jesús
histórico a base de las trasmisiones folklóricas de las tradiciones del
Evangelio.[8]
¿Qué de los resúmenes evangelísticos? Uno de los
avances más significativos en la investigación del Nuevo Testamento durante las
últimas cuatro décadas ha sido el reconocimiento de que la transmisión de las
palabras y de la obra de Jesús tuvo su raíz principal en Su entrenamiento de
unos estudiantes selectos para llevar Su mensaje a los pueblos no alcanzados y
a sus seguidores sedentarios. Como consecuencia, las tradiciones del evangelio
fueron formuladas en resúmenes episódicos, en parte por Jesús mismo para el uso
de los apóstoles y en parte por los apóstoles en los primeros años de la
iglesia en Jerusalén. Fueron reformuladas, rearregladas y actualizadas por estos
hombres y sus colaboradores proféticos. Según Ellis, pronto fueron compiladas
para formar los evangelios actuales en las cuatro misiones apostólicas aliadas
-- la jacobina (Santiago)/Mateo, la petrina (Marcos), la paulina (Lucas) y la
Juanina -- y con el paso del tiempo en toda la iglesia.[9]
Está claro que el Jesús histórico es el del
historiador. Pero ¿de cuál historiador? La iglesia ha escogido al Jesús
histórico cuádruple de los estudiosos contemporáneos de Jesús que tuvieron
contacto directo con El mientras que el del "Jesus Seminar" es una
reconstrucción 2,000 años después de los eventos, que ha incorporado todos los
supuestos, prejuicios y cegueras de sus creadores. ¿Cuál cuadro tiene más
probabilidad de ser la mejor representación de la vida y enseñanza de Jesús de
Nazaret? No debe ser difícil de responder a esa pregunta.[10]
[1]Ellis, E. Earle.
"The Jesus Seminar: refuting a flawed historical portrait of Christ,"
Southwestern News, (Winter, 1996), p. 7, 33. Su análisis es clave para esta parte de esta Sana
Doctrina.