ÁNGELES, ÁNGELES Y MÁS ÁNGELES
Por: Dr. Donald T. Moore
¿Estamos
solos en el universo? El mundo se ha vuelto loco en la búsqueda de ángeles y
vida extraterrestre[1] por todos lados. ¿Hay ángeles
amigables que nos rescatan en momentos difíciles? ¿Hay seres sobrenaturales que
se disfrazan como seres humanos? ¿Qué hay de verdad en los relatos de
encuentros personales milagrosos con los seres angelicales? ¿Arroja la Biblia
luz sobre todo esto?
Existen por lo menos tres maneras de investigarlo. Una es mediante la
exploración del espacio y los planetas usando la tecnología científica más
avanzada. Aunque este estudio por ondas radiales comenzó durante los 1960,
hasta la fecha NO hay rastros de ondas que señalan vida en otros
planetas. Otra manera es mediante estudios de los que dan fe de su experiencia
con esos seres. No obstante, a pesar de décadas de estudio y muchos
testimonios, algunos investigadores siguen señalando que no hay evidencia en
concreta por la existencia de extraterrestres. Pero sí hay bastante evidencia
que equipara estas experiencias con los fenómenos del mundo oculto y las sectas
esotéricas. Como cristianos tenemos aún otra manera de investigación, pues el
mejor lugar para comenzar nuestro análisis es el estudio bíblico, porque la
Biblia no sólo tiene que ver con la vida terrestre sino también con seres más
allá de las cuatro dimensiones de este mundo. De hecho ella contesta la
pregunta inicial en cuanto a la existencia de seres sobrenaturales que Sí!!!!!!
Efectivamente hay más vida en el universo. ¡No estamos solos!!!!!"
Compartimos este mundo con seres sobrenaturales que no están limitados a
nuestro universo, pues el Dios Trino creó unos seres
"extraterrestres". Se llaman ángeles.
¿Cómo son: benévolos o malignos? Veamos las enseñanzas bíblicas.
Los ángeles benévolos en la Biblia y la teología
cristiana
En
el Antiguo Testamento hay una variedad de vocablos que se refieren a los
ángeles[2]. Mal'ak, la
palabra hebrea más usada significa "mensajero" o "ángel".
Puede referirse a seres humanos, sean profetas (Isa. 42:19) o sacerdotes (Mal.
2:7), y aun a vientos (Sal. 104:4). Los pasajes bíblicos en Génesis especifican
que unos ángeles visitaron un hogar humano (19:1, 15), ayudaron a encontrar a
una esposa para Isaac (24:7, 40); Jacob los vio en una visión de Betel y fueron
activos en su vida (28:12; 31:11; 32:1; 48:16). En Éxodo, un ángel iba delante
del ejército de Israel y luego se puso detrás (14:19); también iba delante de
los hijos de Israel mientras avanzaban (23:20, 23; 32:34; 33:2). En los libros
de Samuel y Reyes se hacen comparaciones usando la palabra ángel[3]; uno destruyó a Jerusalén
mediante una plaga (2 S. 24) y uno habló con un profeta anciano (1 R. 13:18).
Un salmo habla de ángeles destructores (78:49) y otro de ángeles guardianes
(91:11). Sólo en Job se dice que Dios encuentra errores en sus ángeles. En
Zacarías hay recurrentes apariciones de ángeles y conversaciones entre ellos y
el profeta[4]. Daniel describe cómo
rescataron a sus tres amigos (3:28) y cerraron la boca de los leones en el foso
para protegerle (6:22).
Otra
palabra para referirse a un ángel es querubín (kerub), pero a
pesar de ser el segundo vocablo más usado, aparece solamente una docena de
veces en el Antiguo Testamento. En Génesis fueron colocados como guardianes del
Edén para prevenir el regreso de Adán y Eva sin el permiso de Dios (Gn. 3:24).
Se colocaron sus figuras en oro con alas extendidas sobre el propiciatorio del
tabernáculo (Exo. 25:18-20), tal vez sirvieron de símbolos de guardianes
delante Dios. Los hicieron de madera recubierta en oro en el santuario interior
del templo de Salomón y fueron tallados en madera en las paredes y puertas (1
R. 6:23-29, 32, 35). Varios pasajes afirman que Jehová "tiene su trono
entre los querubines". En Ezequiel 10 se identifica a los querubines
delante del trono de Dios con los "cuatro seres vivientes" que el
profeta vio en su llamado (1:5). Asimismo, en la poesía hebrea David describió
cómo él veía a Jehová cabalgando sobre uno y volando (2 S. 22:11; Sal. 18:10).
Según Garrett, en cinco pasajes se refiere a los seres angelicales
como los santos (qadoshim) que es de la misma etimología de la
palabra para referirse a Dios. Evidentemente se refieren a los ángeles que
están totalmente alejados de las imperfecciones mundanas y, por ende, separados
completamente para el servicio del Dios Santo. La "asamblea" o
"concilio" de "los santos" teme a Dios (Sal. 89:7). Elifaz
niega que Job puede dirigirse a uno de "los santos" (15:15) y los
"santos" son quienes acompañarán al Señor en el "día de
Jehová" (Zac. 14:5). El cuarto término[5] es el ejército de los cielos o
la hueste celestial (saba'). La oración que reclama dominio sobre
"las estrellas" aparentemente se refiere a los ángeles[6]. Se ha sugerido que su
etimología señala a un cautiverio o una servidumbre determinada por Aquel que
es libre en vez de las fuerzas militares. Generalmente, se acepta que los
"hijos de 'Elohim" (Job 1:6, 2:1; Dan. 3:25) refieren a
ángeles y también es probable que así sea para los "hijos de 'Elim"
(Sal. 29:1; 89:6).
Dos ángeles tenían nombres personales, uno Gabriel ("hombre de
Dios") y el otro Miguel. Daniel se refiere a Gabriel en dos ocasiones,
primero, para interpretarle un sueño (8:16) y luego cuando Daniel oraba a Dios
por "iluminación y entendimiento" (9:21-22). Se menciona a Miguel tres
veces en Daniel (10:13, 21; 12:1) y cada vez ejerce una función principesca. Se
le describe como "uno de los principales príncipes", "vuestro
príncipe" y "gran príncipe". Algunos afirman que Miguel[7] servía como ángel guardián
para el pueblo judío (Dan. 12:1). Cabe señalar que para Daniel los ángeles son
más que mensajeros, pues controlan fenómenos naturales tales como los cuerpos
celestiales, los vientos y las estaciones del año.
El significado de "el Ángel de Yahvé" y "el Ángel de
Dios" es uno de los principales enigmas del Antiguo Testamento. Se dice
que "el Ángel de Dios" es "el ángel que me redime de todo
mal" (Gn. 48:16), "mi ángel" (Exo. 32:34) y "el ángel de su
Presencia" (Isa. 63:9). La primera de varias teorías principales acerca de
su significado le identifica con el Logos (el Verbo o la Palabra) preexistente
que más tarde se hizo carne en Jesucristo. Algunos teólogos aun le llaman la
"segunda persona de la Trinidad"[8].
La teoría angélica identifica al Ángel de Señor como tal, un ser
espiritual creado que sirvió como embajador o representante de Jehová. A la vez
que se acepta una interpretación literal de ángel también se
entiende que los ángeles sirven de embajadores de Dios. A pesar de ser una
comprensión popular entre católicos, evangélicos y judíos modernos, un
argumento en su contra es que no hay nada en los pasajes que afirma que este
Ángel es un inferior que representa a su superior.
Según Garrett, la teoría instrumental o "de la identidad" es
la más probable por tener menos dificultades y ser el más convincente. El Ángel
de Jehová fue un instrumento de la comunicación divina, o sea, la manifestación
visible o audible por medio del cual Dios se manifestó y se comunicó con
ciertas personas. Han sido descrito como teofánicos y como Jehová mismo en la
medida en que se revela la presencia personal del Señor.
Antes de pasar a la evidencia del Nuevo Testamento cabe señalar datos
importantes de los escritos judíos intertestamentarios,
especialmente los libros apócrifos y pseudoepígrafos mayormente fechados entre
los Siglos II a.C. y el I d.C. En estos se continúan y se expanden los
conceptos de la naturaleza y las actividades de los ángeles mediante relatos
específicos, primero en cuanto a su creación. También proveen más detalles
acerca de los ángeles guardianes para los individuos y las naciones y en cuanto
a sus órdenes o rangos. Además, da entre cuatro y siete nombres de los
arcángeles.
Algo parecido ocurre en la literatura rabínica, pero
añade unos conceptos nuevos. Se hace referencia al concilio o la compañía de
ángeles y se identifica a 70 o 72 ángeles que sirven de guardianes sobre las
naciones y a Matatrón como el mayor de los arcángeles. Aunque los ángeles
ocupan el cielo más elevado de los siete, no están tan cerca del trono de Dios
como los hombres justos.
En el Nuevo Testamento el vocablo en griego para ángel
significa "mensajero" o "agente". En su uso predominante de
más de 150 veces se refiere a seres sobrehumanos, aunque a veces tiene
referencia a mensajeros humanos[9], incluso a Juan el Bautista,
el "mensajero" prometido por Malaquías (Mal. 3:1; Mt. 11:10).
Los evangelios sinópticos vinculan a los ángeles a la
vida de Jesús. El ángel Gabriel anunció el nacimiento de Juan el Bautista a
Zacarías (Lu. 1:11-20) y de Jesús a María (Lu. 1:26-38). Un ángel le informó a
José de la concepción virginal del hijo de María (Mt. 1:20-25), uno dio el
nombre Jesús para el niño antes de su concepción (Lu. 2:21) y muchos dieron
gloria a Dios después de su nacimiento (Lu. 2:9-15). También se le dio
instrucciones dos veces a José, una vez en Belén para huir y la otra en Egipto
después de la muerte de Herodes para regresar a Nazaret (Mt. 2:19-20). Algunos
servían (Mr. 1:13) a Jesús después de sus tentaciones en el desierto luego de
su bautismo.
Jesús alude a ellos en varias parábolas. Son los segadores y recogerán
a los que hacen maldad (Mt. 13:39). En la parábola de la red, saldrán al final
del mundo para separar a los malos de los justos (Mt. 13:49). En la parábola de
la moneda perdida, se regocijan por un pecador que se arrepiente (Lu. 15:10) y
en la parábola del rico y Lázaro, llevan a éste al seno de Abraham después de
su muerte (Lu. 16:22).
También Jesús enseña que en el cielo no se casan (Mr 12:25), pero ven
el "rostro" de Dios Padre (Mt. 18:10). El Hijo del hombre vendrá en
gloria y poder "con los santos ángeles" y se avergonzarán de la gente
que se avergüenza de El, pero confesará a quienes lo confiesan (Mr. 8:38; Lu
12:8-9; Mt. 25:31). Además, aunque Dios enviará a sus ángeles para recoger a los
elegidos (Mr. 13:27), no conocen ni el día ni la hora de la segunda venida (Mr.
13:32).
En Getsemaní, a Jesús le apareció "un ángel del cielo" para
fortalecerlo en un momento de desconsolación (Lu. 22:43), aunque el Padre pudo
haber mandado "más de doce legiones de ángeles" para socorrerlo (Mt.
26:53). Uno, después de quitar la piedra de su tumba, se sentó y habló con las
mujeres el primer día de su resurrección (Mt. 28:2-5; comp. Lu. 24:23).
En el Evangelio de Juan Jesús dijo a Natanael de una
visión en la cual "los ángeles de Dios ... suben y descienden sobre el
Hijo del hombre" (1:51) y María Magdalena vio a dos ángeles vestidos de
blanco sentados donde antes estaba el cuerpo de Jesús (20:11-13). Es
significativo que Jesús enseña que la función del Espíritu Santo, más bien que
de los ángeles, es llevar a sus discípulos a toda la verdad (Jn. 16:13).
Además, Jesús mismo es el buen pastor -- no los ángeles -- quien da seguridad a
sus ovejas, porque las guarda, cuida y protege de los maleantes (Jn. 10:1-15).
En el libro de los Hechos los ángeles ayudaron a líderes
escogidos a vencer obstáculos que impedían un servicio con libertad. Uno abrió
las puertas de la cárcel para los apóstoles (5:19). En su mensaje al público
Esteban dijo que uno apareció a Moisés en la zarza ardiente (7:30, 35, 38) y
que a Moisés se le entregó la ley por disposición de los ángeles (7:53). Uno le
señaló a Felipe el camino para Gaza (8:26) e instruyó a Cornelio en Cesarea a
buscar a Pedro en Jope (10:3-7, 22; 11:13). Otro ayudó a Pedro a escapar de la
cárcel (12:7-11), pero algunos cristianos confundieron a Pedro con su
"ángel" (12:15). Aunque los saduceos, contrario a los fariseos, no
creían en ellos (23:8-9), Pablo hizo claro que durante una tormenta al alta mar
"un ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo" estuvo con él
(27:23). ¿Sugiere aquí un cambio en la función de los ángeles? En los tiempos
de Daniel y sus tres amigos solamente los protegían dentro de sus
"prisiones", pero rescataron a Pedro y a los apóstoles en el período
de transición de la iglesia.
Según las cartas Paulinas el Señor Jesús va a
manifestarse "con poderosos ángeles" desde el cielo para el juicio (2
Te. 1:7). No se debe aceptar otro evangelio entregado por un "ángel del
cielo" (Gá 1:8) y la ley fue promulgada por medio de ángeles, "por
mano de un mediador" (Gá. 3:19). Los apóstoles eran un espectáculo
"para los ángeles" (1 Co. 4:9), pero los cristianos van a
"juzgar a los ángeles" (1 Co. 6:3). Las mujeres debían cubrir la
cabeza "por causa de los ángeles" (1 Co. 11:10). No son nada los que
hablan con elocuencia angelical a menos que tengan amor (1 Co. 13:1-2).
"Satanás se disfraza como ángel de luz" (2 Co. 11:14). Los ángeles no
pueden separar a los cristianos "del amor de Dios en Jesucristo" (Ro.
8:38). A "los ángeles" (Co. 2:18) no se debe rendir culto. Jesús fue
"visto por ángeles" (1 Ti. 3:16). Pablo exhortó a Timoteo "en
presencia" de los "ángeles" (1 Ti. 5:21).
En las cartas generales se subraya su inferioridad a
Jesús. Solamente "por poco tiempo [Jesús] fue hecho menor que los
ángeles" (He 2:9). En la encarnación, Jesús "no tomó para sí a los
ángeles sino a la descendencia de Abraham" (He. 2:16). En la Jerusalén
celestial hay "millares de ángeles" (He. 12:22). Tal vez los
cristianos hospitalarios hayan hospedado "ángeles sin saberlo" (He.
13:2). Los ángeles anhelaban contemplar lo que anunciaban los profetas acerca
del Mesías (1 Pe. 1:12). Dios arrojó a los que pecaron en prisiones de
oscuridad para ser reservados para juicio (2 Pe. 2:4; Jud. 6) y ellos no
pronuncian juicio de maldición contra los hombres que pecan (2 Pe. 2:11). En
última instancia están sujetos a Jesucristo el resucitado (1 Pe. 3:22).
En Apocalipsis aparece la
palabra ángel 76 veces y en todos los capítulos menos tres (cap. 4, 6, 13).
Algunos identifican al "ángel de la iglesia" en capítulos 2-3 como el
pastor o anciano[10] aunque no todos. A veces
aparecen trayendo juicio como vengadores o destructores y en otras como
mensajeros benignos. Su presencia muestra a Dios como muy trascendente, tanto
más allá que manda a los ángeles en su lugar, pues Dios es un soberano bien
distante del ser humano. Por eso el libro magnifica su grandeza, presentándolo
menos accesible al hombre, pues manda a sus siervos angelicales cuando él
estima apropiado y conveniente.
Según
la Biblia los ángeles son criaturas o creaciones de Dios, aunque
no se nos informa explícitamente cómo los creó a menos que fueran hechos por su
palabra (Sal. 148:2-5). Como seres creados, sus conocimientos son limitados
(Mr. 13:32). Saben únicamente lo que Dios y el hombre los informa, lo que
observan y lo que descubren a base de sus investigaciones. Se maravillan de la
humildad y la gracia divinas para con el hombre y del orgullo y de la
mezquindad de éste hacia Dios. No se debe adorarlos, arrodillarse delante de
ellos (Apoc. 22:9) o dirigirles oraciones o rezos, aunque lo prescribía el
gnosticismo incipiente (Col 2:18). Son subordinados a Jesús (1 Pe. 3:22; He.
1:4-6), quien sólo en la encarnación y la crucifixión fue "hecho menor que
los ángeles" (He. 2:9).
Hay evidencia de grandes números y variedades de ángeles.
A veces en la Biblia "hueste celestial" (saba') es una
referencia a los ángeles, aunque se usa más para los cuerpos celestiales. El
profeta Micaías vio a Jehová sentado en un trono y "todo el ejército de
los cielos [estaba] ... de pie junto a él, a su derecha y a su izquierda"
(1 R. 22:19, 2 Cr. 18:18). En Salmo 103:21 y 148:2 los "ejércitos" se
refieren a los ángeles. En la descripción del Anciano de Días en Daniel
"miles de miles le servían, y millones de millones estaban de pie delante
de él" (7:10). En el nacimiento de Jesús "una multitud de huestes
celestiales" aparecieron con el primer ángel (Mt. 2:13). El Padre pudo
haber mandado "más de doce legiones de ángeles" para ayudar a su Hijo
(Mt. 26:53). La Jerusalén celestial tendrá "millares de ángeles" (He.
12:22) y ante el Cordero exaltado de Dios "muchos ángeles" cuyo
número era "miríadas de miríadas y millares de millares" alababan al
Cordero (Apo. 5:11).
Los ángeles ejercen varias funciones. La primera, que
sin duda es una de sus principales, es adorar a Dios. En Isaías
6:1-3, los serafines proclaman: "Santo, Santo, Santo". Según Heb.
1:6, "al introducir [Dios] al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle
todos los ángeles de Dios" (Dt. 32:43). Otra función es dar servicio
obediente a Dios. Esto se hace explícito en Sal. 103:20: "que
ejecutáis su palabra obedeciéndole la voz de su palabra". También está
implícito en casi todas las otras funciones angelicales.
Interpretar la Palabra y la voluntad de Dios a ciertos escogidos de su
pueblo es una tercera función. El profeta Ezequiel vio que los querubines o los
cuatro seres vivientes ayudaron a comunicar el mensaje al salir la
"gloria" del templo de Jehová (1:4-24; 10:1-22). Un
"vigilante" apareció para dar instrucciones acerca del árbol en el
sueño del rey Nabucodonosor (Dan. 4:13-23). El ángel Miguel ayudó a Daniel a
interpretar la visión del hombre vestido de lino (10:4-21) y Gabriel le ayudó a
interpretar el sueño acerca del carnero y el macho cabrío (Dan. 8). También,
Gabriel anunció los nacimientos de Juan el Bautista (Lu. 1:11-26) y de Jesús
(Lu. 1:26-38). Se dio otra anunciación parecida a José (Mt. 1:20-25), quien
recibió otras instrucciones angelicales en Egipto (Mt. 2:19-20).
Otra función es servir de agentes especiales en la historia de
la salvación. Esteban alude a la aparición de un ángel a Moisés cuando
la zarza ardía (Hch. 7:30, 35) y Esteban y Pablo mencionan una presencia
angelical con Moisés cuando recibió los diez mandamientos (Hch. 7:38; Gá.
3:19). También ángeles ayudaron a Jesús después de sus tentaciones (Mr. 1:13;
Mt. 4:11). Se regocijan cuando los pecadores se arrepienten (Lu. 15:10).
Fortalecieron a Jesús en Getsemaní (Lu. 22:43) y realizaron diversas funciones
en relación con la tumba vacía de Cristo (Mt. 18:2-5; Jn. 20:11-13). En los
Hechos los ángeles ayudaron a liberar de la cárcel a líderes claves (5:19), a
Felipe a llegar a Gaza (8:26), a Cornelio a encontrar a Pedro (10:3-7, 22;
11:13), a Pedro a salir de la cárcel (12:7-11) y a alentar a Pablo durante una
tormenta en alta mar (27:23-26).
Una quinta función es servir de tutor a los seres humanos.
Algunos textos en el Nuevo Testamento describen a ciertos ángeles como guardianes
de determinadas personas. Jesús indicó que los niños tienen "sus ángeles
en los cielos" (Mt. 18:10) y que Lázaro fue llevado "por los ángeles
al seno de Abraham" (Lu. 16:22). En la excarcelación de Pedro, la mayoría
en la casa confundió a Pedro con "su ángel" (Hch. 12:15).
Evans[11] desglosa la obra de los
ángeles como dual, uno celestial y otro terrestre. A veces son vinculados con
las fuerzas de la naturaleza y otras veces guían al creyente, aunque es el
Espíritu Santo quien le instruye (Hch. 8:29). Animan y fortalecen al pueblo de
Dios. Defienden, protegen y libran a los siervos de Dios. Son testigos oculares
de la iglesia y del creyente. Guarden a los creyentes difuntos y acompañan a
Cristo en su segunda venida.
En la narración bíblica de la historia de la redención hay ciertas
épocas de más concentración de actividad angelical. Así fue en el comienzo del
pueblo de Israel con ciertos patriarcas como Abraham, Isaac, Jacob y Moisés.
Asimismo, hay más actividad en las vidas de ciertos profetas en ciertas épocas
de crisis para la fe del pueblo de Dios. Se evidencia en las vidas del juez
Gedeón y del profeta Eliseo a quien dio una protección especial del ejército
sirio. También su actividad es renovada al final del Antiguo Testamento en las
vidas de Daniel y sus tres compañeros y la literatura apocalíptica.
Asimismo hubo una concentración de actividad angelical en la época
del nacimiento de Jesús y el comienzo de su ministerio público. Los ángeles
anunciaron su nacimiento en por lo menos dos ocasiones en contraste con una
sola vez para el nacimiento del hijo de Abraham. Pero no estaban presentes en
su nacimiento en el pesebre. Además, en su bautismo estuvieron presentes el
Padre y el Espíritu Santo primero, luego éste le acompañó al Hijo de Dios al
desierto para sus tres tentaciones. Después "los ángeles vinieron y le
servían" (Mt. 4:11), pero durante los tres años de su ministerio se
escasearon, tal vez porque Dios estaba presente en Cristo para ayudar a su
pueblo y así demostrar el calor, cuidado y compasión que los ángeles
evidenciaron en el libro de Daniel. También Jesús anunció la certeza de la
continuación de su ministerio a través del Espíritu Santo y no de los ángeles.
Reaparecieron cuando un ángel le confortó en Getsemaní y varios ángeles
vestidos de blanco anunciaron su resurrección desde o cerca de la tumba vacía.
Cuando ascendió al cielo dos proclamaron su regreso en las nubes (Hch.
1:10-11). Así que los ángeles llevaron un mensaje esperanzador más bien que
servir de poderosos protectores.
Durante la transición del ministerio de Jesús al de los apóstoles
continuó una actividad concentrada angelical al comienzo de la iglesia, pero
otra vez fue precedida por la manifestación en poder del Espíritu Santo el día
de Pentecostés, aunque, después, en momentos claves, los ángeles ayudaron a los
apóstoles.
La mayoría de las referencias en las epístolas señalan una actividad invisible
angelical o se proyecta hacia el futuro. Pablo prestó menos atención a los
ángeles benignos que los evangelios, pero subrayó la verdad de que el Espíritu
Santo mora dentro de su pueblo y así su dirección es más constante, vital y
exalta más a Dios que las visitaciones angélicas. La actividad visible angélica
como mensajeros del evangelio fue suspendida, pues es el Espíritu Santo quien
lleva a todo su pueblo a la verdad. De hecho la iglesia va a enseñar a los
ángeles y no viceversa (Ef. 3:10). Pablo advierte a los cristianos a no ser
llevados por caminos equivocados por los cuales se reclamaban experiencias
angelicales[12]. Además, serán los mismos
cristianos quienes juzgarán a los ángeles en el futuro (1 Cor. 6:3), por ende
tendrán puestos inferiores al pueblo de Dios.
En la primera expansión misionera al pueblo gentil los cristianos
tenían una relación mucho más directa con el Espíritu Santo que con los
ángeles; aun la entrada de Pablo a Europa fue dirigida por el Espíritu Santo de
Dios mediante una visión (Hch. 16:10) y no por un ángel. Asimismo el Espíritu
Santo guiaba a los apóstoles a escribir el mensaje que Jesús les había entregado
y también guiaba al pueblo cristiano en el reconocimiento y la compilación de
las Sagradas Escrituras[13]. Pero en la clausura de la
historia de la redención en la tierra, tanto Jesús como Pablo y Juan en su
literatura apocalíptica, predicen una actividad renovada angelical.
De manera que hoy en la vida colectiva e individual de la iglesia es
el Espíritu Santo quien nos lleva a la conversión (Jn. 16:4-11) y es la guía en
nuestro crecimiento en gracia. Los medios normales de dirección para los
cristianos son su vida en comunión con los hermanos de la fe, la Biblia y el
Espíritu Santo. Aun en momentos de crisis en el diario vivir ellos siguen como
la norma en la dirección y crecimiento cristianos. No obstante, existen ciertos
momentos excepcionales y raros en la vida de la iglesia y de sus líderes cuando
Dios ha mandado una ayuda especial, a veces en forma de algún ángel para
proveer una protección esencial, a veces en momentos de gran peligro, tortura y
persecución u oportunidad para introducir el evangelio, pero eso no es la
regla normal. Aun más, existe gran peligro para muchos hoy, porque hay
una segunda clase de ángeles que pueden ser confundidos con los buenos. Son los
malignos, sobre los cuales también la Biblia nos instruye.
Los ángeles malévolos según las
obras judeo-cristianas
Un estudio de los ángeles tiene que abarcar a Satanás y los espíritus
inmundos, temas relevantes en parte debido a las experiencias de muchas
personas. La etimología de la palabra hebrea, una puramente semítica y de uso
temprano, para "Satanás" (satan) significa
"oponerse" o "ser o actuar como adversario". A veces este
apelativo se usaba en el Antiguo Testamento en referencia a los adversarios
humanos, pero solamente en tres o cuatro veces se usa Satan como
un nombre propio para designar a un ser sobrehumano. En dos ocasiones en el
libro de Job (1:6-12; 2:1-7) aparece la designación precedida por el artículo
definido "el", donde está claro que se trata de "un
adversario" personal, pero no describe a Satanás como un ángel caído o el
jefe de un reino de malos espíritus. Más bien, aparece como "uno de los
ángeles-ministros" de Jehová que acusa a Job ante Dios y lo sujeta a males
naturales, pero actúa únicamente con el permiso de Dios. Eso sugiere que su
ministerio está dentro de la voluntad divina. No obstante, hay un elemento en
su carácter que es contrario a la voluntad de Dios, pues se hubiera alegrado al
probar equivocada la confianza de Dios en Job. También en el texto hebreo de
Zacarías 3:1-2 aparece el artículo definido "el" ante
"Satanás", pero no parece ser del todo un nombre propio. No obstante,
Satanás acusó al sumo sacerdote Josué, y en respuesta Jehová lo reprendió por
su dureza hacia Jerusalén.
En 1 Crónicas 21:1 debido a que el vocablo aparece sin artículo,
probablemente es su nombre propio. Fue Satanás quien incitó a David a que
hiciera un censo de Israel. Ahora su papel de acusador se ha transformado en el
de tentador, y David confiesa su pecado de hacer el censo (21:8).
Aunque en Génesis 3 no aparece el nombre "Satanás", así
identifican a la serpiente dos pasajes bíblicos (Apoc. 12:9; 20:2) y los
cristianos. Algunos creen que hay otros nombres y otros pasajes que se refieren
a Satanás. Uno contiene referencias a "los hijos de Dios" (Gn.
6:1-4). Estos se casaron con las "hijas de los hombres" y sus
descendientes fueron gigantes o héroes (6:4) que eran espiritualmente malvados
(6:5). Existen dos interpretaciones principales. La primera afirma que los
"hijos de Dios" son ángeles que se casaron con mujeres de la raza
humana y tuvieron hijos. Un supuesto clave de esta interpretación es que estos
ángeles malvados tuvieron una influencia viciosa sobre sus esposas y su prole.
Escritos judíos intertestamentarios vinculados con los ángeles caídos contienen
esta interpretación y por consiguiente se convirtió en un texto de prueba para
el concepto de ángeles caídos entre influyentes intérpretes judíos y
cristianos.
La segunda interpretación afirma que los "hijos de Dios" son
descendientes de Set e "hijas de los hombres" descendientes de Caín.
Así que se trata de matrimonios entre seres humanos y no son ángeles buenos o
malos o Satanás.
Muchos señalan a Isaías 14:12-20 como un texto que se refiere a
Satanás como el "Lucero de la mañana". Este pasaje forma parte de un
largo discurso contra el rey de Babilonia (14:3-23). El "lucero de la
mañana" o "la estrella del alba" había caído "del
cielo" y fue "derribado al suelo". Antes "debilitaba a las
naciones" y "hacía temblar la tierra", pero después intentó ser
igual a Dios. Como consecuencia de la destrucción de "su propia
tierra" y la matanza de "su propio pueblo" fue "derribado
al Seol" y "echado de su sepultura". A pesar de ser un pasaje
dirigido al rey de Babilonia, con frecuencia los cristianos lo aplican a
Satanás. En la versión del "King James" en el inglés el
"lucero" se traduce como "Lucifer", un vocablo derivado del
latín que significa "el que lleva la luz". Así que insinúa que era su
nombre propio, y eso aumentó la especulación.
Parece que esta interpretación del "lucero de la mañana"
como Satanás provino de Tertuliano (Siglo II d.C.) y el Papa Gregorio el Grande
(Siglo VI d.C.), pero Dante y Milton lo popularizaron y lo engrandaron en sus
obras del Infierno y el Paraíso perdido. El
reformador Juan Calvino rechazó esta interpretación e insistió en que se
refería a un tirano humano. Su postura ha prevalecido entre muchos intérpretes
que ni siquiera mencionan a Satanás en sus exposiciones del pasaje.
Muchos usan un texto en Ezequiel (28:11-19) que afirma que el querubín
guardián del Edén fue expulsado del monte de Dios y destruido. La referencia
forma parte de una serie de profecías dirigidas al reino de Tiro y otro lamento
por Tiro (Eze. 26:1 al 28:10). Dicho ser fue creado por Dios y estuvo adornado
en el Edén con piedras preciosas. También "fue ungido junto con los
querubines protectores". Pero a raíz de su orgullo y su comercio
deshonesto y violento, fue expulsado del "monte de Dios", devorado
por el fuego, convertido "en cenizas sobre la tierra" y transformado
en "objeto de espanto" que dejará de ser "para siempre".
La mayoría de los intérpretes modernos afirman que es una referencia
al rey de Tiro que usa los elementos paradisíacos como descripciones de él. Sus
exposiciones sobre el texto no mencionan a Satanás. No obstante, otros intérpretes
recientes dan énfasis en las analogías entre Adán y el rey de Tiro como tipos
de toda la historia humana.
Los comentaristas dispensacionalistas americanos tienen una
hermenéutica propia de Ezequiel 28:11-19. Para Gaebelein y Ironside es una referencia
a Satanás, quien fue el poder detrás del trono del rey de Tiro (Gaebelein) y
"quien apenas puede ser distinguido del rey de Tiro" (Ironside). Para
Jennings, el rey de Babilonia era "representante" de Lucifer, el
nombre verdadero de quien luego fue llamado Satanás. Para Feinberg, Ezequiel
vio detrás del rey de Tiro a "la fuerza motivante y la personalidad que lo
impelía en su oposición a Dios" o sea a Satanás. Para Enns, Satanás fue el
"verdadero poder detrás del rey de Tiro".
F. B. Huey, hijo, identifica varias opciones en la interpretación de
este pasaje. O es una "historia literal" de la caída de Satanás, o
del rey de Tiro como "persona satánica", o el rey o el reino de Tiro
estaba bajo un juicio que se describe en términos de la conocida historia del
paraíso. O, se entiende la caída del rey o del reino de Tiro como un paralelo
de la caída de Adán y Eva.
Cabe señalar al concluir el análisis de estos textos que una doctrina
de Satanás debe basarse en pasajes bíblicos que claramente se refieren a él. No
debe ser basado en textos en disputa y eso elimina los tres pasajes de Gn.
6:1-4, Is. 14:12-20 y Eze. 28:11-19.
¿Existe una doctrina de los demonios y espíritus inmundos en el
Antiguo Testamento? Langton, uno de los teólogos que más ha estudiado y escrito
sobre el asunto, insiste en que aunque no hay ninguna doctrina, hay ciertos
textos que se refieren a "seres malignos sobrenaturales" y los
describen. Además, cuando se examinen bien, "parecen corresponder a los
demonios corrientes entre otras gentes", especialmente los egipcios,
árabes, asirios, babilonios y persas. Algunos toman formas de animales y otros
de seres humanos. Ejemplos incluyen las "serpientes de fuego", los
"machos cabríos" o demonios peludos, los chivos expiatorios, Lilith
el demonio de la noche y "demonios" que son considerados dioses.
En resumen, según Garrett, el concepto de "Satanás" aparece
en tres pasajes en el Antiguo Testamento que lo identifican como uno de los
ángeles-ministros de Jehová que tentaban y probaban a los seres humanos, pero
los otros textos tienen fuerte evidencia en contra de su interpretación como
referencias a Satanás. En cuanto a los seres demoníacos hay algunas ideas en el
proceso de formación. Además, no hay ningún relato claro acerca de la creación
de Satanás ni de su pecado o su caída. Como consecuencia, Satanás no pertenece
a la esfera de demonología en el Antiguo Testamento, y no posee ninguna de las
características demoníacas. No obstante, hay incipientes comienzos de ideas
judías relativas a un enemigo sobrenatural de Dios y del hombre, que después
dominarían las enseñanzas judías y cristianas.
Lo contrario se puede afirmar en cuanto a los conceptos judíos
intertestamentarios que ejercieron gran influencia sobre la doctrina
neotestamentaria de Satanás y los espíritus inmundos. Los libros
apócrifos y pseudoepígrafos intertestamentarios contienen una serie de
temas acerca de esta doctrina. Primero, el concepto de los ángeles caídos es
prominente y bastante desarrollado, con Gn. 6:1-4 y 1 Enoc 6-8 como los textos
de fundamento. Segundo, Dios envió ángeles u observadores a la tierra para
instruir a la humanidad. Tercero, el diablo y sus ángeles fueron expulsados del
cielo al rehusar adorar a Adán como Miguel propuso. Cuarto, Dios mandó ángeles
buenos para capturar a los ángeles rebeldes y encarcelarlos en los valles de la
tierra hasta el juicio final (1 Enoc 10:4-17).
Quinto, los demonios eran descendientes de los gigantes que gobernaron
a la humanidad después de la muerte (1 Enoc 15:8, 9). Sexto, como venganza por
su propia expulsión, el diablo tentó a Eva, mediante su instrumento, la
serpiente. Séptimo, por envidia del diablo la muerte entró en el mundo, pero no
fue Dios quien la introdujo. Se trata de una alusión a la seducción de Eva por
la serpiente. Octavo, surgió tardío el concepto claro de Satanás, entre otros,
como el jefe de todos los espíritus inmundos y los demonios. Así que Satanás
gobernaba a los espíritus inmundos y otros Satanases. A veces decían que
dominaba sobre la décima parte de los espíritus no cautivos. Noveno, siete
espíritus tientan a los seres humanos, pero éstos pueden ceder o resistirlos.
Décimo, después de un largo cautiverio, los ángeles caídos serán destruidos en
el juicio final; aparentemente los espíritus inmundos sufrirán la misma suerte.
En la literatura rabínica intertestimentaria aparecen
dos relatos distintos acerca del origen de Satanás. El primero afirma que Dios
lo creó juntamente con Eva el sexto día de la creación. Esto señala una
conexión íntima de Satanás con la caída de la humanidad. El segundo dice que
Sammael, o sea Satanás, fue un ángel caído que reinaba sobre todos los demás
Satanases.
Además, se afirma que los celos o la envidia angelical causó la caída
de Satanás, pues los ángeles se opusieron a la creación de los seres humanos.
Después fueron eclipsados por Adán, quien logró poner nombres a los animales.
También la serpiente y Satanás fueron ligados más íntimamente que en el Antiguo
Testamento, pues Sammael y sus ángeles fueron a la tierra, escogieron a la
serpiente y tomaron posesión de ella como instrumento para tentar a Eva. La
envidia de la serpiente se despertó al darse cuenta que los ángeles servían a
los seres humanos.
También se señala un triple papel de Satanás como "acusador,
seductor y destructor" en la tentación de Abraham de sacrificar a Isaac
(Gn. 22). Además, consideraron el impulso maligno de los seres humanos como
algo derivado de la creación y que constituía la ocasión o la oportunidad de
Satanás para tentarlos. Un texto rabínico aun identifica a Satanás como ese
mismo impulso. También, identificaron a Satanás como el ángel de la muerte y
anticipaban su destrucción final.
¿Qué nos dice el Nuevo Testamento acerca de los seres
sobrehumanos malignos? Existen varias palabras para referirse a ellos, pero estas
son las tres más frecuentes. El diablo (o diabolos), literalmente
un calumniador o acusador mentiroso, designa al espíritu maligno. Literalmente
Satanás (o Satan) quiere decir el adversario. El tercer vocablo Beelzebul
(probablemente literalmente "el señor de las moscas") aparece
solamente en los sinópticos.
En los evangelios sinópticos Satanás o el diablo como el
príncipe o jefe de los espíritus malignos en un reino del mal no opera
aisladamente. Se le menciona por primera vez en relación con las tentaciones de
Jesús en el desierto (Mr. 1:13). Ejerce el papel de tentador y se le presenta
como un ser real y personal que según A. T. Robertson es el concepto más
significativo sobre él en el Nuevo Testamento.
Jesús menciona a Satanás, el maligno o el diablo en las parábolas del
sembrador y de la cizaña (Mar. 4:15; Mt. 13:38-39), en su enseñanza acerca de
la mentira (Mt. 5:37) y probablemente en el Padrenuestro (Mt. 6:13). Hablando
sobre el último juicio, Jesús dijo que el "fuego eterno [fue] preparado
para el diablo y sus ángeles" (Mt. 25:41).
A la vez que algunos judíos creían erróneamente que Jesús expulsaba a
los demonios por el poder de Satanás (Mr. 3:22), Cristo aceptaba la existencia
de los demonios o espíritus inmundos sin referirse a su origen. Ellos no traían
sobre los seres humanos efectos morales exclusivamente, sino también acarrearon
enfermedades físicas. En consecuencia se describe a Jesús como un exorcista de
demonios (Mr. 1:12-27; 5:1-20; 9:14-29) y sus discípulos colaboraron en esa
tarea (Mr. 3:14-15; 6:7, 13; Lu. 10:17, 20). Cristo indicó que Satanás influyó
sobre el concepto mesiánico de Pedro (Mr. 8:33) y dijo, "Yo veía a Satanás
caer del cielo como un rayo" cuando los setenta regresaron con las
noticias del éxito de su misión misionera (Lu. 10:18). Sanó a una mujer "a
quien Satanás ha tenido atada por dieciocho años" (Lu. 13:16). Satanás
entró en Judas para instigarle a la traición (Lu. 22:3). Jesús oró por Pedro
para que pudiera resistir cuando Satanás lo zarandeara como a trigo (Lu. 22:31-32).
En el evangelio de Juan Jesús dijo a los judíos
incrédulos que tenían "al diablo" como su "padre" (8:14) y
que el diablo puso en el corazón de Judas el traicionar a Jesús (13:2). Una vez
se dice que Satanás entró en Judas cuando tomó el pan antes de la última cena
(13:27). En tres ocasiones le hizo referencia como "el príncipe de este
mundo" o en forma corta como el príncipe que "viene" (14:30),
que "ha sido juzgado" (16:11) y que "será echado fuera"
(12:31).
Concluimos, pues, que Jesús tuvo contacto con un ser personal maligno
con poder lo suficiente para engañar a la gente, para causarla a enfermar por
años y para influenciar a este mundo a oponerse a él como el Mesías.
En la primera de cuatro referencias en los Hechos el
apóstol Pedro mencionó a Satanás o al diablo dos veces, una cuando preguntó a
Ananías, "¿Por qué Satanás lo llevó a mentir al Espíritu Santo?"
(5:3) y la otra cuando habló con Cornelio y sus compañeros acerca de las
sanidades de Jesús a favor de los "oprimidos por el diablo" (10:38).
También el apóstol Pablo lo mencionó dos veces, una cuando llamó al mago Elimas
en Pafos "hijo del diablo" (13:10) y la otra cuando le dijo a Herodes
Agripa II que los gentiles fueron convertidos "del poder de Satanás a
Dios" (26:18).
En las epístolas paulinas se vincula a Satanás con el
que impidió ciertos viajes apostólicos (1 Te. 2:18), la incontinencia sexual (1
Co 7:5), la falta del perdón entre creyentes (2 Co. 2:11), los falsos apóstoles
(2 Co 11:4), el "aguijón en la carne" (2 Co. 12:7), la victoria de
Dios sobre Satanás (Ro 16:20), la excomunión (1 Co. 5:5; 1 Ti. 1:19, 20), los
pecados de las viudas jóvenes (1 Ti. 5:15), y el poder, las señales y los
prodigios falsos que acompañarían al advenimiento del "hombre de
iniquidad" (2 Te. 2:9). Asimismo, Pablo lo asocia con el enojo (Ef. 4:27),
la resistencia a las "intrigas" del diablo (Ef. 6:11), los requisitos
para los obispos (1 Ti. 3:6 y la corrección de los opositores (2 Ti. 2:26).
Además, Pablo se refiere a él como "el tentador" (1 Te. 3:5),
"el dios de esta edad" (2 Co. 4:4), "Belial" (2 Co. 6:15),
"el príncipe de la potestad del aire" (Ef. 2:2), "el espíritu
que ahora actúa en los hijos de desobediencia" (Ef. 2:2) y "el
maligno" (Ef. 6:16).
En la demonología paulina se relacionan los banquetes para los ídolos
como sacrificios a los "demonios" (1 Co. 10:14, 20-21), quienes son
también principados, autoridades y gobernantes de las tinieblas, y
"espíritus de maldad en los lugares celestiales" (Ef. 6:12).
Las epístolas generales instruyen a los creyentes a
resistir al diablo (Stg. 4:7) que se parece a un "león rugiente" que
anda buscando a quien devorar (1 Pe. 5:8). Jesús participó de la naturaleza
humana con el propósito de destruir al diablo, quien tiene en condenación a los
seres humanos, y también para poder librar del cautiverio a los que han sido
esclavos toda su vida del temor de la muerte (He. 2:14-15). Además, se afirma
que los ángeles que pecaron fueron arrojados al infierno como prisioneros donde
permanecerán hasta el juicio final (2 Pe. 2:4; Jud. 6). Judas 9 dice que el
arcángel Miguel "contendía disputando con el diablo sobre el cuerpo de
Moisés".
En su primera carta Juan en cuatro referencias al diablo
dijo que el que practica el pecado, el que no practica la justicia y el que no
ama a los hermanos cristianos pertenecen a los "hijos del diablo". No
obstante, el Hijo de Dios vino para destruir la obra del diablo, quien tiene
una larga historia de pecado (3:8, 9, 10). Además, Juan se refiere cinco veces
al maligno: Caín, el asesino, era "del maligno" (3:12), pero los
cristianos han "vencido al maligno" (2:13, 14) quien les puede hacer
daño (5:18) y quien tiene el mundo entero bajo su control (5:19). Aquí Juan
señala la paradoja y tensión entre su derrota y su poder para dominar en el
mundo antes de su derrota y juicio finales.
En el Apocalipsis hay una variedad de referencias a
Satanás y sus secuaces, incluyendo las cartas a las siete iglesias. Tal vez
"la sinagoga de Satanás" (2:9; 3:9) se refiere a la intensa
hostilidad judía hacia los cristianos en Esmirna y "el "trono" y
la "morada" de Satanás (2:13) son una alusión a Pérgamo en su
carácter de capital oriental de culto al César. También dice que el
encarcelamiento venidero de los cristianos es obra del diablo (2:10) y que la
profetiza Jezabel reclamaba enseñar "las cosas profundas de Satanás"
(2:24).
Las langostas soltadas por el sonido de la trompeta del quinto ángel
tienen como rey a Abadón (heb.: "destructor") o Apolión (gr.) (9:11)
y la humanidad impenitente no deja de adorar a los "demonios" y a las
imágenes (9:20). También, "la bestia que sube del abismo hará guerra"
contra los dos testigos, "los vencerá y los matará" (11:7). Asimismo,
"los espíritus de demonios" que salen del dragón, la bestia y el falso
profeta ayudan a los reyes de la tierra a que se preparen para la batalla
(16;14). En una batalla celestial Miguel y sus ángeles atacan, vencen y arrojan
a la tierra al "dragón" que intentó destruir al niño varón recién
nacido de "la mujer". En la tierra renueve su persecución del hijo de
la mujer (Apo. 12). Se refiere a Satanás como "el que engaña a todo el
mundo" (12:9) y el que acusa a los hermanos (12:10). Además, Juan dice que
Babilonia se ha "convertido en habitación de demonios" (18:2) e
identifica a Satanás como el "dragón", "la serpiente
antigua" y "el diablo" (12:9; 20:2) que será atado por mil años,
pero luego desatado por un tiempo corto, antes de ser derrotado y "lanzado
al lago de fuego y azufre" para ser atormentado eternamente (20:1-10).
En conclusión está claro que todo el Nuevo Testamento reconoce la
existencia de seres angelicales malignos y benignos que participan con gran
influencia en la historia de la redención. En especial, a partir del nacimiento
de Jesús, los malignos se oponen a Dios y su pueblo.
Conclusiones esenciales
Las iglesias y sectas no pasan por
alto los ángeles benéficos y malvados. Los teólogos católicos han escrito sobre
la naturaleza de los ángeles, su relación con el espacio, su creación, su
conocimiento, su volición, el amor que brindan y su perfeccionamiento. Karl
Rahner, un reconocido teólogo católico moderno, los presenta como seres
conscientes, creados, limitados y subordinados a Cristo. Da énfasis en su
aparición tardía en los escritos del Antiguo Testamento, porque tienen raíces
en otras religiones y no surgen como consecuencia de su actividad en la
historia de la redención. Después del exilio babilónico, los libros de Job y
Daniel subrayaron la importancia de ellos mientras que el silencio en el código
sacerdotal los restó importancia. En base a la influencia racionalista
helénica, el saduceo los rechazó, pero el apocalipticismo aceptó su existencia
inferior al Dios trascendente. Los ángeles acompañaron a Jesús durante sus
tentaciones en el desierto, en Getsemaní y en su resurrección y hay una
abundancia de referencias a ellos en el libro de Apocalipsis. Pero Rahner
insistía que muchas doctrinas católicas del pasado acerca de ellos eran
opcionales, aunque retuvo una gran parte de su veneración y su papel como
guardianes. Quería evitar los dos extremos: la desmitologización de los ángeles
o su "trivialización", por la cual pasarían a ser meras ideas
abstractas, y la exageración de su importancia. Para Rahner el reconocimiento
de su existencia nos ayuda a dar cuenta de que somos parte de una comunidad más
abarcadora que el mundo humano.
La veneración católica de los ángeles se evidencia en los rezos
dirigidos a ellos. Se les pide socorro. Los maestros católicos los identifica
como parte de los "testigos que nos rodean" (Heb. 12:1), pero una
interpretación acertada de este pasaje reconoce que son los héroes de la
fe en Hebreos 11 quienes testifican a nosotros de su fe.
No quiere decir que los ángeles y los santos nos están observando de un lugar
celestial y que tienen la capacidad de alcanzar el trono de Dios y pedirle
directamente por nosotros. Asimismo la idea de que todo ser humano tiene un
ángel guardián proviene de la tradición. La Biblia no lo afirma, aunque está
claro que en ciertos momentos los ángeles ayudan a los santos claves en la historia
de la redención y a los niños. Además, vale preguntar si el Espíritu Santo
necesita de los ángeles, ya que como el Confortador y Ayudador de todos los
cristianos no está limitado a las cuatro dimensiones de nuestro universo como
lo fue Cristo en su encarnación. De hecho bajo el nuevo pacto el Espíritu Santo
habita en la vida o cuerpo de todo cristiano. Siempre la ayuda de Dios está
presente y nunca nos abandona. Debido en parte a su débil doctrina sobre el
Espíritu Santo el catolicismo tiende a colocar a los ángeles guardianes entre
Dios y el hombre como consoladores e intermediadores.
Compare además la enseñanza paulina que vincula la idolatría con los
demonios en toda religión que use imágenes en su adoración[14]. Asimismo, es una equivocación
identificar a Cristo en su preexistencia como el Verbo o la Palabra con el
arcángel Miguel como enseñan los Testigos de Jehová[15], los Adventistas del Séptimo
Día[16] y la Voz de la Reforma de Luis
Laborde[17]. Pero el LOGOS era único
mientras que el ángel Miguel era "uno de los príncipes" (Dan. 10:13).
Es esencial tener una enseñanza equilibrada hoy frente a otras
interpretaciones desviadas sobre los ángeles y Satanás. Existen dos extremos;
uno es negar su existencia y por ende su poder[18] y el otro es hablar tanto de
ellos que se les da una importancia mayor que al Dios Trino.
Garrett sugiere varios énfasis importantes sobre Satanás para el
Cristiano hoy. Primero, hay que evitar despersonalizarlo. Eso
suele suceder cuando se reduce lo satánico a los diversos deseos desordenados
de la gente. La Iglesia de Satanás fundada por Anton S. LaVey en 1966 hace eso
mismo. La Biblia Satánica realza las lujurias humanas y la naturaleza animal de
los hombres. Por eso "es una religión de la carne, de lo mundano, de lo
carnal", gobernada por Satanás. La mayoría de los satanistas rechazan a
Satanás como un ser antropomórfico tradicional. Lo representan solamente como
una fuerza de la naturaleza, los poderes de las tinieblas. Como consecuencia,
no enseña la existencia de un Satanás sobrehumano. Su Satanás es la
personificación de los deseos humanos más bajos y por eso tiene afinidades con
el humanismo no-teísta. Algo parecido hace el Ministerio Creciendo en Gracia
con su identificación de Satanás con "nuestra carne".
También hay que evitar una completa despersonalización de Satanás y de
los espíritus inmundos mediante su identificación con las "poderosas
fuerzas y estructuras sociales [malignas]". Algunos teólogos[19] lo hacen. Las estructuras del
mal que rigen sobre los individuos, las naciones y la naturaleza producen toda
clase de ansiedades que son simbolizadas por los poderes demoníacos. Es la
tarea del Mesías, entonces, conquistarlas y establecer una nueva realidad que
las excluye. Aunque es innegable que Satanás use las estructuras sociales, como
enseña Apocalipsis 13, no obstante, los poderes malignos no son totalmente
idénticos o identificados con las estructuras y las fuerzas de la sociedad
humana.
Segundo, hay que rechazar el concepto de que
esos seres no fueron creados por Dios. No son increados
procediendo de uno de dos lados de la misma fuente divina y tampoco son
idénticos a la Nada[20] y jamás surgieron de la Nada o
del caos. Tal enseñanza implica que no son criaturas y parece limitar el papel
de Dios como el Creador de todo, abriéndose al peligro del dualismo. Es
esencial evitar un dualismo eterno o un monismo implícito u oculto del bien y
el mal. Pero también hay que rechazar un dualismo afirmado y defendido por
ciertos teólogos y religiones que insisten en el origen independiente del "adversario".
Se suele decir que el fundamento del mal está fuera de la naturaleza y voluntad
de Dios, pues estaba presente en el principio. En ese caso ni Dios ni el
adversario comenzaron a existir, pues fue el conflicto mismo lo único que tuvo
principio. Si como realidad el maligno tiene una existencia independiente y así
es autosuficiente, se sacrifica el papel de Dios como el Creador y soberano
universales. En Cristo "fueron creadas todas las cosas que están en los
cielos y en la tierra, visibles e invisibles" (Col. 1:16). Obviamente esto
incluye a todos los ángeles. Aun en Génesis 3:1 se identifica a la serpiente
como la creación más astuta de Dios. Evidentemente son seres inteligentes,
originalmente puros que no eran limitados a nuestro espacio y tiempo. No son
hombres glorificados o una vez humanos[21], o espíritus de los muertos[22].
Tercero, es indispensable reconocer el testimonio apostólico
autorizado por Jesús. Eso implica llegar a una evaluación justa en cuanto a la
enseñanza y la actividad de Jesús y su creencia acerca de la existencia de
Satanás y de los espíritus inmundos. Existen esencialmente tres enfoques
teológicos. Para algunos Jesús simplemente adoptó o se acomodó a sabiendas a
las creencias judías de esa época. Por lo tanto, Jesús no creía en la realidad
y la actividad del diablo y los suyos, pero acomodó sus prácticas a las
creencias de los judíos sin poder afirmar su rechazo de ellas. Pero, esta
interpretación arroja una sombra muy grave sobre el carácter de Jesús como
maestro quien no titubeó en reinterpretar el mesianismo judío. Dicha
reinterpretación demuestra que Cristo no se acomodaba cuando se trataba de su
propia interpretación y enseñanza acerca de su ministerio y misión. Sería más
que un acomodamiento si no reinterpretaba lo referente a Satanás y los
demonios. Las "palabras duras" de Jesús y su oposición a los
escribas, fariseos y saduceos efectivamente lo demuestran.
Otro enfoque teológico señala que se debía a un conocimiento limitado
en la naturaleza humana de Jesús, pues cuando tomó para sí la forma de un
siervo (Fil. 2), se vació de ciertos conocimientos. En esta teoría Jesús no
estaba consciente del problema en cuanto a la existencia real de Satanás y sus
secuaces, porque fue un verdadero hombre viviendo en un contexto histórico. Pero
si aceptamos la falibilidad de la enseñanza de Jesús en una área importante
como esta, eso abre la puerta a la presencia de otras enseñanzas equivocadas lo
cual es incompatible con una visión elevada de la autoridad intrínseca de
Cristo.
El tercer enfoque teológico reconoce la existencia y la obra de
Satanás tal como enseñaron Jesús y los apóstoles. Esta es la postura
del realismo en contraste con el racionalismo[23]. Para mantener una postura
equilibrada es importante reconocer el énfasis de Jesús sobre Satanás en
relación con la vida cristiana. Eso implica una correlación de creencias y
comprensión acerca de Satanás con las vivencias cristianas. El énfasis
principal bíblico apunta a la vida cristiana y no a un desarrollo intelectual
de una doctrina. Tampoco fue su propósito concentrar sobre la formulación de
una doctrina escatológica del mal. En vez de ser intrigados por enigmas
sobrenaturales, los cristianos deben resistir y sobreponerse a Satanás en sus
vidas, sus iglesias y su sociedad. Así que nuestra responsabilidad no es la de
resolver cada pregunta acerca del origen de Satanás y su actividad futura.
Central para la doctrina de la obra salvífica de Dios es la figura del
Cristo victorioso. Es el Cristo representado por la cruz vacía más bien que el
agonizante víctima del crucifijo. Cristo ha derrotado al diablo por medio de su
muerte y resurrección (Col. 2:14-15, 20; Apo. 1:17-18). Esto ayuda a los
creyentes en la lucha de la vida cristiana (Ef. 6:10-18), conscientes de que
Cristo es el Vencedor y el Espíritu Santo el Consolador, papeles exclusivos de
ellos.
Satanás únicamente nos puede tentar y no nos puede obligar a ceder.
Así que él NO es responsable por nuestros pecados. Dios nos prometa que con su
ayuda no seremos "tentados más de lo que" podemos soportar, porque
podemos resistir (1 Co. 10:13; Stgo. 4:7). Además, tenemos protección
espiritual (Ef. 6:11-17) y otras armas contra él (1 Pe. 3:15), los cuales
incluyen una mente inteligente para glorificar a Dios (Mt. 22:37; Ro. 12:2;
Fil. 4:7-8; Col. 3:2) y el Espíritu Santo que mora en nosotros (Jn. 14:16-17;
Col. 2:15).
Concluimos, pues, que no estamos solos en el universo. Creemos en la
presencia de los ángeles benignos y de Satanás y sus demonios y en la derrota
de los malignos por Cristo en la batalla inicial, pero tenemos que reconocer
que, en los umbrales de la victoria final sobre estas fuerzas malignas[24], no todos que dicen ser
mensajeros angelicales lo son. Existen en el mundo doctrinas de demonios (1 Ti.
4:1-2), y por lo tanto hay religiones, iglesias y sectas dominadas por ellas. A
veces estos "espíritus" (Heb. 1:7) engañan a las personas y por eso
hay que "probar a los espíritus" para ver cuáles son de Dios y cuáles
no lo son (1 Jn. 4:1). Por eso Dios ha revelado ciertos criterios para juzgar
cuáles son las verdaderas y cuáles las falsas.
¿Cómo podemos reconocer a los ángeles del Señor y los otros, los
supuestos espíritus de luz y de verdad? No es fácil, porque "Satanás mismo
se disfraza como ángel de luz" (2 Cor. 11:14) y con astucia trata de causarnos
a extraviar del Cristo verdadero (11:3) y cegarnos a su verdad (4:4) y así
derrotar el propósito divino. Pero hay por lo menos tres criterios que nos
ayudan. Primero, sus enseñanzas tienen que estar de acuerdo con las enseñanzas
reveladas en la Biblia. Los dos criterios más importantes para esto son Cristo
y las enseñanzas apostólicas y bíblicas[25]. Si un ángel del cielo trae
otro evangelio[26] que no sea el genuino de la
iglesia primitiva debe ser rechazado (Gá. 1:8-9; 2:16) junto con sus
seguidores. Sabemos también que son falsos si enseñan que la muerte nos lleva
al próximo paso en la evolución espiritual del hombre. Segundo, siempre los
ángeles de Dios dan honor al Señor y negarán ensalzar a sí mismos u otras cosas[27] o seres. Tercero, actuarán
como siervos de Dios, y eso significa que a veces serán mensajeros del juicio
de Dios como en el caso de Zacarías (Lu. 1) y Giezi, el siervo engañoso de
Elías (2 R. 4-8).
Cabe señalar en conclusión unas precauciones esenciales en la vida cristiana. Primero, nunca debemos iniciar contacto con los ángeles. Eso excluye su evocación, la consulta de líderes de la nueva era, "El Sabio línea Síquica" y los espiritistas, la oración o el rezo a ellos, la meditación en ellos, la visualización de ellos, los cuartzos, la escritura mecánica o vestimentas de los colores apropiados para ellos. Aunque hay buenos, también hay los malvados del mundo oculto y a uno no es fácil determinar cuál responda. Ya que en la Biblia los que venían de Dios hacía visitas inesperadas, hay que ser sospechosos de cualquier visitación que ocurra de la iniciativa humana. Segundo, nunca debemos pensar en los ángeles como un medio de alcanzar a Dios. Debemos orar directamente a Dios mediante Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre (1 Ti. 2:5) en el Espíritu Santo. Tampoco son sustitutos por Dios que nos conceden siempre nuestros deseos egoístas sin que reconozcamos nuestros pecados. Finalmente, nunca debemos dar a los ángeles el honor que no merecen. Son solamente espíritus que ministran a favor de Dios y enviados a servir a los herederos de la salvación (He. 1:14). ¿Qué piensan los ángeles mensajeros de Dios acerca de sí mismos? Cuando Juan se postró delante de uno en una segunda aparición (Apo. 22:8-9), el ángel dijo que era un siervo igual al apóstol y que había que adorar a Dios solamente. Por eso no le permitió arrodillarse delante de él. Así que debemos dar toda la gloria y el honor a Dios, pues sólo Cristo salva.
[1]Ver "El misterio de los OVNIS y los
extraterrestres" en Las doctrinas sanas y las sectas malsanas
(DSySM), II: 164-175.
[2]Ver James Leo Garrett, h. en su Teología
sistemática (El Paso: CBP, 1996), I:376-409. Ha sido una fuente
principal para esta Sana Doctrina.
[5]Otros vocablos referentes a ángeles son el vigilante
('ir), usado solamente por Daniel y en tres ocasiones en el mismo pasaje
(4:13, 17, 28) y los serafines (serafim), únicamente en Isa.
6:2-3, "los poderosos", "el mediador" y "los
ministros".
[7] Se identifica únicamente a Miguel como Arcángel
(Jud. 9) y es el líder de un ejército de ángeles en una época de gran peligro
(Apo. 12:7).
[8]Algunos promulgadores de esta interpretación han
sido los Padres de la Iglesia, E. Y. Mullins y Billy Graham.
[10]Para Kittel son ángeles. Entre los siete títulos
para los ángeles encontrados por Langton en el Apocalipsis están los siete
espíritus, los ángeles de las siete iglesias, los cuatro seres vivientes, los
"ángeles por sobre los elementos" y los ángeles de Miguel.
[12]Compara las personas en el pasado como José Smith y
Mahoma y en este siglo Benny Hinn, Kenneth Hagin y William Branham.
[13]Ver "Preguntas y respuestas acerca de la
Biblia" en DSySM (I:249-257) y "Compartiendo nuestra fe
con los católicos", en La Sana Doctrina (Marzo - Abril,
1997), 4.
[14]Ver "El movimiento Hare Krisna" en DSySM
I:214-222, y "Compartiendo nuestra fe con los católicos" (Marzo -
Abril, 1997).
[24]Para ejemplificar esto unos teólogos han usado el
día de victoria sobre los nazis con la cabeza de playa en Francia en 1944. Tal
vez otro ejemplo puede ser en la victoria sobre Saddam Hussein en la guerra del
Golfo Pérsico.