LOS EVANGÉLICOS[1]
EN PUERTO RICO DESDE EL SIGLO XIX
Por: Dr. Donald T.
Moore
Durante cuatro siglos de colonialismo de España
dominaba en Puerto Rico el catolicismo español.
El gobierno y la Iglesia Católica Apostólica y Romana se unían para
evitar la entrada de los no católicos y las publicaciones protestantes a la
isla. Aun se utilizaba la Santísima
Inquisición cuando era necesario.
Existía libertad de religión únicamente para la Iglesia oficial del
estado.
No obstante, los precursores audaces e intrépidos del
movimiento evangélico lograron penetrar la defensa Católica. José Antonio
Badillo Hernández (c. 1812-c. 1889) adquirió una Biblia ilegal del comerciante
I. Heiliger y en el barrio Maleza Alta de Aguadilla comenzó a leerla no
solamente para sus propios conocimientos sino para compartir sus enseñanzas con
sus familiares y vecinos. A pesar de los esfuerzos de la Guardia Civil Española
de confiscar ese libro sagrado e inspirado y así acabar con la compenetración
de sus enseñanzas, los Bíblicos, los primeros evangélicos, no dejaron de
compartir su mensaje en el barrio la Montaña también. Cuando el misionero presbiteriano llegó a
esos barrios después de 1900 descubrió una comunidad que ya demostraba el mismo
espíritu evangélico que se manifestaba con frecuencia en toda la isla el
siguiente siglo. Ya Badillo había
organizado la primera escuela en su barrio, ya había establecido el primer
centro de salud de emergencia en su casa y ya se daban servicios de predicación
en distantes barrios del municipio de Aguadilla.
Durante el siglo XIX otros intrépidos precursores del
movimiento evangélico lograron establecerse en la isla de Vieques y en la
ciudad señorial de Ponce. Unos
emigrantes de las islas británicas caribeñas comenzaron a adorar a Dios
conforme a su fe Anglicana y a formar una escuela para la enseñanza de sus
niños. Lograron permiso oficial de Madrid para establecer una escuela y una
iglesia en Isabel Segunda, Vieques. De manera parecida en Ponce con la
intervención de la Reina Victoria de Inglaterra se obtuvo permiso para la
formación de una iglesia en Ponce con la condición de que observaba ciertas
restricciones y limitaciones.
Con la Guerra Hispano-americana en 1898 los Estados
Unidos establecieron su dominio sobre la bella y estratégica isla tropical del
Mar Caribe. Inmediatamente las
sociedades y juntas misioneras de varias iglesias evangélicas en los Estados
Unidos comenzaron a interesarse en la entrada de sus misioneros en Puerto Rico,
Cuba y las Filipinas. Este interés y
deseo de cooperación entre ellas se cristalizó en 1899 en una reunión de los
ejecutivos de las iglesias presbiterianas, las bautistas Americanas, las
congregacionalistas y la Iglesia Metodista Episcopal en Nuevo York. En una reunión significativa oraron
arrodillados alrededor de un mapa de la isla pidiendo la dirección divina para
poder cubrirla toda y de una manera que evitara la hostilidad y la competencia
misionera de parte de las diferentes denominaciones evangélicas y luego
dividieron la isla en cuatro áreas de responsabilidad que fueron asignados a
las cuatro juntas. De esta manera
esperaban cubrir la isla más económicamente y a la vez demostrar la armonía y
unidad de un cristianismo común. En la
misma isla se hicieron otros ajustes en las asignaciones territoriales para
acomodar a los Discípulos de Cristo, la Alianza Cristiana y Misionera, los
Hermanos Unidos en Cristo, la Iglesia Cristiana de los E.U. y la Iglesia
Luterana Evangélica en América del Norte.
Las iglesias Anglicanas en Vieques y Ponce fueron
entregadas a la Iglesia Episcopal y James VanBuren, su primer obispo misionero
en la isla, comenzó a planificar escuelas en la parroquia de San Juan y en
Ponce y ayudar la colonia de personas enfermas con lepra. En Mayagüez se inició
una escuela primaria. También en Ponce
se compró terreno para establecer un hospital. Hoy el Hospital San Lucas es uno
de los más prestigiosos en el suroeste de la isla. Más tarde los anglicanos extendieron su labor
a Manatí y a Peñuelas donde también se manifestó su preocupación por contribuir
a la situación de poca preparación académica y el desempleo.
La sociedades misioneras de las Iglesias Bautistas
Americanas enviaron sus primeros misioneros en 1899. Se establecieron sus primeras obras en el
norte y sur de la isla, aunque pronto se establecieron también en los pueblos a
lo largo de la carretera principal entre San Juan y Ponce y aun llegaron hasta
Yauco y Guánica. Se preocuparon mucho
por el desarrollo del liderato nativo y su preparación académica, abriendo una
escuela ministerial en frente de la Universidad de Puerto Rico[2]. También se vieron obligados a defender la
libertad de culto en los tribunales de la isla a pesar de que ese derecho
constitucional estadounidense ya se declaró aplicable a Puerto Rico.
Los luteranos entraron en la isla cuando se formó una
iglesia de habla inglesa y otra de habla hispana en 1900 que pasó de San Juan a
Cataño donde poco después abrieron una escuela parroquial y extendieron su obra
a Bayamón.
Para 1900 las iglesias congregacionalistas comenzaron su
obra misionera en Puerto Rico por medio de un programa de escuelas debido a la
alta incidencia de analfabetismo en la isla. Su escuela en Santurce que al
principio fue a nivel primario y secundario operó con el nombre del Instituto
Blanche Kellogg hasta 1942. Su escuela
en Lares fue entregada a los Presbiterianos de esa zona cuando decidieron
concentrar sus esfuerzos en la parte oriental de la isla. Además de operar escuelas y establecer iglesias,
se interesaron en la salud del pueblo. Al principio tuvieron clínicas en
Fajardo, Naguabo, la Playa de Humacao, las Piedras y Yabucoa. Luego
establecieron el Hospital Ryder Memorial en Humacao pensando en la salud de las
familias y en particular de las mujeres y los niños.
Los Metodistas también aunaron sus esfuerzos a las otras
iglesias evangélicas en la evangelización en los áreas de responsabilidad. Junto con el desarrollo y la construcción de
iglesias, desde un principio reconocieron la necesidad de establecer
escuelas. Su primer escuela, el
Instituto Washington, se fundó en San Juan en 1900. También establecieron
orfelinatos en Arecibo y en Santurce y en 1910 en Hatillo fundaron el Instituto
Industrial George O. Robinson. Otra
característica de su expansión fue la designación de pastores-maestros; eran
predicadores responsables para la educación de adultos analfabetos. También se interesaron en los problemas de
salud del pueblo, abriendo dispensarios en Ponce, Guayama y Patillas.
El primer misionero de los Discípulos de Cristo entró en
la isla en 1899. Como los Metodistas,
los Discípulos de Cristo se interesaron en orfelinatos para niños y niñas en
Bayamón, pero debido a los gastos excesivos decidieron concentrar más en la
obra evangelística. Los Discípulos
también demostraron un interés pasajero en la obra médica misionera.
En su zona principal en el oeste de la isla los
Presbiterianos desarrollaron su obra misionera enfocando cuatro áreas, el
evangelismo, la educación, la obra social y la salud. En Mayagüez convirtieron
el edificio usado en la Santa Inquisición en templo presbiteriano. En Aguadilla los Bíblicos unieron a esta
iglesia y en los otros pueblos los misioneros formaron otras iglesias. Como de costumbre formaron escuelas primarias
en conjunto con las iglesias, adelantando típicamente a las escuelas públicas.
Además en Mayagüez y Aguadilla concentraron en obra industrial y centros de
cuidado diurno. En San Germán el
misionero John W. Harris (1876-1956) vio la gran necesidad de educar a los
niños desamparados y comenzó clases en el barrio de Santa Rosa en 1907. Por iniciativa propia logró comprar terrenos
para una escuela y añadía un grado cada año. Poco después la misma se convirtió
en el Instituto Politécnico que él administró hasta 1938. Luego, en 1956 esta
institución educativa se convirtió en la Universidad Interamericana, que para
1991 cuenta con más de 40,000 estudiantes. Es la institución privada más grande
de educación superior universitaria en Puerto Rico con once unidades en San
Germán, Aguadilla, Arecibo, Ponce, San Juan, Barranquitas, Guayama y
Fajardo. En ella se ofrecen estudios en
materias tan divergentes como la fe cristiana, ciencias en computadora,
ciencias naturales y la música y títulos desde grados asociados a doctorados.
Los presbiterianos establecieron otras instituciones de carácter social
educativo en Lajas, Mayagüez y Aguadilla.
Otra área de las misiones era la médica. Como resultado de su visión compasiva
cristiana en 1904 los presbiterianos establecieron el Hospital Presbiteriano en
el Condado de San Juan y luego comenzaron la primera escuela de enfermería en
Puerto Rico. También por unos años
operaron un dispensario y el Hospital Rye en Mayagüez.
Las misiones de los Hermanos Unidos en Cristo concentraron
su obra en el sur de la isla. Además de
establecer iglesias uno de sus misioneros se encargó de la obra de publicación
que en 1912 se convirtió en Puerto Rico Evangélico, el periódico
ecuménico más importante en la historia de Puerto Rico. Esta publicación cesó en 1973. Otros dos grupos evangélicos, la Alianza
Cristiana y Misionera y la Iglesia Cristiana de los EE.UU. concentraron en la
obra evangelística; la primera en el norte y la otra en el sur. Los Adventistas del Séptimo Día entraron en
la isla por el oeste y se dedicaron al principio en la obra evangelística y
médica. Hoy cuentan con el Hospital Bella
Vista en Mayagüez y el Colegio Adventista de las Antillas de nivel
universitario y muchas escuelas primarias en diferentes pueblos de la isla.
Durante estos primeros años se fomentó la cooperación
entre las denominaciones evangélicas y se logró la formación de una
organización ecuménica que se llamó la Federación de Iglesias Evangélicas que
auspició el periódico Puerto Rico Evangélico. Con el tiempo se
transformó en la Unión Evangélica de Puerto Rico.
Desde 1916 al 1930 la obra evangélica en Puerto Rico
alcanzó lentamente ciertas metas. Se adelantó el sentido de unidad entre los
evangélicos al unirse en diferentes actividades, tales como campañas
interdenominacionales usando el lema "Puerto Rico para Cristo", el
periódico interdenominacional, la cooperación en la preparación de pastores en
la formación del Seminario Evangélico de Puerto Rico en 1919 cerca de la Universidad
de Puerto Rico en Río Piedras y ciertas conferencias veraniegas para
ministros. En 1918 comenzaron a cooperar
también en un proyecto de misiones en San Pedro de Macorís en la República
Dominicana. El iniciador de la iglesia
evangélica y sus primeros pastores fueron puertorriqueños. Además durante esta época algunas misiones
evangélicas lograron desarrollar una obra sostenida y dirigida por el talento
nativo. Las iglesias con gobierno
congregacional tuvieron más éxito en el área de sostenimiento propio que las
otras.
En 1916 los primeros pentecostales arribaron a la
isla. Los puertorriqueños Juan L. Lugo y
Salomón Feliciano comenzaron su labor en la Cantera de Ponce. Estos tenían un
estilo de adoración muy entusiasta, causando una controversia en esa ciudad
señorial. Sin embargo, pronto el
movimiento pentecostal se extendió a Arecibo, a Santurce, a Mayagüez, y a la
parte oriental y montañosa central. Su penetración en los sectores rurales fue
significativa. Este movimiento adoptó el
nombre de Iglesia de Dios Pentecostal, Inc. al principio, pero posteriormente
se cambió la última parte a Movimiento Internacional. Su preocupación principal era la salvación de
las almas y la sanidad divina. Su mayor
éxito se manifestó entre el pueblo de extrema pobreza.
Durante los próximos veinte años desde 1931 al 1950, que
abarca la época de la gran depresión mundial, se escenificó un fermento
denominacional en la isla. La Unión
Evangélica fue reemplazada por la Asociación de Iglesias Evangélicas en 1934
que a su vez continuó la publicación del Puerto Rico Evangélico e
inició labor entre los universitarios.
Aunque se discutió ampliamente la formación de una sola iglesia
evangélica en la isla, solamente las iglesias congregacionalistas, los Hermanos
Unidos en Cristo y la iglesia Cristiana de los EE.UU. lograron unirse para
formar la Iglesia Evangélica Unida de P. R., que también ha auspiciado
programas de educación y de salud.
Mientras tanto los Discípulos de Cristo experimentaron un despertar
espiritual extendiendo su obra ampliamente en el sector de Guaynabo y Bayamón.
En general la administración de las denominaciones
continuaron en manos de los líderes eclesiásticos norteamericanos y el
sostenimiento propio de la obra se logró entre las iglesias Pentecostales, la
Alianza y los Adventistas del Séptimo Día, pero las demás iglesias continuaron
dependiendo grandemente de sus iglesias auspiciadoras en los EE.UU.
Durante dos décadas nuevos concilios pentecostales
iniciaron su labor en la isla, a saber, los Defensores de la Fe, la Iglesia de
Cristo en las Antillas, la Iglesia de Cristo Misionera, la Iglesia Pentecostal
de Jesucristo, la Iglesia de Dios Inc., las Asamblea de Iglesias Cristianas,
Samaria Iglesia Evangélica y la Iglesia de Dios Misión Board. Solamente dos de estas
no tuvieron su origen en la isla. La
única denominación evangélica no pentecostal que entró en la isla durante este
período fue la Iglesia del Nazareno que llegó en 1943 con miras hacia el
evangelismo exclusivamente.
Otros proyectos evangélicos de servicio social se
establecieron en la isla para la época de la Segunda Guerra Mundial. Varias
iglesias en los Estados Unidos que fomentaron entre su membresía la objeción
por conciencia a la guerra establecieron tres programas. La Iglesia de los Hermanos iniciaron el
primer proyecto en 1942 en la cordillera central en Castañer, un barrio aislado
entre Yauco, Lares y Adjuntas. Sirvió
como centro de salud, de educación y de recreación. El siguiente año los Menonitas comenzaron su
proyecto que daba énfasis en el servicio médico, la construcción en la
comunidad rural y ayuda social en el sector del Rio de la Plata de
Aibonito. Con el tiempo establecieron el
Hospital Menonita en ese pueblo y escuelas en otros sectores de la isla. Ese mismo año los Cuáqueros comenzaron el
proyecto de vida rural en Yuquiyú dirigido a fortalecer los servicios de las
escuelas rurales, los proyectos de la comunidad, los dispensarios y clínicas
médicas. Además en 1948 la Iglesia Presbiteriana inició el proyecto en el
Guacio cerca de Las Marías. Estaba
dirigido al servicio de familias en la zona rural. Ofrecieron servicios
médicos, formaron escuelas, cooperativas de agricultores, talleres para
fabricar muebles y de la aguja. Los metodistas hicieron algo parecido en la
isla de Vieques y los episcopales transfirieron un proyecto similar de Peñuelas
a Sant Just cerca de Trujillo Alto.
La era desde 1951 al 1991 ha sido una de mayor autonomía
para el movimiento evangélico en Puerto Rico.
La Asociación de Iglesias Evangélicas se reorganizó en 1954 con el
nombre de Concilio Evangélico de Puerto Rico.
Aunque su membresía variaba, nunca tenía menos de seis miembros. El
Concilio trató de fomentar una expansión evangélica más sistemática en el área metropolitana
de San Juan, la cual crecía rápidamente. También se daba cuenta de que el viejo
acuerdo territorial ya estaba obsoleto. La vasta mayoría de los pastores de las
diferentes denominaciones evangélicas eran nativos y casi todos los
administradores a nivel isla también. En
el área del sostenimiento propio de las iglesias[3] los logros
eran menores en las denominaciones tradicionales con formas de administración
más centralizadas, mientras que las denominaciones pentecostales no solamente
se sostenían en casi un 100% sino también sufragaron los gastos del envío de
misioneros nativos al exterior, incluyendo a los EE.UU., la América hispana y
Europa. El crecimiento continuó entre
casi todas las denominaciones, aunque no al mismo ritmo.
Nuevos movimientos evangélicos llegaron a la isla desde
el exterior y otros se originaron dentro de la misma. Entre los nuevos en llegar desde el exterior
eran los Metodistas Wesleyanos, los cuales establecieron una escuela en el área
metropolitana de San Juan, los Bautistas del Sur, los independientes y los
conservadores, las Asambleas de Dios y el Ejército de Salvación. Además de un
hogar para ancianos y un colegio en Aguadilla los Bautistas del Sur han
manifestado una gran preocupación por ministrar a la población sorda de
aproximadamente 78,000 personas, con sus once centros en sus iglesias en toda la
isla, mientras que el Ejército de Salvación se ha preocupado constantemente por
el fomento de programas sociales para el bienestar del pueblo. El Ejército de Salvación desarrolló programas
de drogadicción, incluyendo el alcoholismo, y abrieron tiendas de ropa y
enseres de medio uso para los pobres.
Además los pentecostales han demostrado considerable preocupación por la
rehabilitación de los adictos a las drogas y al alcohol con varios centros a
través de la isla. La drogadicción que
se manifestó como un problema de gran importancia especialmente entre las
personas de las edades entre 20 y 30, cobró interés en Puerto Rico a partir del
1960. Para los comienzos de la década de
los 1970 ya existían en Puerto Rico seis programas evangélicos en contra de la
adicción a drogas[4],
aproximadamente equivalentes a la tercera parte de los programas privados
existentes en el País. Por ejemplo, Teen
Challenge de Puerto Rico comenzó en 1965 entre los varones esencialmente como
una extensión del programa de David Wilkerson en los EE.UU. En el 1974 surgió otro programa, New Life for
Girls, con un enfoque similar para ayudar a las mujeres. Para 1986 había 20 centros evangélicos en 17
municipios. Estos constituían el 51% de
todos los centros privados de tratamiento de drogadicción en la isla.
Actualmente la influencia evangélica se ha extendido a
través de los medios de comunicación no sólo por emisoras de radio sino de
televisión. Existen por lo menos 15
emisoras de radio, propiedad de iglesias o ministerios independientes
evangélicos y varios canales de televisión.
La primera emisora evangélica en español[5] fue
radio Redentor WEPR-FM en 1975; tenía unos propósitos evangelísticos, otros de
naturaleza social para ayudar a los pobres y combatir la criminalidad. En 1988 el canal 64 pasó a ser propiedad de
la Iglesia Defensores de la fe en Bayamón y parte de su ministerio. Actualmente
existen un estimado de 5,500 templos evangélicos y aproximadamente 70
puertorriqueños evangélicos sirviendo como misioneros en el exterior.
La preocupación por el bienestar del niño también ha
florecido entre los evangélicos. Con ambos padres empleados hacía falta centros
de cuidado diurno para los niños. Para
julio de 1990, ya existían varios programas en diferentes pueblos de la isla[6]. Además
las necesidades de los niños con impedimentos había tocado los corazones del
pueblo evangélico y para a mediados del siglo se fundó la Evangelical School
for the Deaf de Luquillo.
Desde los principios los evangélicos diseminaron copias
de la Biblia[7] a
nivel isla tanto a sus propios feligreses como a los católicos. Usaron el
español en las reuniones, los cultos y las escuelas. Por lo tanto, en cuanto a
la cultura hispánica fomentaron el uso del lenguaje maternal y el modelo por
excelencia de ello fue típicamente la versión Reina Valera de la Sagrada Biblia
que se expresa con una belleza sorprendente para una traducción. Esta enseñanza
de la Biblia en lenguaje español también elevó al pueblo culturalmente, ya que
la Biblia es no solamente un libro sagrado sino también un libro de gran
erudición con gran influencia en las letras de la literatura de la madre
patria. Se enseñaba casi a diario, pero en especial semanalmente en sus
escuelas bíblicas de los días de reposo.
Es muy significativo que en la educación el movimiento
evangélico no solamente establecía sus propias escuelas donde había necesidad,
pero también fomentaba y apoyaba las escuelas públicas con el fin de vencer la
ignorancia, analfabetismo y los prejuicios de los pasados siglos. Cuando los evangélicos llegaron a principios
del siglo XX, encontraron que la ruralía estaba carente de programas y
planteles de educación y que existían muy pocas escuelas aun en los pueblos.
Ellos veían a la educación pública y privada como una fuerza libertadora de la
pobreza, tanto espiritual como económica, de tantos pobres del país. Han
demostrado preocupación por la niñez, la familia, los enfermos, inclusive los
leprosos del leprocomio, los universitarios, la criminalidad y el deterioro en
el medio ambiente.
Hay representantes evangélicos en diferentes áreas de la
cultura de las artes y las letras. Se le reconoce a Don Abelardo M. Díaz
Morales (1885-1950), oriundo de Toa Alta, editor de Puerto Rico
Evangélico por muchos años y padre de Abelardo Díaz Alfaro, como el
periodista por excelencia. También Luis
C. Otero, el editor de muchos años de El Evangelista Pentecostal,
influyó mucho en el movimiento pentecostal.
En términos de escritores y pensadores evangélicos del país están
Domingo Marrero Navarro (1909-1960) de Ponce, autor de varios libros y ensayos[8], Angel
Mergal Lleras (1909-1971) de Cayey, autor de varios libros religiosos de
significación[9],
Juan Francisco Rodríguez[10],
Gilberto Robles[11],
Miguel Limardo[12],
Tomás Rosario Ramos[13], Samuel
Silva Gotay[14],
Luis N. Rivera Pagán[15] y el
botánico Ismael Vélez[16]. También ha habido aportación al arte pictórico
por Sonia Badillo Rivera y a la música sacra que abarca los muchos coritos
anónimos, los compositores y los directores de coros. La arquitectura de los
templos también es notable en la cultura y su medio ambiente.
[1]Este vocablo es mejor que el término protestante, aunque a
veces se usa como un sinónimo.
Históricamente y más correctamente hoy la segunda palabra se refiere a
la Iglesia Luterana en Alemania. Además se ha usado para despreciar el
movimiento cristiano no-católico romano.
También del lado positivo para el vocablo evangélico, en
el Congreso de Panamá en 1916 los obreros en América Latina decidieron que era
el término más apropiado para describir correctamente a su propio
movimiento. Se evidencia esta
preferencia histórica en Puerto Rico en la selección de los nombres de Puerto
Rico Evangélico, Seminario Evangélico
de Puerto Rico, el Concilio Evangélico y los antecesores de éste. A mi juicio, se debe respetar cualquier
movimiento usando el nombre que los integrantes prefieren, siempre y cuando sea
posible, en vez de usar un apodo, a menos que ese grupo decida aceptarlo. Además en este documento agrupa varios
movimientos que surgieron varios siglos después de la Reforma Protestante del
siglo XVI. Por consiguiente no tuvieron
nada que ver directamente con ella. Las características típicas de estas
denominaciones incluyen la aceptación de la Biblia como su única autoridad, una
actitud cristocéntrica, la creencia en la Santísima Trinidad, la justificación
por la fe y más énfasis en la moralidad que en el rito. Además normalmente
practican dos sacramentos u ordenanzas de la iglesia en vez de siete y tienen
ministros y pastores casados en vez de sacerdotes.
[2]Años más tarde abrieron otras escuelas en Barranquitas, Carolina,
Caguas, Puerto Nuevo y otros pueblos de la isla.
[3]A pesar de las acusaciones de algunos motivados por su enfoque
político, este escritor nunca ha visto evidencia alguna que apoyara el vínculo
de la C.I.A. con movimiento evangélico alguno en Puerto Rico.
[4]El Hogar Nueva Esperanza de Vega Alta; Teen Challenge of P.R., Alcance
Juvenil, SILO (Misión de Refugio y Rehabilitación Cristiana, Inc.) de Vega
Baja, Camp McPherson de Juncos y Bethesda entre Río Piedras y Caguas.
[5]Desde la década de los 1950 la emisora evangélica de WIVV en Vieques
transmitía programas principalmente en inglés.
[6]Se encontraron en los pueblos de Vega Baja, Dorado, Carolina, Río
Grande, Canóvanas, Río Piedras y Santurce. Algunos fueron auspiciados por las
iglesias incluyendo la Luterana y las Bautistas y otras organizaciones
evangélicas.
[8]Los fundamentos de la libertad,
Meditaciones de la pasión, El centauro, "Puerto Rico y Simón el cananeo", "Sartre y el
concepto cristiano de la tragedia", "Crítica de la ciencia y concepto
de la filosofía en Ortega", y "Relaciones esenciales entre la
filosofía y la teología".
[9]Puente sobre el abismo,
El agraz, Arte cristiano de la predicación, Defensa de la
educación demócratica, Reformismo cristiano y alma española, "Evangelical Catholicism as represented by Juan de Valdés",
Puerto Rico: enigma y promesa, "Erasmo de Rotterdam (1465-1536)",
De semántica musical y otros estudios, El reino permanente.
[10]El arte de sonreír, Cuando invade la tristeza, La felicidad posible,
El privilegio de llorar y otros ensayos, El ángel de la bondad, We have seen
the Lord.
[12]Luces encendidas, Una pequeña nube, Roberto Clemente: la luz sobre las
olas, Por los caminos del dolor, Una sola pasión
[13]Ideas, personas y cosas, Antena en lo Alto, Historia de los Bautistas
de Puerto Rico (1969 y 1979), Abelardo M. Díaz Morales, El abrigo del Altísimo,
Obreros de la segunda milla.
[14]El desarrollo del pensamiento revolucionario en la iglesia
latinoamericana contemporánea y sus implicaciones para la teoría sociológica de
la religión, El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina, La
tecnologización de la universidad o el fin de la utopía.