DIOS,
SU CREACIÓN Y LA NUEVA ERA
Por: Dr. Donald T. Moore
Existen dos relatos de la creación en Génesis que
tienen una relación complementaria especialmente al informarnos acerca de Dios,
el Creador y su creación. El primer relato se narra en 1:1‑‑2:4 y
el segundo en el resto del capítulo 2. Iluminan las doctrinas cristianas en
relación con el politeísmo, el panteísmo y la divinidad del hombre.
Dios y su relación con su creación material física (1:1‑‑2:4)
Una de las cosas más importantes del primer relato
de los siete días de la creación es la relación de Dios con ella que a la vez
señala unas características de El.
La primera es su trascendencia; Dios trasciende su
creación. Dios es más allá de su
creación, es externa a ella, no forma parte de ella, se encuentra afuera de
ella. Que Dios es trascendente es el
término técnico en la teología y la filosofía para esta relación. En términos de la historia de la redención
eso quiere decir esencialmente que El es soberano. Si usamos un cuadro o un círculo para
representar el universo, entonces Dios se encuentra externa a él. Esta peculiaridad de Dios nos señala con
claridad que Dios no es un Dios finito, limitado y restringido por los procesos
del tiempo y el espacio, sino que Dios se encuentra externa a esos factores
limitantes. No se trata de un pequeño
"dios" luchando eternamente adentro del proceso con la masa
inmoldeable de materia, tratando de vencerla, pero impotente de hacerlo.
¿Dónde en el primer relato señala a Dios como
trascendente? Ocho veces en capítulo 1
expresa esta relación en términos de lo que ocurre en el mismo momento en que
Dios ordena la creación o formación de algo.
Dicha relación se ve primero en versículo 3, donde dice, "Dios
dijo...y así fue". Se manifiesta,
por lo tanto, su gran poder, porque se forma al instante lo que no existía
anteriormente y no transcurre tiempo entre el medio del decir y el hacer. Eso en sí deja entrever que Dios no forma
parte de lo que todavía no existe. El
universo no es, por lo tanto, eterno, porque comienza a existir junto con el
tiempo. También demuestra su gran poder
sobre todo lo que antes era inexistente y que comenzó a existir ‑‑
es decir, todo el cosmos. Es muy notable
que se repite la misma fórmula en este relato siete veces más (1:6, 9, 11, 14‑15,
20, 24, 26‑30). Así recalca una y
otra vez la trascendencia de Dios.
Debido
a que El se encuentra externa a su universo, nos enseña claramente que Dios no
es un Dios panteísta. El panteísmo presenta a un dios que forma una parte
integral dentro de los procesos evolutivos del universo. Se trata de un ser divino que está luchando
por librarse de las limitaciones inherentes en la materia física del
cosmos. La idea panteísta es que dios se
encuentra dondequiera, porque forma parte del todo. Para expresar la omnipresencia de Dios es
mucho mejor decir que El está presente dondequiera; de esta manera se
elimina esa matiz panteísta que conceptúa a Dios como una parte del todo.
En
verso 26 existe otro indicio de que Dios es trascendente. Se traducen las palabras del Creador de la
siguiente manera, "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra
semejanza..." o "Hagamos al
hombre; se parecer a nosotros".
¿Por qué la primera persona plural?
¿Por qué "a nosotros"?
¿Sugiere el politeísmo ‑‑ que hay más que un Dios? ¿Existen muchos dioses que el hombre y la
mujer se parecen?
Unánimemente la historia hebrea y cristiana de la
interpretación de este pasaje rechaza toda sugerencia de politeísmo aquí
(únicamente el profeta mormón José Smith abraza la pluralidad de dioses pero
basándose en una visión). Algunos
intérpretes sugieren que se trata de un anticipo de las tres personas de la
Santísima Trinidad. Otros sugieren un
concilio de ángeles en el cielo. Hay
otra posibilidad. Puede sugerir la
soberana de Dios sobre el universo y los procesos históricos. En este caso sería una referencia a los
poderes plenipotenciales del Creador. La
misma clase de expresión se usa hoy para dirigirse a ciertas personas
poderosas. Se dice "vuestra
majestad" o "vuestra santidad" a pesar de que el rey o el Papa
sea una sola persona. La expresión plural,
entonces, sugiere la grandeza de Dios, su soberana, su majestuosidad, sus
poderes plenipotenciales y no una pluralidad de seres. Concluimos, pues, que en el primer relato se
nos presenta a un Dios trascendente.
Indiscutiblemente este primer relato también nos
presenta a Dios como Creador o Hacedor del mundo que surge en sólo siete
das. Pero hay que preguntar, qué es lo
que Dios crea? Es obvio que creó un
mundo material físico que era bueno, porque siete veces (1:4, 10, 12, 18, 21,
25, 31) se describe su creación como bueno, o bien, o muy bueno; cada expresión
traduce la misma palabra del hebreo. No
hay nada en el mundo material que El no calificó como bueno. Para Dios el Creador todo, sin excepción, se
clasifica como bueno; es siete veces bueno ‑‑ no una sóla. Una parte esencial de este mundo material
bueno lo es el cuerpo humano tanto el del hombre como el de la mujer. Una parte de el cuerpo es la naturaleza
sexual que Dios califica como bueno, y aun "bien bueno" (1:31). Para El la sexualidad humana no es algo
defectuosa, sucia, pecaminosa o despreciable.
Además Dios creó un mundo material real ‑‑
hizo un cosmos que realmente existe, un universo que no es una ilusión o
invención de la mente humana. No es
imaginario o ilusorio. Tampoco es nada
más que un concepto mental fabricado por el cerebro humano. Los objetos materiales realmente existen
externa a la mente. No desaparecen
cuando no hay nadie para verlos. El
mundo no es un espejismo que uno nunca alcanza por no existir en la realidad.
El apoyo para la realidad del mundo material físico
aparece en versos 26 y 28 donde Dios delega al hombre una responsabilidad
administrativa. Le da instrucciones para
dominar a los animales y el mundo. Dados
los atributos de la perfección de Dios, es imposible concebirle responsable de
mandar al hombre a dominar algo inexistente.
El mismo mandato supone la existencia real de las cosas. De otra manera sería un engaño. Esta misma premisa cristiana de la realidad
de lo material sirvió de base esencial para el desarrollo en el occidente de
las ciencias naturales y de la profesión moderna de la enfermera. El cuerpo del ser humano también es real, es
tan real como el alma. Sería incorrecto
suponer que Dios ama únicamente el alma, ama también el cuerpo humano. Tanto el cuerpo como el alma son importantes
entidades reales ‑‑ las dos creadas por Dios y calificadas como
buenas.
La relación de Dios con el ser humano
Según el primer relato, aunque el ser humano forme
parte del mundo físico, tiene una relación peculiar con su Creador. Por lo tanto, el hombre trasciende lo
material; no es un ente exclusivamente material. La más clara indicación de esta relación se
expresa en versos 26‑30, donde aparecen las palabras "imagen" y
"semejanza". Estas dos
palabras se encuentran en un trozo poético como el formato en verso lo
demuestra en la Versión Popular de Génesis, y una de las características
hebreas de la poesía es el paralelismo sinónimo. Debido a esto, ambas palabras son dos
expresiones para la misma idea; son expresiones equivalentes. No tienen sentidos diferentes. Además, contrario a José Smith, un
autoproclamado profeta de muchas visiones a principios del siglo pasado,
necesariamente tenemos que entender esa imagen como una espiritual en vez de
una física, porque Dios es Espíritu (Gén. 1:2; ver también Juan 4:24).
Se puede entender por lo menos tres sentidos básicos
de lo que significa imagen: el hombre es
un ser espiritual, personal y administrativo.
Al decir que es un ser espiritual queremos decir que tiene la capacidad
para relacionarse con Dios, que puede hacer contacto con El, que puede entablar
relaciones con El, que puede unirse con El, que tiene una capacidad para
conocerle y comunicar con El personalmente, que Dios hizo al hombre para
entablar relaciones inmortales, eternales y permanentes con su Creador. As significa que en unión con Dios el hombre
puede vivir para siempre. Además como
ser espiritual es un ser dependiente.
Eso mismo sugiere la palabra imagen.
Una imagen es una copia del original, y como tal depende de este para
adquirir significado, propósito y dirección en su vida.
Al decir que el hombre es un ser personal implica
que tiene personalidad y esté consciente.
Un ser viviente personal tiene una mente y una inteligencia para
razonar, pensar y meditar. Es un ser
pensante. Tiene voluntad, una volición o
una facultad de querer; puede tomar determinaciones y hacer decisiones, puede
optarse por o escoger entre alternativas.
Por eso como ser personal es responsable por sus actos, porque tiene
libertad; eso le hace una criatura moral que tiene que responder ante su
Creador por sus decisiones y acciones.
Puede obedecerle o es capaz de desobedecerle, pero tiene que rendirle
cuentas. Tiene libre albedrío. Además como ser personal es un creador como
su Hacedor. Puede crear, inventar y
originar ideas y cosas. Puede, por
ejemplo, originar piezas musicales de incalculable valor o hacer arte bello, o
escribir literatura nueva y estimulante.
Es evidente que como ser personal vive en comunidad. Es un ser social, vive en familia; es varón e
hembra (1:27); puede procrear o reproducir su raza.
En tercer lugar el hombre es un ser
administrativo. El primer relato
definitivamente lo especifica en v. 28 donde el Creador le delega al hombre
responsabilidades en la tierra, en particular el dominio del mundo y de los
animales. As que el hombre es un pequeño
señor, es el vicario de su Creador en la tierra. ¿Hasta dónde extiende la orden de
dominar? ¿Cuáles cosas debe dominar
(1:28‑30)? ¿Incluye esa autoridad
delegada el espacio, los planetas, la galaxia y el universo entero? El uso de la palabra mundo en su contexto
histórico es importante para la interpretación aquí. No fue hasta después de la Edad Media que la
palabra "mundo" o "tierra" llegara a significar el planeta
donde vivimos. En los tiempos de Moisés
no exista el concepto de nueve o diez planetas en un universo heliocéntrico o
de nuestro sol en los suburbios de la vía láctea. Por lo tanto cuando leemos esas palabras en
Génesis 1, desde el punto de vista de la exégesis no sería lícito limitarlas al
sentido de hoy. No hay prohibiciones
específicas para el hombre en cuanto al espacio; esto da lugar a la posibilidad
de que Dios permita al hombre explorar y ocupar el espacio con sus planetas y
diversas galaxias sin rebelarse contra El.
"Jehová (Yavé, el Señor), el hombre
y su medio ambiente" (Gén. 2:4‑25)
El segundo relato de la creación contiene un triple
tema sobre Dios, el hombre, el medio ambiente y las relaciones de estos. Se identificó el segundo relato por sus
rasgos peculiares que lo diferencia del primero. En capítulo 2:4 por primera vez aparece el
nombre personal del Dios del antiguo pacto, que luego se repite reiteradamente
en todo el resto del relato. Aparece
once veces junto con el nombre Dios que solito aparece treinta veces en el
primer relato. Además mientras el
primero describe la creación en términos generales y de siete das, el segundo
concentra principalmente en el hombre y sus relaciones con Jehová Dios y
otras partes de la creación sin especificar das, aunque evidentemente se llevó
a cabo el sexto da.
¿Qué nos dice este segundo relato acerca de Yavé
Dios? Primero, nos dice que Dios el
Señor es personal, pues se conoce su nombre propio. No se trata de un Dios impersonal sin
características propias de un ser personal.
Los cuatro consonantes en el hebreo que representan su nombre son YHWH o
JHVH que han sido traducidos y transliterados en diferentes formas. Cerca de cuatro siglos antes de Cristo los
judíos prepararon la Septuaginta, una traducción del Antiguo Testamento del
hebreo al griego. Esta versión, usada
por el apóstol Pablo en el primer siglo, traduce ese nombre de Dios como kurios,
que traducido al español quiere decir Señor.
Por eso algunas versiones de la Biblia en español como la Versión
Popular usan Señor para traducir el nombre personal de Dios del Antiguo
Testamento.
Otros traductores prefieren transliterar el nombre
usando las letras latinas equivalentes a los sonidos o letras en el
hebreo. A través de los últimos siglos
han habido dos formas principales, Jehová y Yavé. Los dos se derivan de los cuatro consonantes
hebreos del nombre de Dios y las dos formas tienen siglos de uso y aceptación,
aunque hoy probablemente la mayoría de los eruditos del hebreo consideran Yavé
más acertado. Pero lo cierto es que se
perdió la pronunciación en la historia, porque los mismos judíos al tomar
literalmente el tercer mandamiento sustituyeron otra palabra que quiere decir
Señor.
De todas formas en este relato se conoce a Dios por
su nombre particular indicando un Dios personal en vez de uno impersonal. Se trata de un ser divino con características
personales similares a las del ser humano.
El hombre puede tener relaciones personales con El. Además se ve esta característica
especialmente cuando le da al hombre mandatos acerca de los árboles en el
huerto (2:16‑17). Génesis 3 supone
esto también al describir como Dios sola bajar por las tardes al huerto para
conversar con Adán.
Que Dios es un ser divino inmanente es una segunda
característica de Jehová Dios en este relato. Un Señor inmanente es uno que está
cerca del hombre; está próximo a él; está siempre presente; no está
remoto o lejos de nosotros. En relación
con el universo quiere decir que Yavé está adentro de su creación obrando junto
con o en relación con sus criaturas.
Varias descripciones del Creador y la forma que El
crea sugieren esto. Dios mismo da forma
a los primeros animales de la tierra (v. 19) y al primer hombre le sopla en la
nariz (v. 7). Así que Dios está dentro
de su creación formándolos personalmente.
La labor no está delegada a un ángel u otro ser, ni siquiera Miguel
el arcángel. El mismo Señor atiende al
caso en vez de enviar algún ayudante para sustituirle. Además Dios obra dentro de su universo al
plantar o poner árboles y plantas en el huerto (vs. 8 y 9). Su proximidad al hombre y su relación
personal se intensifica cuando conversa con el hombre, llevándole los animales
(vs. 19‑20) y dándole prohibiciones (vv. 16‑17). Cuando decide darle una ayuda idónea, se
describe todo en términos de un Dios actuando con sumo cuidado parecido a un
médico que hace una operación quirúrgica usando la anestesia. Dios mismo hace de la costilla del hombre a
una mujer que le hacía falta.
Todas estas descripciones suponen a un Dios
laborando dentro de su creación. No
contradice el aspecto de su trascendencia del relato anterior. Lo complementa. A la vez que el Dios Creador no está
limitado y sometido por el tiempo y el espacio, tampoco es un Dios distante que
puso en función el universo, que le dio cuerda al mundo y se alejó de él para
reírse de sus dilemas y problemas. Se
trata de un Dios poderoso ‑‑ más poderoso que la creación pero a la
vez uno que no se alejó de ella, pero está pendiente del bienestar de la
misma. As anticipa la Santísima Trinidad
que siempre presenta al Padre como trascendente, pero a Cristo inmanente como
un hombre por 30 años y al Espíritu Santo actualmente inmanente, porque
descendió para estar adentro del mundo y consolar al creyente cuando Cristo
ascendió al cielo. De esta manera Dios
continúa siendo trascendente e inmanente a la vez.
La tercera característica de Jehová es de un
Dios interesado personalmente en el bienestar del ser humano. El hecho de que Dios actúa dentro de su mundo
y no delega estas responsabilidades a un ángel demuestra su atención e interés
personal en el hombre.
En varias maneras se presenta a Dios el Señor con
una profunda preocupación para sus criaturas humanas. Fue Dios mismo quien se preocupó lo
suficiente para personalmente formar al hombre, haciéndole un ser viviente o un
alma (2:7, 18, 22). También El preparó
un medio ambiente saludable para su país de residencia; le proveyó de lo
necesario para su alimentación y el agua de los ríos para otras
necesidades. El hecho de que el hombre
estuvo desnudo (v. 25) nos permite ver dos cosas acerca del medio
ambiente. No hacía demasiado calor o
frío, por eso la ropa no le hacía falta para calentarse o protegerse de los
rayos quemantes del sol. La temperatura
era ideal, la de un paraíso. Además
convivía en paz con los animales; no había insectos como los mosquitos o mimes
que le molestara o picara, así requiriendo el uso de ropa para su protección
(2:8‑9, 19).
La preocupación de Dios por el bienestar de sus
criaturas humanas también se ve en que el Señor les proveyó un trabajo. Les delegó la responsabilidad de cuidar y
cultivar a su huerto (2:15). Quería que
el hombre usara su tiempo de ocio constructivamente. No quería que fuera un vago. Le dio la bendición del trabajo. Además les dio instrucciones y prohibiciones
sobre su medio ambiente. Podría comer de
todo árbol excepto uno (2:16‑17).
De esa manera les dio instrucciones claras advirtiéndoles de futuros
peligros, pero permitiéndoles a ellos escoger entre dos alternativas. Les proveyó libertad y libre albedrío. Eran criaturas responsables a El, porque El
mismo les delegó ciertas responsabilidades, por lo tanto tenían que rendirle
cuentas a El.
Su interés en el hombre incluía su deseo a que el
hombre tuviera una compañera idónea o adecuada para él. Por eso al verlo solo y los animales
incapaces de acompañarlo, hizo una creación especial para suplir esa necesidad
(2:18, 22‑23). A la vez la pareja
serviría como madre y padre para los hijos.
As que estaba interesado a que los hijos vivieran con ambos. Un padre o una madre soltera no bastaba para
la formación de los niños más saludables.
Los hijos necesitaban imitar a los dos y de aprender de ambos. Tuvo, además, una preocupación por la unidad
e individualidad familiar al darles instrucciones a abandonar a sus padres al
formar una nueva familia.
Asimismo se nota una preocupación de Dios por la
salud física del hombre en la intervención quirúrgica al hacer a la mujer. Por medio de la anestesia evitó a que el
hombre sintiera dolor. También le cerró
su cortada, no dejó una llaga abierta que le infectara o doliera. Demostró su interés en que no sufiera el
dolor.
Además en el segundo relato se describe al hombre en
relación con los otros seres existentes ‑‑ los animales, el ser
supremo y su esposa. ¿Cómo se compara la
naturaleza del hombre con la de los animales?
Es el hombre otro animal m s?
Varios detalles en el relato sugieren una relación de desigualdad entre
ellos. El hombre y los animales todos
son creados del polvo de la tierra (2:7, 19), con una diferencia muy
importante; el animal no recibió de Dios el Señor el soplo de vida que recibió
el hombre (2:7). Sugiere as que hay algo
esencial que los distingue a pesar de que las mismas palabras en hebreo narra
la creación en ambos casos. Además el
hombre da nombres a los animales, no visa versa. En la cultura hebrea eso indicaba una
superioridad del hombre sobre ellos. A
la vez supone su habilidad de crear, a lo menos lenguaje que se forma de
palabras que son símbolos; de esa manera sugiere el aspecto racional de su
ser. Asimismo ningún animal le servía
como compañera idónea (2:20); una creación especial a las alturas del hombre
era esencial. Por último existe una
relación singular entre el hombre y Dios que es evidente por la comunicación y
la delegación peculiar entre los dos.
Jehová Dios le prohibió comer cierto fruto del huerto, y a la vez
le delegó la responsabilidad de cultivarlo y cuidarlo por él. No hay una relación comparable de los
animales con Dios.
Todo esto nos sugiere una relación única y más
elevada de lo que tenían los animales. Y
de esto podemos formular una definición más acertada para el hombre de lo que
aparece en los diccionarios racionalistas.
Para su Creador el hombre no se define únicamente como un animal
racional. Es una criatura o ser viviente
racional, espiritual, moral y social.
¿Cómo es la relación del hombre con la naturaleza
eterna de Dios? ¿Es inmortal como
Dios? ¿Su alma ‑‑ es un
pedacito del eterno Dios metido dentro de l?
¿Es el ser humano una parte del Dios infinito o un dios l mismo? En relación con Dios el segundo relato hace
claro que el hombre es un ser creado; es una criatura que tiene origen dentro
del tiempo y el espacio y por eso está sometido a ellos. Yavé hace al hombre dentro de la creación; no
tenía existencia afuera del tiempo y el espacio; por lo tanto a la vez que es
un ser histérico, es una criatura finita ‑‑ no infinita. Dios le avisó de esta realidad al decirle que
si comiera del fruto de cierto árbol, moriría ese mismo da. Por lo tanto, el hombre tiene una naturaleza
mortal, y debido a esa naturaleza Dios hizo un árbol especial para sustentarle
y darle vida perpetua ‑‑ el árbol de la vida del cual podría comer
(2:9, 17) mientras estuviera dentro del huerto (3:24). Está claro que no somos seres inmortales o
pequeños dioses por naturaleza; para ser eterno dependemos de Dios y su
voluntad. No hay pedazos de Dios metidos
dentro de nuestros cuerpos y que al morir estos, vuelvan a formar parte de ese
Dios como una chispa que regresa al fuego o una gota de agua al océano. No somos divinos o eternos en y por s. Nuestra naturaleza es muy diferente a la de
nuestro Dios Creador que es eterno, infinito, trascendente e inmanente.
Las Opiniones contrarias de la Nueva Era
El movimiento contemporáneo y descentralizado de la
Nueva Era (New Age) no se trata de una organización unificada sino consiste de
diversos grupos influenciados por los conceptos panteístas de las religiones
orientales, especialmente del budismo y el hinduismo. Incluyen Hari Krishna, Ciencia Cristiana,
Unity, teosofía, Meditación Transcendental, Silva Mind Control, los seguidores
de los gurus Rajneesh, Da Free John, Sri Chinmoy, todo tipo de meditación,
varios tipos de yoga, interés en los artes marciales como el karate y muchos
seminarios para incrementar la motivación en el trabajo y la vida. Algunas de sus enseñanzas místicas‑ocultas
incluyen la reencarnación y la ley de Karma, la telepatía, la clarividencia, la
precognición (la predicción de futuros eventos), la sanidad psíquica,
experiencias afuera del cuerpo, la divinación, el psicoquinesia (el cambio de
forma de objetos metálicos etc. únicamente por medio del poder mental) y la
percepción extra‑sensorial.
La Nueva Era combina conceptos orientales del
concepto de Dios y del hombre. Según
Douglas Groothuis en su libro Unmasking the New Age sus conceptos
básicos son seis. Primero, su creencia
en que todo es uno es su premisa principal.
En la filosofía esta idea se llama monismo (mono = uno). Se trata de una creencia que todo lo que
existe es uno; todo está interrelacionado e interdependiente; que todo se
compenetra. Significa que en últimas
instantes no hay diferencia entre Dios, el ser humano, una planta y una
piedra. Todos forman parte de una realidad
continua que no tiene límites o divisiones.
Las diferencias individuales y
particulares son solamente apariencias en vez de reales. Sin embargo, para el cristiano el primer
relato de la creación hace referencia a una diversidad de cosas particulares,
eventos y personas, todos creados por Dios y separado de El. El separa la luz de la oscuridad, el da de la
noche, la tierra del cielo y la tierra seca del agua. Creó varias clases de plantas y animales y al
final el ser humano a su imagen. As la
creación no es una unidad homogénea sin diferencias esenciales sino una
pluralidad. La creación no es una unidad
en su esencia, ya que se deriva del plan y propósito de Dios (Col. 1:17).
Segundo, todo es Dios. Todas las cosas ‑‑ plantas,
animales, objetos sin vida ‑ todos forman parte de una sola esencia
divina. Es un concepto panteísta que
elimina la idea de un Dios personal, m s bien lo divino es una fuerza, una
energía, o una conciencia. La realidad
última es dios, que se encuentra en todo y a través de todo. Se trata de
un dios impersonal que es una entidad abstracta a que ellos hacen
referencia frecuentemente usando letras mayúsculas con términos como la
Inteligencia Infinita, el Principio, la Fuerza, la Conciencia y la
Energía. Así que Dios no es un ser moral
que se adora como uno todopoderoso. Más
bien es un ser amoral e impersonal. El
primer relato de la creación definitivamente contradice esto, porque Dios es un
ser trascendente, y el segundo señala que Dios no es una fuerza, o energía, o
conciencia impersonal, sino un ser vivo, personal y moral con un nombre
conocido.
Tercero, la humanidad es Dios. Dios mismo mora dentro de todos
nosotros. No hay distinción entre Dios y
nosotros. Colectivamente somos Dios. El segundo relato y Génesis 3 definitivamente
señalan una brecha enorme entre Dios y nosotros.
Cuarto, para los partidarios de la Nueva Era los
conceptos anteriores exigen un cambio en la conciencia de uno. Exige la re‑educación de las personas
que ignoran que son dioses. Para ellos
el problema básico del ser humano es uno de conocimiento y la salvación humana
consiste en librar lo divino en uno. Sin
embargo, para el cristiano el problema esencial del hombre es el pecado, la
desobediencia o el orgullo como señala Génesis 3. Por lo tanto cada persona tiene que
arrepentirse y poner su fe en Cristo Jesús para salvarse.
Quinto, además la Nueva Era recalca que todas las
religiones son una, pues si todo es uno, y todo es Dios, y nosotros somos dios,
entonces los grandes líderes religiosos son uno ‑‑ incluyendo
Jesús, Buda, Krishna y Mahoma. De manera
que Jesús es solamente una de muchas manifestaciones de Dios en la tierra a
través de las edades. Se descarta la
doctrina de Cristo como el mediador entre Dios y el hombre y en su lugar
sustituye la "cristo‑conciencia" que no es nada m s que
otra palabra para la conciencia del cosmos.
Tampoco según ellos existen el cielo y el infierno sino la
reencarnación. Sin embargo, según la
Biblia Cristo es la única manifestación de Dios en la carne (Juan 3:16, 14:6) y
por eso a través de él es posible la salvación (Hechos 4:12). Jesucristo es muy distinto a los otros
fundadores de otras religiones.
Sexto, se caracteriza por una fe ilimitada en la
evolución cósmica. Significa que la
evolución de la conciencia humana continuar hasta fusionarse todo en el
Uno. Eso quiere decir que el Cristo
está adentro de cada uno y que hay que cobrar conciencia de ello. De manera que la esperanza para la futura
nueva edad descansa en la realización de la humanidad colectiva, lo divino
adentro de nosotros. Desde el punto de
vista cristiano este concepto pasa por alto la realidad de la pecaminosidad
humana y de su separación de Dios señalada en Génesis 3 y en la vida existencial.