Mahoma, el Corán y la Fe Islámica
Por: Dr. Donald T.
Moore
Durante la última parte del siglo XX un creciente
número de musulmanes han emigrado al occidente. Puerto Rico no ha escapado de
esta realidad. Después de la formación del estado independiente de los judíos
en Israel en 1948 algunos musulmanes palestinos llegaron a nuestras bellas
playas, de manera que existe una comunidad árabe de cerca de 5,000 en el país
que busca conservar sus tradiciones culturales y religiosas[1]. La
mayoría proceden de los paises de Palestina, Jordania, Syria y el Líbanon.
Estos emigrantes son tradicionalmente musulmanes ("sometidos a Dios, de
todo corazón, voluntaria y activamente") o de la religión de Islam,
fundado por el profeta Mahoma
El profeta Mahoma (570-632 d. C.) y sus seguidores[2]
Los padres de Mahoma ibn Abdallah pertenecían a la
tribu quoraiquita (quraish), que gobernaba la ciudad de La Meca, Arabia, centro
comercial de caravanas que también controlaba los centros religiosos. Ya que su
padre murió antes de su nacimiento, fue el abuelo quien al recibir noticia de
su nacimiento, fue a la casa de Amina, su madre, recogió al bebé en sus brazos,
dio las gracias a Dios y le llamó "el alabado".
Conforme a la costumbre de la época, durante los
primeros años de su niñez una niñera lo crió cerca de La Meca. Durante los
primeros dos años se veía saludable, pero para los cuatro ya ella no quería
seguir cuidándole debido a que había sufrido numerosos ataques, los cuales le
hacía pensar que el bebé estaba poseído de un demonio. No obstante, se le
convenció a seguir cuidándole, pero cuando tenía cinco años se lo devolvió a su
madre debido a los subsecuentes ataques de epilepsia. Cuando Amina murió al
regresar de un viaje a Medina, le tocó al abuelo criarlo -- pero éste también
murió dos años más tarde. El niño pasó a ser criado por su tío paternal, Abu
Talib, un negociante que hacía viajes comerciales a Damasco y otros pueblos
afuera de Arabia. A la edad de doce años Mahoma le acompañó por primera vez.
Durante su adolescencia crecía como un joven normal. Trabajaba apacentando las
ovejas y cabras de La Meca en las colinas y valles circundantes. Esta cercanía
a la naturaleza dejó una huella permanente en él y en los pasajes del Corán.
Cuando Mahoma tenía 25 años, Abu Talib le dio una
recomendación para que trabajara por Jadicha, una comerciante y viuda acomodada
de La Meca. El la acompañó en un viaje en su caravana mercantil a Siria y ésta
estaba tan contenta con él que en el viaje de regreso se ofreció casarse con
él. Mahoma aceptó a pesar de que ella tenía la edad de 40 años y estuviera
casada en dos ocasiones anteriores. El matrimonio procreó seis hijos de los
cuales los dos varones murieron en la infancia.
Años más tarde la más joven de sus esposas[3] le
describió a Mahoma como un hombre típico que se reía y sonreía mucho, que
remendaba su propia ropa y arreglaba sus zapatos y que ayudaba con los
quehaceres de la casa, especialmente con la costura. Gustaba de la miel y la
carne dulce, de dátiles secas y de pepinillos. Siempre andaba con un palillo de
dientes y era un hombre a quien le gustaban tres cosas, las mujeres, los
perfumes y la comida.
Al principio de 600 d.C. la Kaba en La Meca era un
edificio cúbico de piedra que servía de templo para las 360 imágenes de las
tribus árabes. Adentro había una piedra negra, que según se creía, era de Adán
y luego Abraham la identificó como el lugar para la adoración de Alá. Cuando
una inundación dañó el templo, las familias principales no se ponían de acuerdo
en cuanto a quién debía reponer la piedra sagrada en su lugar. Decidieron
escoger de árbitro al primero que se acercara. Fue Mahoma. Este les instruyó a
que pusieran la piedra negra encima de un manto el cual representantes de las
familias en cada esquina levantaron, permitiendo así a Mahoma guiar la piedra a
su sitio. Más tarde colocaron una cortina negra como velo sobre el edificio
cúbico.
Cuando Mahoma tenía 40 años, la idolatría e
inmoralidad de su pueblo le preocupaban y con frecuencia meditaba en una cueva
de un lado del Monte Hira, unas tres millas de La Meca. Acostumbraba caminar a
la cueva con Jadicha, su fiel esposa. De la cueva el paisaje que se veía era
desértico. Probablemente durante este período compuso unos capítulos del Corán
en los cuales expresaba el anhelo de uno que buscaba al Dios verdadero.
Aunque algunos creen que Mahoma era analfabeto, eso
es muy dudoso. Evidentemente se trata de un esfuerzo de ensalzar la obra de
Mahoma al producir el Corán y así comprobar la naturaleza milagrosa del Libro.
Existen varias razones para no creer que era un analfabeto. Primero, cuando
firmó el tratado con los Mequíes, le obligaron a tachar el título de Apóstol de
Alá. Después escribió que era hijo de Abdallah. Segundo, cuando estaba a punto
de morir, mandó a su esposa favorita a traerle con qué él podría escribir el
nombre de su sucesor -- pero no logró hacerlo debido a la debilidad excesiva.
Tercero, por varios años viajaba con las caravanas como comerciante; ese
trabajo exigía el conocimiento de la lectura, la escritura y la aritmética.
Cuarto, existe un documento que data de 632 d.C. con la firma de Mahoma.
Quinto, tanto como infante como adulto Mahoma vivía entre los beduinos, los más
elocuentes y articulados de los árabes, y aprendió su lenguaje. Sexto, en
96:1-5 del Corán[4],
Gabriel, el ángel de inspiración, le mandó a leer y él leyó. Además se refiere
a él como el que enseña por medio de la pluma.
Tenía sueños y visiones. En una ocasión su mente
estaba tan afectada que pensó brincar por un precipicio y suicidarse, pero de
repente le detuvo el ángel Gabriel sentado en un trono en el cielo y le dijo,
"Mahoma, tú que eres un Profeta del Señor, yo soy Gabriel". A veces
cuando se excitaba mucho, caía en un trance o bajo la influencia de una visión.
Según la tradición, durante momentos de inspiración gotas de sudor caían de su
frente al suelo. Una vez, acostado con su ropa puesta, Gabriel le dijo,
"Levántate y predica". Como resultado de estas experiencias Mahoma se
convenció que estaba comisionado como apóstol, el profeta de Alá, para reclamar
a un pueblo caído.
La primera en convertirse al Islam era Jadicha,
seguida por Alí, el primo de Mahoma, y Zayd, su hijo adoptivo, y luego su
amigo, Abu Bakr, un comerciante pudiente. Cuarenta personas se convirtieron en
sus seguidores y cuando Mahoma comenzó a predicar públicamente, designó al
nuevo camino el Islam, vocablo que señala la sumisión total y voluntaria
a Dios.
No fue hasta que Mahoma comenzara a condenar la
idolatría de los Mequíes que surgiera oposición contra la nueva religión. Le
atacaron a Zayd cuando dirigía el culto de oración. Este se defendió, dando al
otro con un aguijón de camello. Era la primera vez que se derramó sangre en la
causa del Islam.
A medida que el Islam crecía en número, aumentaba la
oposición. Al principio Mahoma animaba a sus seguidores a refugiarse en tierras
extranjeras como Abisinia. Luego para protegerlos hizo un acuerdo con los
paganos en el cual el profeta aceptó a sus dioses como intercesores. Aun recitó
como inspirada una oración que reconoció a Al-Lat, Al-Usa y Manata, las tres
deidades arábicas de La Meca, e instruyó a sus seguidores a buscar su
intercesión. Aunque el acuerdo logró la paz con los Mequíes, pues ahora ellos
también se arrodillaban ante el Dios de Mahoma, en poco tiempo el mensajero de
Alá cambió de parecer. Insistió que lo anterior fuera inspiración de Satanás y
proclamó el mensaje que se incorporó en el Corán. Señala que eran solamente
nombres que no tenían la aprobación de Alá.
Diez años después de comenzar su misión a favor de
Islam cuando Mahoma tenía 50 años, Jadicha, su fiel esposa, murió. Siendo la
única esposa del profeta en ese momento, le dejó muy triste, pero dentro de dos
meses se casó con Sauda, una viuda. También se comprometió con Aisa, la hija de
siete años de edad de Abu Bakr, su mejor amigo. De allí en adelante, cada año
contraía matrimonio con otra mujer hasta tener un total de 15 esposas.
Después de la muerte de Jadicha, Mahoma y Zayd
hicieron un viaje misionero al este de La Meca a Ta'if cuyos habitantes
rechazaron su mensaje, los apedrearon y los hirieron. No obstante, después
Mahoma señaló que unos espíritus se los acercaron para escuchar la predicación
del islam.
Doce idólatras del oasis de Medina en su peregrinaje
a La Meca escucharon la predicación del islam y lo abrazaron. En su regreso a
Medina, casi trescientas millas al norte, comenzaron a evangelizar. Le
escribieron a Mahoma que les proveyera un maestro para instruir a los
creyentes. Durante ese año no hubo ningún crecimiento en La Meca, pero sí en
Medina, y un grupo entusiasta de estos discípulos lo rodearon al apóstol
poniendo sus vidas y propiedades a su disposición. En los próximos dos meses
casi todos los musulmanes se mudaron a Medina con la excepción de Mahoma y Abu
Bakr. Cuando oyeron de un complot para matar a Mahoma, ambos huyeron a una
cueva cerca de La Meca donde se escondieron por tres días. Según la tradición
islámica, fueron protegidos milagrosamente, pues cuando los enemigos llegaron a
la cueva en busca de Mahoma, vieron en la apertura una telaraña y unas ramas
donde veían unas palomas. Todo eso les convenció de que nadie había entrado la
cueva en mucho tiempo. Así que a la edad de 53 años Mahoma huyó de La Meca a
Medina. Emprendió el viaje el 25 de junio de 622 d.C. que hoy se identifica
como la hégira y marca el comienzo del calendario islámico.
Durante su primer año en Medina los musulmanes
construyeron la gran Mezquita y unas viviendas para Mahoma y sus seguidores.
También se casó con Aisa, una muchacha de 10 años.
Cuando oyeron la noticia de que una caravana rica de
los quoraiquitas viajaba de Siria a La Meca, Mahoma mandó 305 hombres a
saquearla. En una batalla en Bedr los musulmanes derrotaron casi mil enemigos.
Entre los enemigos que murieron fue Abu Jahl, cuya cabeza fue colocada a los
pies de Mahoma, y éste exclamó con evidente aprobación, "Para mí ésta es
de más valor que los mejores camellos de Arabia". Se ejecutaron solamente
dos de los prisioneros y los que se declararon creyentes en Alá como el único
Dios recibieron su libertad, pero exigían dinero para la liberación de los
demás rehenes.
Cuando surgió mucha contienda sobre la división del
botín de la batalla, a nombre de Alá Mahoma se apoderó de la quinta parte y el
restante se dividió entre sus guerreros. Ya que Alá había dado la victoria, la
revelación en el Corán hace claro que la quinta parte era para Dios y su
profeta. Además, la batalla de Bedr es significativa, porque por primera vez Mahoma
usó la espada para defender su reclamo de ser el apóstol comisionado por el
gran Dios Alá. La victoria le sirvió de señal de su apostolado.
Pronto un musulmán asesinó a una mujer en Medina en
defensa del profeta. Asma, con lealtad a su antigua fe pagana, compuso versos
acerca de la locura de poner la fe en un extranjero que había causado la muerte
de muchos de sus seguidores en una batalla. Corrió la palabra. Los musulmanes se sintieron ofendidos y
'Umair, un ciego de la misma tribu de Asma, prometió matarla. A media noche
entró al dormitorio donde dormía la señora; le quitó su cría que mamaba y metió
su espada en el pecho, clavando a la madre a la camilla. El día siguiente en la
mezquita, 'Umair informó a Mahoma y el profeta reconoció su acción públicamente,
"He aquí un hombre que ha ayudado al Señor y a Su profeta. Ya no le digas
ciego, sino 'Umair, 'el que ve'." Mientras regresaba a su casa, se
encontró con los familiares de Asma. Estos le criticaron por el asesinato, pero
se defendió públicamente y los amenazó a todos con la muerte. Alarmados, para
evitar el derramamiento de más sangre se comprometieron lealtad a Islam.
Unos judíos, refugiados de Siria, vivieron en un
fuerte en las afueras de Medina. Al principio Mahoma trató de convertirlos
reclamando enseñar el mismo mensaje de Abraham, pero ellos no lo creyeron. El
profeta de Alá decidió usar la fuerza. Demandó que abrazaran al Islam o ser
derrotados como los quoraiquitas en Bedr. Rehusaron, pero un insulto a una dama
musulmana sirvió de pretexto para atacar el fuerte. Usaron la gran bandera
blanca recién usada en la batalla de Bedr. Cuando los judíos se rindieron, uno
por uno fueron maniatados para ejecución. No obstante, Abdallah ibn 'Ubai no
podía aguantar eso, pues ellos habían peleado juntos en la otra batalla y por
eso insistió en que les concediera clemencia. Aun agarró el brazo de Mahoma.
Presionado, Mahoma maldijo a los judíos y a Abdallah y los puso en libertad,
pero los mandó al exilio, confiscó sus propiedades y las distribuyó entre sus
seguidores (cap. 59).
Con ganas de vengarse, 3,000 quoraiquitas de La Meca
se acamparon en Ohod, una montaña tres millas al noreste de Medina. Vestido de
armadura, Mahoma dirigió su ejercito de 1,000 hombres para una batalla al
amanecer, pero Abdallah y 300 hombres le abandonaron y los musulmanes fueron
derrotados. Durante la batalla por equivocación se rumoró la muerte de Mahoma y
sus enemigos dejaron escapar el momento oportuno para atacar el derrotado
ejército musulmán en retirada. Mahoma declaró mártires de la fe y vivos en la
presencia de Alá en el paraíso a los 70 musulmanes que murieron en la batalla.
Ninguna de sus esposas le dio a un heredero. Sólo a
través de Fátima, su hija más joven, se logró perpetuar su nombre. Cuando ella
tenía 17 años, se le dio en matrimonio a Alí, un amigo desde su niñez y un
primo. Le nacieron dos hijos, primero Hasan y luego a Husain.
Mahoma no se casó con todas las esposas con fines
políticos. No fue así el caso de la quinta esposa, la ex-esposa de Zayd, su
hijo adoptivo. Un día vio a Zainab sin su velo y exclamó, "Alabado sea Alá
quien cambia los corazones de los hombres según su voluntad". Zainab lo
oyó, se puso contenta por su conquista, y se lo contó a su esposo. Este fue a
Mahoma y ofreció divorciarse de ella. Al principio Mahoma lo rechazó. Sin
embargo, Zayd la divorció, y Mahoma recibió una revelación de Alá de que el
Señor la había unido a él en matrimonio. Cuando lo oyó, Zainab gozosamente le
dio las joyas que tenía puestas. El matrimonio causó gran escándalo entre los
musulmanes, pero otra vez el profeta recibió una revelación para justificar el
matrimonio[5]
(33:36-40).
Durante su estadía en Medina, Mahoma permitía a los
musulmanes hacer numerosas expediciones de saqueo. En uno sus seguidores
capturaron 1,000 camellos, 5,000 ovejas y un gran número de mujeres y niños.
Entre ellos estaba la bella esposa de un jeque, Juwariyah, por la cual Mahoma
pagó el precio de rescate. Se casó con ella y construyó un salón especial para
recibirla. Su séptima esposa era Raihana, una judía cuyo esposo y parientes
masculinos habían sido masacrados. Cuando Mahoma le propuso el matrimonio, lo
rechazó prefiriendo ser una esclava. Tampoco aceptó el Islam. No obstante, se
convirtió en la séptima esposa del profeta de Alá. Su octava esposa fue Maryam,
una esclava egipcia cristiana. Como una de sus favoritas, demostraba
parcialidad hacia ella, a pesar de la revelación que demandaba trato por igual.
Para solucionar el conflicto causado, emitió una revelación amenazando a las
otras esposas con el divorcio. Debían ser sumisas a él y a Alá, de otra manera
tal vez Dios proveería esposas aún mejores que ellas para el profeta.
La novena esposa fue Safiyya, una judía de Khaibar,
un poblado judío en la ruta hacia Siria. Mahoma aceptó su rendición con la
condición de que se fueran del país dejando sus bienes en manos de los
musulmanes. Entre los cautivos estaba Safiyya, una viuda de 15 años. Un
musulmán le rogó a Mahoma por ella, pero cuando Mahoma vio su belleza, la
escogió para sí mismo. Obviamente no se trataba de un matrimonio con fines
políticos o humanitarios, sino de pasión. Su décima esposa fue Um Habeeba, la
viuda de un ex-musulmán, con la cual se casó en el año 628.
Hubo una segunda batalla o sitio contra Mahoma en
Medina, pero el apóstol siguió el consejo de un persa al hacer una zanja
alrededor del pueblo, una técnica de guerra introducida por primera vez en
Arabia (cap. 33). El ejército de 10,000 hombres de los quoraiquitas y los
beduínos al no poder cruzar la zanja, se dieron por vencidos. Mahoma atribuyó
la retirada a Alá.
Durante el sexto año después de la Hégira los
musulmanes hicieron 17 expediciones de saqueo que sirvieron para extender el
terror del nombre de Mahoma.
Poco después del sitio de Medina Mahoma marchó con
3,000 musulmanes contra 2,000 judíos Quraiza. Los hombres, las mujeres y los
niños se rindieron con el botín. Se le pidió a Sa'd, un jefe musulmán herido,
que decidiera el futuro de los presos. Dijo que las mujeres y los niños debían
ser vendidos como esclavos, los hombres asesinados y el botín dividido entre el
ejército islámico. Mahoma calló los gritos de horror declarando que el juicio
de Sa'd era la sentencia del Señor, pronunciada desde el séptimo cielo.
Durante la noche hicieron zanjas a lo largo de la plaza
del mercado. Por la mañana Mahoma mandó llevar los presos en grupos de cinco o
seis a la orilla donde se les hizo sentar para decapitarlos y dejar caer sus
cadáveres en la zanja. El masacre duró todo un día y parte de una noche cuando
tuvieron que usar una antorcha.
Así el esposo de la judía Zainab, su padre y su
hermano murieron y ella hizo planes para vengarse. Cocinó una cabra con veneno
y la sirvió a Mahoma por la tarde. Se la agradeció, cogió su pieza favorita y
distribuyó el resto a sus amigos, pero escupió el primer bocado al darse cuenta
que estaba envenenado y avisó a sus amigos. No obstante, uno ya había tragado
carne y pronto murió. Zainab justificó su acción diciendo que si Mahoma fuera
un profeta de verdad, sabría que estaba envenenada y rechazaría el regalo, pero
si él era un pretendiente, su muerte habrían eliminado sus problemas.
El crecimiento del Islam entre los árabes continuaba
y cuando Mahoma tenía 60 años dos ciudadanos importantes de La Meca se unían a
él, inclusive uno de sus tíos. Como resultado los ancianos de los quoraiquitas
de La Meca trataron de suspender contacto con los musulmanes, pero la presión
pública les obligó a cancelar la prohibición.
Mahoma hizo una tregua con La Meca por 10 años, pero
a los dos Mahoma decidió que tenía el poder para vencerla. En enero de 630 a la
cabeza de 10,000 hombres marchó a las alturas arriba de La Meca. Su influyente
enemigo Abu Sufyan buscó una oportunidad para entrevistarse con él. En el
encuentro Mahoma le exigió fe en Alá y su profeta. Cuando respondió con duda,
otro musulmán le amenazó con la muerte con su espada si no creyera y
testificara. Abu Sufyan accedió y repitió la formula de fe. Luego se le envió a
preparar el pueblo para la entrada triunfante de Mahoma, para decirles que
sería inútil resistirles. Montado encima de su camello favorito, el apóstol
recitaba el capítulo 48 del Corán y cabalgó siete veces alrededor del Kaba,
tocando la piedra negra con un bastón. Mandó dirigir las oraciones diarias
hacia el Kaba y destruir los 360 ídolos dentro del templo. Personalmente, el
profeta destruyó una paloma de madera, que era una deidad de los quoraiquitas.
Además durante su estadía en La Meca mandó destruir los otros templos paganos y
sus ídolos cercanos. Como consecuencia hubieron conversiones en masa.
A la edad de 63 hizo su peregrinaje final a La Meca,
haciéndolo como un modelo para todos los tiempos. El siguiente año se sintió
muy débil debido a la muerte reciente de un bebé suyo y al veneno de la cabra
de Zanaib. Se disculpó de sus esposas a no poder alternar con ellas, ya que iba
quedarse en casa con Aisa. Luego de dos semanas se le intensificó el dolor.
Desconfiaba de la medicina que sus esposas le dieron, y las obligó a tragar una
dosis en su presencia. El último día de su vida visitó una mezquita por la
mañana, y de nuevo en su casa, débil, mojó su cara con agua y oró, "O
Señor, te ruego, ayúdame en las agonías de la muerte, acércame, O
Gabriel". Después susurró sus últimas palabras, "Señor, concédeme el perdón,
eternidad en el Paraíso, el compañerismo bendito de lo alto". Se acostó y
murió el 8 de junio de 632 d.C. El siguiente día en el mismo lugar donde murió
excavaron su tumba, colocaron su manto rojo en el fondo, bajaron el cadáver y
cubrieron la tumba al nivel del suelo con ladrillos. Hoy su tumba está cerca de
la gran Mezquita de Medina, la segunda más santa entre los musulmanes.
Desde 632 a 661 cuatro califas (sucesores) elegidos
por los seguidores más cercanos al profeta gobernaban desde Medina. El primer
califa, Abu Bakr, mandó dominar las tribus que rebelaron tras la muerte de
Mahoma. Con un ejército de 18,000 avanzó sobre la Palestina y Siria en 634
d.C., derrocó el ejército bizantino dos años más tarde y otros 40,000
musulmanes marcharon a conquistar el norte de África. El segundo califa aceptó
una rendición apacible de Jerusalén y murió apuñalado en la Mezquita de Medina
en 646. El tercer califa fomentó la revisión del Corán y murió asesinado a la
edad de 80 leyéndolo en su palacio. El cuarto también fue asesinado. Muawiya de
la dinastía Omayyid, el quinto califa, gobernaba desde Damasco. En 680 el nieto
de Mahoma, Husain, fue brutalmente asesinado por los Omayyids en Kerbela en
Irak. La contienda entre los Omayyids y Beni Hashim sobre cuál era legítimo
dividió el mundo musulmán y la cisma continúa hasta el día de hoy. Los
chiítas[6],
muchos de los cuales están en Irán e Irak hoy, apoyan la elección de califa Alí
por ser familiar del profeta mientras los Sunni[7] apoyan
la elección de califas por mayoría de votos. Otras divisiones sugieron
posteriormente. Surfismo, una rama mística, comenzó a surgir en Asia
dentro del primer siglo del origen del islam mientras los musulmanes negros surgieron
en los E.U. a principios de este siglo y se asocian con Elías Mahoma (Robert
Poole) y su vocero Malcom X. El nombre oficial del movimiento hoy es la
Comunidad del Islam en el Occidente. El profeta Mirza Ghulam Ahmad (? -1908)
fundó el movimiento de ahmadiya en la India y Bahá'u'lláh (1817-1892) el
de Bahá'í[8] en Iran.
La fe islámica
Los siete Artículos Cardinales de la Fe islámica son
la creencia en la unidad de Alá, en todos sus ángeles, en todos sus libros, en
todos sus profetas, en el día de resurrección, en el día de juicio y en la
responsabilidad personal. El último implica que el poder para hacer cualquier
acción, sea buena o mala, procede de Alá, pero de que somos responsables por
nuestras acciones.
Existen cinco Principios Fundamentales del Islam. El
primero es la declaración de que "No hay otro Dios sino Alá, y Mahoma es
su Profeta". El segundo es la observancia de las oraciones obligatorias y
canónicas cinco veces al día. El tercero es la distribución de una limosna
equivalente a una cuarentava parte de los bienes por un año completo entre los
merecedores. El cuarto es la observación de los ayunos durante las horas de luz
a lo largo del mes de ramadán. El último es hacer un peregrinaje a La Meca por
lo menos una vez durante la vida de uno, si las circunstancias así lo permiten.
El Corán, los libros sagrados y la tradición[9]. El Corán, el libro más sagrado y verdadero del
Islam, estaba escrito en lengua árabe a comienzos del siglo VII d.C. El vocablo
que quiere decir "recitación" significa esencialmente el "texto
sagrado que se recita" y puede referirse al libro entero o una parte de él[10]. El
corán contiene "recuerdos" de los profetas y no su historia (3:58).
Se cree que durante los últimos veinte años de la vida de Mahoma (612 al 632
d.C.) el ángel Gabriel le revelaba todos los oráculos que el profeta pronunció
en el nombre de Alá. Al principio algunos fueron memorizados y otros escritos
en cosas tales como trozos de piel, de cerámica y homoplatos de camello. Menos
de 25 años después de la muerte del profeta se coleccionaron, y se fijo el
texto sagrado por escrito que hoy constituye el Corán después de varias
recensiones.
El Corán consta de 114 capítulos llamados en español
azoras o suras divididos en versículos (aleyas). Su tamaño es aproximadamente dos terceras
partes del Nuevo Testamento. Los títulos de los capítulos aluden al contenido
de ciertas partes del texto.
Su organización no es ni sistemática ni cronológica.
Tiene un carácter más bien fragmentario. Debido a esto existe mucha repetición
de las ideas, a veces de las mismas palabras y frases. Aunque las oráculos
fueron pronunciados en un contexto histórico particular, se les da significado
general o universal. Algunos de los temas principales abarcan la vida después
de la muerte, los ángeles, los profetas o apóstoles, la creación, la naturaleza
del único Dios, las virtudes islámicas, el Pueblo del Libro, la responsabilidad
personal que conlleva castigo o recompensa, la aceptación por fe del último
profeta y su mensaje o su rechazo y las escrituras reveladas. Constantemente se
apela a la fe del lector por medio de promesas de una recompensa en la
presencia de Dios y con frecuentes amenazas de castigo en un infierno de
fuego. Se apela constantemente al miedo.
Las advertencias con frecuencia recuerdan al lector del poder de Alá que todo
lo sabe, todo lo ve, todo lo comprende, pero se le asegura que el arrepentido
que obra en obediencia a Dios y a su profeta encuentra misericordia y perdón.
Aunque los musulmanes afirman creer en otros libros
sagrados revelados por Alá antes de Mahoma, tales como la Ley de Moisés, los
Salmos y los Evangelios, se refieren a las ediciones originales. Para ellos la
Ley de Moisés en el Antiguo Testamento, tal como es hoy, ha sido corrompido y
cambiado por los judíos. Lo mismo hicieron los cristianos a los Evangelios. Por
eso en la práctica el único libro puro, fidedigno y conservado en su estado
original y sin corrupción es el Corán que, según se afirma, contiene el mismo
mensaje que predicaron los profetas de Moisés y Jesús. Todos los profetas
enseñaron la unidad de Dios en consonancia con el santo Corán y Mahoma. Hoy el
Corán es el libro completo (6:38), verdadero, glorioso y divino. Es en realidad
superior a todas las escrituras anteriores en la conservación del su código de
leyes y mensaje revelado por Alá. El restaurado mensaje universal de la unidad
de Dios también es superior por su claridad, consistencia y sencillez y como
tal culmina la revelación de Dios al hombre, la confirma y corrige. Por lo
tanto sirve para leer, estudiar, amonestar, guiar y encontrar misericordia, pues
es el criterio de toda verdad y la verdad absoluta que da certeza. Cuando
ocurren contradicciones entre los textos sagrados cristianos y coránicos, sólo
hay que seguir el Corán debido a que es el único texto conservado por Dios de
toda contaminación o desfiguración. Pero cuando ocurren discrepancias entre los
versos revelados del Corán, el último texto revelado corrige el anterior y
señala lo que es cierto.
Dios
según el Corán y el Islam. Se repite
una y otra vez en el Corán la unidad absoluta de Dios (2:255). Quiere decir que
hay un solo Dios, el cual fue revelado por su profeta y la naturaleza creada
por El. Solo a El es lícito adorar, pues es digno de alabanza y confianza. Se
recalca su unicidad al rechazar todo compañero con El que pudiera servir de intercesor
o consorte. No tiene ni esposa ni hijo, ya que eso implicaría la expresión
animal del acto sexual del cual Dios no tiene necesidad, pues es superior
espiritualmente a las pasiones animales y sin necesidad de nada y de nadie.
Dios no se ha reproducido físicamente, por lo tanto, nunca ha procurado a
ningún hijo o hija y nunca lo hará. Sería indigno de Dios. Por lo tanto, no se
le conoce como Dios Padre, y la Trinidad cristiana es falsa[11].
Alá es un Dios universal, la única Realidad. Las
múltiples señales en la naturaleza y la historia de los profetas en la tierra
enviados por El claramente demuestran su existencia. Se trata de un creador
trascendente que todo lo sabe, todo lo ve, todo lo comprende, tiene todo poder
para hacer todo cuanto le plazca. Está omnipresente; es el único en existir por
sí mismo, todo viene de él, todo camina hacia él. Es totalmente otro (42:11).
Es un Dios con una voluntad para llevar a cabo cualquier cosa lo que desea
hacer sin restricciones aparentes. Se le identifica con los 99 nombres en el
Corán, los cuales se han coleccionado y a veces adornan sus mezquitas.
No obstante su poderío, se le revela en el Corán
como un Juez misericordioso y perdonador para aquellos que se arrepientan y le
obedezcan a El y a su profeta. ¿Ama al hombre? Eso no es una característica
preeminente de Alá, aunque varias veces el Corán señala a quien NO ama.
Dice francamente que este Dios amará a quienes le aman (3:31), hacen el bien
(2:195; 3:76) y se mantienen purificados (2:222). Es decir, se trata de un amor
condicional en todo momento, un amor que hay que merecer, si no, evidentemente
no existe. Su voluntad es suprema, aunque pueda que recompense la obediencia
del musulmán fiel, y los versos revelados expresan gran fe que lo hará. Sin
embargo, Alá nunca está obligado a premiar a nadie con una vida en su
presencia, porque puede hacer al final lo que quiere con toda persona. No hay
santos u otros dioses tampoco que puedan interceder por uno[12]. Su
decisión es ley y final, no existe apelación alguna. No obstante, Alá en su
gracia común es un Dios de la providencia que creó al hombre con un libre albedrío
limitado y que haya enviado a sus mensajeros repetidamente en la historia de
los pueblos con el mensaje verdadero y universal de la unidad de Dios. Además,
está cerca del hombre como su Señor en la oración (2:186; 50:16).
Mahoma
según el Corán y el Islam. Según los
versos revelados Mahoma fue el profeta o apóstol o mensajero que Dios envió a
los árabes con un mensaje universal, reestableciendo la religión de Abraham.
Fue el último en un linaje histórico de muchos otros profetas enviados en
momentos de gran pecado para revelar la unidad de Dios. Los profetas más
importantes antes de Mahoma fueron Adán, Noé, Abraham, Moisés y Jesús, aunque
hubieron muchos más. El nombre de Mahoma como el último y más grande de los
profetas forma parte del credo constantemente repetido por los musulmanes:
"No hay otro Dios sino Alá y Mahoma es su Profeta". El Corán se
refiere a él como el amonestador y el Sello de los profetas
(33:40) y con frecuencia apela a la necesidad de tener fe en Dios y su santo
profeta. Se deja ver que la obediencia al profeta significa lealtad a Dios
(48:29). Mahoma era solamente un apóstol humano; no era ni Dios, ni el Espíritu
Santo de Dios, ni un ángel, pero un mensajero humano que tenía que ser
consolado en momentos de gran depresión (93:1-11). Además se le permitió a este
amonestador una dispensa especial en su matrimonio, podría tener tres veces el
número de esposas permitidas a los demás musulmanes.
Para el bien del Pueblo del Libro (los judíos y los
cristianos) los profetas anteriores de Moisés y Jesús emitieron profecías
acerca de la futura venida de Mahoma (7:157). Moisés profetizó la venida del
santo profeta en Dt. 8:18[13], pues
Mahoma fue un descendente del hermano de Isaac, el padre de Israel (Jacob), y
fue igual al profeta Moisés (73:15). Además Jesús, el hijo de María, profetizó
su venida (61:6) cuando prometió la llegada de un futuro consolador (Jn 14:16,
15:20; 16:7). Según los musulmanes, el prometido consolador no se refiere al
Espíritu Santo debido a que ya estuvo presente en ese momento. Además, la
palabra en griego (paracleto) es una corrupción del griego Pereclytos,
que es casi una transliteración de Mahoma o Ahmed (61:6)[14]. De la misma
manera el evangelio de San Bernabé lo afirma con más claridad aún.
Los comentaristas musulmanes se refieren a Mahoma
como lleno de misericordia y perdón, el maestro divino, el hombre de Dios, la
persona sagrada del santo profeta, el mensajero verdadero de Dios sin egoísmo,
el último apóstol de la Unidad y de la Verdad y el verdadero sucesor de Jesús.
Estos títulos demuestran la intensa veneración hacia el profeta árabe que
restauró el mensaje verdadero y universal (34:28) de la unidad de Dios.
Jesús
según el Corán y el Islam. Existen
múltiples pasajes[15] en el
santo Corán que hacen referencia a Jesús. Se le presenta como un profeta,
apóstol o mensajero de Dios de la misma manera que fueron Adán, Moisés, Abraham
y otros. Desde luego, cada profeta tenía sus peculiaridades, y Jesús, el
precursor de Mahoma y su ejemplo, tenía las suyas. Nació de la virgen María,
por lo tanto fue el hijo de María, el título típico para Jesús en el Corán.
Tuvo un nacimiento milagroso, pero eso no lo convirtió en el hijo de Dios o en
Dios. Alá nunca ha engendrado a un hijo. El espíritu santo en la vida de María
era el ángel Gabriel. El origen de Jesús fue milagroso, en un sentido análogo con
el de Adán (3:47,59), uno creado por el poderoso creador sin un padre. Cabe
señalar que Jesús siempre respetaba a su madre María y daba limosnas (19:31).
Otro milagro fue cuando el infante Jesús habló con
su madre (19:30-32) haciéndola ver que no era Dios, sino solamente un siervo o
profeta. Por lo tanto, no se le debe de adorar. Según el Corán, Jesús insistía
que era un hombre mortal, negaba que quería ser adorado. Más bien instruía a
otros a adorar a Alá, el único Dios verdadero. No obstante, algunos de sus
seguidores cristianos divinizaron a este hombre. Quienes le llaman el Hijo de
Dios minimizan la gran majestuosidad y el señorío de Alá. Según los versos
revelados, los discípulos genuinos de Cristo Jesús reclamaban ser musulmanes,
seguidores del Islam. El apóstol Jesús predijo la llegada de Mahoma (61:6) y
predicaba el evangelio de Islam; fue un profeta con una misión limitada a los
hijos de Israel, aunque milagrosamente resucitara a un muerto y sanara a
algunos, pero siempre con el permiso de Dios. A través de él Dios le envió la
escritura, la sabiduría, la Torá (ley) y el evangelio. Jesús declaró verídica
la Torá (ley de Moisés) (3:48-50). Proclamó a Dios el Señor de él y de sus
discípulos. Por lo tanto, aconseja a que se teme a Dios y se obedezca a su
profeta. Jesús enseñó a sus discípulos a que diera la otra mejilla en vez de
vengarse (42:40).
Obró otros milagros. Dio vida a unos pájaros de
barro; curó al ciego de nacimiento y al leproso; resucitó a muertos. Pidió a
que Dios enviara una mesa bien servida del cielo (5:114). Entre sus títulos de
este ser creado y mortal eran la palabra o verbo de Dios (133:381), Cristo
(Mesías) (5:19), el hijo de María (3:45) y un espíritu que emana
de él (4:171).
Hubo un complot de parte de los judíos para matar o crucificarle,
pero su plan fracasó, pues Alá no lo permitió, aunque los mismos judíos creían
que el hombre crucificado fuera ese apóstol trágico y no uno que se parecía. A
pesar de que no murió una muerte vicaria o sustitucionaria por los pecados
humanos en la cruz, después murió, fue resucitado (4:158) y vendrá al final de
los tiempos[16]
(43:61), evidentemente con la intención de restaurar su mensaje puro y original
rechazando sus adoradores, pues su vida era una ejemplar (43:59), no uno que
pagara el precio de los pecados de otros. De manera que Jesús no es en ningún
momento un intercesor para cristiano alguno, sino todos tenemos que responder personalmente
por nuestros propios pecados ante el único Dios y Juez verdadero sin mediador
alguno. El rechazo de la crucifixión de Jesús se basa en parte en el compromiso
de Dios de dar a sus profetas victoria en este mundo. Por eso Dios tenía la
obligación de dar a Jesús la victoria dentro del mundo material y una
crucifixión hubiera significado una derrota[17].
La salvación y el pecado según el Corán y el Islam[18]. Alá creó al hombre con un libre albedrío limitado
(8:29; 76:29-30), pero era lo suficiente para que el ser humano fuera
responsable por todas sus acciones. Puede decidir ser bueno o malo. No tiene
responsabilidad alguna por el pecado de Adán, pues el pecado del primer hombre
fue puramente personal. No existe el pecado original (cap. 2). Está claro,
entonces, que la naturaleza del hombre es buena y tiene la capacidad de hacer
todo cuanto Dios le pida. Lo que Dios pide es esencialmente la caridad y la
limosna para otros, los actos religiosos del rezo y sus posturas, la lucha
armada y cierta tolerancia sexual. Para ayudarle decidir debidamente, Dios
envió sus libros divinos para avisarle del peligro y sus profetas, preservados
de todo error y de toda falta exceptuando tal vez algún pecadillo. Todos deben
abandonar el pecado de la idolatría e injusticia y acatar al único Dios y a su
último profeta Mahoma, pues Dios perdona toda clase de pecado a quien quiere
menos el de asociar a otros seres con Alá (4:48, 116).
Las páginas del Corán están llenas de advertencias
del infierno para aquel que no tenga fe y no se someta a la voluntad de Alá.
También está repleto de promesas de una vida de felicidad en un jardín del
paraíso en la presencia de Dios. Por supuesto el ser humano tiene que
arrepentirse de su desobediencia y someterse total y voluntariamente a las
demandas y ritos de Alá. Si obra justicia, hay la esperanza de que al final
Dios le reciba en su gloriosa presencia, pero nadie sabe con certeza su
desenlace hasta la muerte cuando Alá celebrará el juicio final al terminar la
historia. En ese juicio es el individuo mismo quien tiene que responder
personalmente por sus propios pecados; no hay ningún intercesor para él,
llámase santo, dios, hijo de Dios o virgen.
Aunque se refiere frecuentemente a la misericordia,
el perdón y la bondad de Dios, la salvación está vinculada a la proclamación de
la unidad de Dios y la obediencia al profeta -- no a un nuevo nacimiento
espiritual. Para unirse a la comunidad de fe islámica, basta aceptar una simple
fórmula de profesión de fe en Alá y en su profeta.
El diálogo cristiano con los musulmanes
Como cristianos tenemos que dar testimonio de
nuestra fe. Existen varias posibilidades[19] de
presentarlo por medio del diálogo.
El diálogo que reconoce las similaridades. Tanto el cristiano como el musulmán acepta al
"Dios de Abraham". El Islam es aun más radical en su rechazo de la
idolatría y de los otros dioses que el cristianismo. Es una expresión
intensamente leal a los dos primeros mandamientos del Decálogo. Además, hay
mucha similaridad entre el Corán y los evangelios. Ambos aceptan la realidad,
la unidad y la soberanía de Dios. Ambos reconocen la revelación y la
misericordia de Dios junto con la necesidad del hombre a obedecerle
incondicionalmente. Recalcan la responsabilidad personal, pues Dios permite al
hombre pecar, aunque esté en contra de su voluntad. Tienen gran interés por la
resurrección, el juicio final, la vida eterna y el destino final del hombre.
Animan al ser humano a rendirse a Dios y obedecerle y esto envuelve una
decisión de fe, que se define como una confianza incondicional que le
compromete a la persona íntegra hoy a Alá y su palabra.
El diálogo que presenta las demandas radicales de
Jesús mediante una actitud apropiada. Aunque el
islam reconoce al Dios de Abraham y hay muchas similaridades con el
cristianismo, en su esencia es una religión totalmente diferente. Este hecho no
debe dar lugar a actitudes de superioridad, condenación o animosidad de parte
del cristiano. La amistad amorosa y el interés compasivo de Cristo Jesús tiene
que caracterizar al cristiano en su relación con el musulmán. Debe también
ejemplificar la virtud musulmana de la paciencia perseverante que se menciona
con tanta frecuencia en el Corán (12:83). Hay que reconocer que uno tiene que
ministrar a una persona íntegra dentro de los lazos familiares y entre sus
amistades. No obstante, es imprescindible darse cuenta que es incompatible ser
cristiano y musulmán. Las dos religiones mutuamente se displacen. Cuando Cristo
se confronta con uno, existe la posibilidad de responder en fe y rendimiento
personal a él como Señor y Salvador, pero también existe la otra alternativa de
un rechazo y una decisión de poner la fe en otro. Tal decisión puede ser
expresada por medio de la burla, el desinterés o el rechazo respetuoso.
En su debate en Londres en 1985 con un líder
musulmán Dr. Anis A. Shorrosh presentó argumentos acerca de Jesús como Dios
basando sus argumentos principalmente en la Biblia, el Corán y la falta de
conocimiento correcto de las enseñanzas bíblicas por Mahoma, pues este profeta
basaba algunas de sus revelaciones en las creencias equivocadas de sectas
judías y cristianas de su época. También este árabe cristiano destacó la
superioridad de Cristo sobre todos los demás profetas, ya que era un
"varón puro" o sin pecado (19:19) mientras que los demás profetas
pecaron, y eso incluye a Mahoma (47:19; 48:1-2; 33:36-38). Nunca habla el Corán
del perdón para Jesús o un pecado de él, aunque para los otros profetas hay
pecados por los cuales piden perdón.
El diálogo por medio de un testimonio amoroso al
significado práctico de la Trinidad. Para
algunos dar énfasis en el significado práctico de la naturaleza de la fe
cristiana acerca de Dios es más efectivo que un diálogo sobre los puntos
teológicos acerca de la Trinidad.
Un misionero a los musulmanes declaró: "La
mayor diferencia entre el cristianismo y el islam se ve en la creencia
cristiana en que el Espíritu Santo mora en los corazones humanos". Su
morada en el cristiano es la experiencia de comunión entre Dios y el ser
humano. Esta presencia divina de Dios en la misma alma humana, sin ser el alma
humana, es única al cristianismo. Más allá de este hecho es la necesidad del
Hijo. Cristo revela a Dios como el Redentor y el Reconciliador del hombre con
su Creador. De esa manera el Mesías hace posible el compañerismo del Espíritu
Santo de Dios. Aquí hay una diferencia crucial entre las dos religiones
proféticas.
El Corán presenta una revelación de Dios mediada por
el ángel Gabriel y un profeta humano, por lo tanto, no es una revelación que
proviene directamente de Dios, pues Alá no es un Dios que se revela a sí
mismo. Se trata de una revelación de un código de leyes para un estilo de vida.
Contrario a esto, Jesús estaba convencido de que su misión era la revelación
del Padre y que en su propia persona se daba a conocer esa revelación (Jn
8:12-20; 14:6-11; 1:1-18). Entonces, para el cristianismo la doctrina de la
Trinidad como un solo Dios en tres manifestaciones personales y divinas es
tanto necesaria como fundamental para toda la fe.
Únicamente un testimonio expresado con un amor genuino
se debe hacer en cualquier diálogo con un musulmán. Lo mismo aplica a los
momentos esenciales del seguimiento una vez que uno haya aceptado a Jesús como
el Señor. El testigo debe subrayar la realidad de solamente un Dios, pero que
se trata de un Dios que ama personalmente a nosotros sin exigirnos condiciones
o méritos primero. Debe recalcar que este Dios único anhela la respuesta en
compañerismo con el hombre. Así que Dios en Cristo Jesús ha provisto el perdón
y la reconciliación y ha enviado el Espíritu Santo a morar en su pueblo.
El diálogo que presenta un nuevo enfoque de la
moralidad. La perspectiva del cristiano
hacia la moralidad es muy distinta a la musulmana. El cristiano no trata de
llevar una vida de piedad e integridad en obediencia a un mandato dictado y
escrito siglos antes en un contexto y una cultura diferentes. El cristiano no
se siente legalmente obligado a tratar de merecer la salvación pensando
constantemente de un castigo infernal como la otra alternativa. Más bien, el
cristiano trata constantemente de conocer la voluntad de un Dios personal para
su situación individual. Luego busca obedecer esa voluntad motivada por el
agradecimiento a Dios por la salvación ya alcanzada en Cristo. Esto motiva a
uno a acatar a la voluntad del Señor. Esto produce crecimiento en gracia, el
cual a su vez refleja el carácter de Dios en la vida.
Este enfoque presenta la moralidad de una manera
totalmente diferente a la que experimenta el musulmán, pues está privado de
esta motivación precisamente por su creencia en un Dios totalmente
trascendente. El diálogo amoroso y la amistad deben ayudar al musulmán a
descubrir un principio más noble de conducta y una nueva base para las
relaciones personales; sería una conducta derivada del amor incondicional de Dios
en vez de un amor condicional y basado en la ley. Más aún tendrán un poder por
medio de Cristo y el Espíritu Santo de Dios para capacitarlo a vivir conforme a
este nuevo criterio y espíritu de moralidad.
[1]Existe
en la Calle Padre Colón en Río Piedras la única mesquita en Puerto Rico junto
con un centro islámico.
[2]Shorrosh, Anis A. Islam
Revealed: A Christian Arab's View of Islam. Nashville:
Thomas Nelson Publishers, 1988.
[3]Entre las similaridades en la vidas de los profetas Mahoma y José
Smith de los Mormones están la práctica de la poligamia, sus visiones y
revelaciones mediadas por ángeles que hizo posible la producción de nuevas
escrituras, la creencia de la restauración de la verdadera fe religiosa o
iglesia y sus muertes violentas. Ambos dijeron que las escrituras anteriores
fueron corrompidas y fundaron nuevas religiones con gran spíritu misionero.
[4]Las citas incluidas aquí no incluyen el nombre, pues los capítulos se
enumeran consecutivamente en el Corán.
[5]Comp. Azora 33:antes de 50, que le da permiso tener cuatro esposas
más; v. 59 provee reglas por el aislamiento de las esposas ya que pueden hablar
con otros solamente detrás de una cortina. Además después de la muerte de
Mahoma no podrían casarse de nuevo.
[8]Desde la década de los 1940 este movimiento ha estado activo en la
propagación de su fe en San Juan. La Asamblea construyó su centro o templo en
1972-73. El nombre de nacimiento de Bahá'u'lláh ("la gloria de Dios")
fue Mirza Husayn Ali, el cual dio a sus seguidores muchas escrituras sagradas.
En 1863 en Bagdad reclamó ser el Mesías prometido con una revelación
progresiva. Como Mahoma antes de él reclamó ser el paracleto de
Juan 14:16, la segunda venida de Cristo. La meta principal de esta religión es
unificar a la humanidad en un reino religioso. Se puede resumir sus enseñanzas
en las siguientes frases: "una sola humanidad, una sola religión, un solo
Dios".
[9]Ali, Abdullah Yusuf. The
Glorious Quran: Text, Translation and Commentary. El Cairo: Dar al-Kitab al-Masri, 1938. Tomos I y II.
[10]Aun antes de que fuera terminado el libro, se le hacía a Mahoma toda
clase de preguntas, incluyendo el significado de ciertas palabras en los versos
revelados. Con mucho cuidado sus compañeros guardaban sus contestaciones en la
memoria y después las pusieron por escrito.
[11]En su contexto histórico la negación de la Trinidad justamente rechazó
la destorción sectaria de que consistía en Dios el Padre, María la Madre de
Dios y Jesús el Hijo de Dios (72:3). Ver "¿1 + 1 + 1 = 1? ó ¿1 + 1 + 1 =
3?" La Sana Doctrina (Nov.-dic., 1985), I:1.
[12]No obstante, Abraham, Moisés y Mahoma intercedieron por otros por
medio de sus oraciones (VII:135, 155; IX:80, 103?, 114).
[14]Si, según algunos musulmanes afirman, los textos del Nuevo Testamento
no tienen valor, ¿por qué apelar a este texto para autenticar su gran profeta?
[15] 19:16-36; 61:6, 14; 3:31-59, 79; 43:57-64, 163; 23:50; 9:30-31;
4:157-159, 163, 171-172; 6:85; 5:19, 49, 75-81, 112-123; 42:13; 2:36, 87, 235;
33:7; 57:27; 21:91.
[16]Ver "La Segunda Venida y los errores según el Hijo del
Hombre" en La Sana Doctrina IV:2 (Mar.-abril, 1989).
[17]Ver "La Muerte de Cristo ¿qué significa para nosotros?" en La
Sana Doctrina, III:7 (Nov.-dic., 1988). Para el cristiano la cruz
significa lo contrario, era una victoria espiritual a través de una muerte
vicaria en la cruz y la resurrección.