PREGUNTAS Y RESPUESTAS ACERCA DE LA BIBLIA
Dr. Donald T. Moore
¿De
dónde vino la Biblia? ¿Por qué contiene tantos libros? ¿Cuáles fueron los
criterios para su selección? ¿Existen los manuscritos originales? Si no, ¿los
manuscritos que disponemos son confiables? ¿Existe una Biblia católica y otra
protestante? Si es así, ¿cuál es la diferencia entre ellas? ¿Cuáles son los
libros apócrifos o los deuterocanónicos?
¿Cuáles son los conceptos básicos?
La
Biblia es una colección de libros sagrados, una especie de biblioteca santa o
una antología de libros sagrados escritos por diferentes autores a través de
muchos siglos, pero publicados hoy en un solo tomo. El vocablo Biblia se
deriva de una palabra plural del griego que puede ser traducido como
"libritos" o "libros". Originalmente la palabra se refería
a una hoja de papiro proveniente del pueblo Byblos del río Nilo en Egipto.
La
tabla de contenido de la Biblia señala dos divisiones principales: el Antiguo
Testamento y el Nuevo Testamento. La palabra en común en las dos divisiones es Testamento,
que surge de una palabra en latín (testamentum), que significaba
antiguamente alianza o pacto. En el antiguo latín un testamentum
fue un juramento de lealtad que los soldados juraban a su comandante y al
emperador. Traduce la palabra griega (diatheke) que puede
significar cualquier contrato o acuerdo. En la Biblia la palabra testamento no
tiene nada que ver con un documento legal o un legado de los bienes a los
herederos cuando uno muere, sino se trata de libros sagrados que narran el
desarrollo y el contenido de dos alianzas o pactos. En el índice de la Biblia
el testamento se refiere a una serie de libros que narran los eventos e interpretaciones
acerca de los dos pactos que Dios formara sucesivamente con sus pueblos. El
primero es antiguo y el segundo se hizo después y es denominado nuevo.
Esta doble división de la Biblia en Antiguo y Nuevo Testamento se desprende de
una profecía en Jeremías 31:31-34[1] que
predice un nuevo pacto (heb.: berith) después de más de 600 años
de la aceptación del pacto de Moisés en Monte Sinaí y desde el siglo II d.C. se
comenzó a referirse a las dos colecciones sagradas como el antiguo pacto y
el nuevo pacto que forma actualmente la división de las Biblias
cristianas[2].
El
Antiguo Testamento se refiere al primer pacto o alianza que Dios hizo con su
pueblo cuando sacó a los israelitas de la esclavitud en Egipto para el Siglo XV
o XIII a.C. aunque en una fecha anterior ya había seleccionado a Abraham y a
sus descendientes tanto para ser bendecidos como para servir de bendición a
otros (Génesis 12:1-3). La Biblia en hebreo contiene 39 libros en el Antiguo
Testamento. Narran los actos portentosos de Dios en la historia y las
interpretaciones de ellos. En el índice de la Biblia Dios Habla Hoy que
contiene los deuterocanónicos, estos libros se identifican como los Libros
Protocanónicos. La raíz principal de esta palabra es canon[3], que
significa una lista de libros que una comunidad religiosa reconoce como dignos
de ser incluidos entre los libros sagrados, pues son divinamente inspirados. En
este sentido la palabra especifica el criterio por medio del cual la enseñanza
cristiana y el comportamiento han de ser regidos. De manera que se entiende que
el canon de escritura es la lista de libros reconocidos como la regla de fe y
práctica. El prefijo proto significa la más antigua o primera
lista. Por lo tanto, los Protocanónicos fueron los primeros libros de la Biblia
aceptados como divinamente inspirados. Esta primera colección de 39 libros
pueden ser divididos en tres grupos generales.
El
primer grupo de 17 libros son históricos; comienzan con el libro de Génesis
y terminan con Ester. A través de sus páginas se narra principalmente el
desarrollo histórico de Israel desde sus orígenes hasta aproximadamente 400
a.C. Los primeros cinco libros tienen dos nombres: el Pentateuco o los
libros del Torá. Contienen los libros que tradicionalmente se han
atribuido a la pluma de Moisés, aunque desde el siglo pasado existen varias
teorías que los dividen en documentos y los atribuyen a diferentes fuentes. El
segundo grupo consta de los cinco libros sapienciales o de sabiduría.
Comienzan con el libro de Job y terminan con Cantares. Estos libros de
sabiduría contrastan con los libros históricos en que no se preocupan por el
desarrollo histórico del pueblo de Dios como entidad, sino se preocupan por el
individual en cuanto a su comportamiento en la familia y delante de Dios.
Presentan esencialmente una ética religiosa dentro de la sociedad. Hay pasajes
que señalan el comportamiento sabio de los hijos, los padres y las esposas
dentro de la familia. El principal problema religioso-filosófico de
preocupación es el del sufrimiento. ¿Por qué sufre el hombre santo? Es cierto,
sin embargo, que unos cuantos salmos, sí, manifiestan gratitud a Dios por su
divina providencia durante la historia del pueblo de Dios.
Los
17 libros proféticos que comienzan con el libro de Isaías y terminan con
Malaquías es el tercer grupo. Los libros proféticos más largos preceden en
orden a los más cortos, y es a base de su tamaño que se clasifican como
profetas mayores y menores. Esta clasificación no tiene que ver directamente
con la importancia del libro o del profeta en la historia del pueblo de Dios.
La mayoría de estos libros llevan los nombres de los profetas que emitían los
oráculos de Dios durante diferentes épocas de la historia de la redención. ¿A qué
se refieren las palabras profetas, proféticos, y profecía?
Normalmente la primera idea que nos viene a la mente es que tienen que ver con
la predicción del porvenir, una predicción antemano del futuro. Sin embargo,
cuando leímos estos libros descubrimos que eso no es predominantemente su
contenido, sino principalmente contienen un mensaje divino de actualidad de
arrepentimiento para el pueblo de Dios y de allí el significado principal
de estas palabras. Por ejemplo, los profetas advierten a los comerciantes
engañosos a vender sus productos con la medida correcta. Los acaudalados debían
ser justos en su trato con los pobres y dejar de venderlos por un par de
zapatos; las mujeres ricas deben de arrepentirse por dormir en camas de marfil
mientras los pobres no tienen con qué comer. Los idólatras tienen que abandonar
la idolatría y adorar únicamente al Señor. Los religiosos no deben de observar
los días paganos especiales, sino preocuparse por el bienestar espiritual del
pueblo y obedecer el pacto.
Aunque
el sentido principal de la palabra profecía es el de un mensaje de Dios
para el arrepentimiento, segundariamente conlleva una idea en cuanto a
vaticinios sobre el futuro. Las predicciones para el futuro tienen que ver
principalmente con dos temas, el Mesías y el Día del Señor (Yavé, Jehová). Con
frecuencia el Día del Señor se describe en dos términos; para el pueblo
fiel a Dios se trata de un día de recompensa y de luz, pero para el pueblo
infiel se trata de un día de castigo, de condenación y de oscuridad. Un profeta
(Amós 5:18-20) lo describe en los siguientes términos: un día un agricultor
sale de su casa para laborar la tierra de su finca. Comienza a trabajar. Luego
levanta sus ojos y ve que a lo lejos se le acerca un león. Se echa a correr
para su casa, y muy apenitas logra entrar. Cierre la puerta antes de que le
alcance el león, y exhausto y sin respiración, extienda su mano para apoyarse
en la pared de la casa -- pero una serpiente sale de la pared y le muerde! El
mensaje es claro, no hay forma de escapar, el castigo es inevitable.
El segundo
tema principal del futuro en los libros proféticos se trata de las
profecías sobre la esperanza mesiánica[4]. Estas
predicen los antecesores del Mesías y especifican detalles acerca de su
nacimiento, su misión múltiple, su naturaleza y su muerte siglos antes de su
cumplimiento.
La
versión Dios Habla Hoy que contiene los Libros Deuterocanónicos
tiene una lista de nueve títulos que se clasifican esencialmente como
históricos y sapienciales. Son los libros de Tobit (Tobías), Judit, 1 y 2
Macabeos, Eclesiástico, Sabiduría, y Baruc y partes de los libros de Ester
(griego) y Daniel. Otro nombre para estos es apócrifo que quiere decir
"escondido" o "misterioso". Evidentemente es una referencia
a que tienen un origen desconocido o dudoso[5]. Fueron
escritos por judíos durante los tres siglos antes del nacimiento de Jesús en
Belén. Circularon durante el período intertestamentario como libros
espirituales y devocionales y tenían más influencia en Egipto y el extranjero
que en Palestina.
¿Por qué algunas Biblias tienen 39 libros en
el Antiguo Testamento y otras tienen 46?
La primera traducción de la Biblia hebrea a otro
idioma se hizo en Alejandría en Egipto entre 250-150 a.C. La colonia judía veía
que sus hijos estaban perdiendo su idioma hebreo. Por eso, no podían estudiar
la Biblia con facilidad en ese idioma, por lo tanto decidieron traducirla al
griego. La versión griega lleva el nombre de Septuaginta o la Versión de
los Setenta debido a la tradición de que setenta hombres cooperaron en su
traducción. Incluía los libros protocanónicos y los libros apócrifos o
deuterocanónicos. Los judíos que vivían afuera de la Palestina la usaban hasta
los primeros siglos después de Cristo cuando se convirtió en la versión
adoptada por los cristianos del Imperio Romano.
Con
la destrucción de Jerusalén y el templo por el ejército Romano en el año 70
d.C. los judíos palestinos se dieron cuenta de la necesidad de determinar sus
libros canónicos. Ya no podrían contar con el templo para fomentar y servir de
unidad para el pueblo. Seleccionaron los 39 libros sagrados en una reunión en
Jamnia cerca de Jope en la costa al este de Jerusalén en 90 d.C. y así
rechazaron todos los otros libros de la Septuaginta.
Durante
el primer siglo d.C. los 27 libros del Nuevo Testamento fueron escritos y con
el tiempo fueron aceptados como el canon del Nuevo Testamento. Transcurrieron
varios siglos de uso de la Biblia en varias traducciones en varios idiomas. Al
final del siglo IV y a principios del siglo V las iglesias se dieron cuenta de
que debido a los cambios en el idioma latín que hablaba la gente, hacía falta
una nueva traducción al nuevo latín, el idioma principal de Europa en esa
época. Hacía falta algún religioso capacitado a traducir del koiné griego del
Nuevo Testamento y del hebreo del Antiguo Testamento. Lo más difícil era
encontrar un cristiano con los conocimientos del idioma hebreo. El único
capacitado con los tres idiomas fue San Jerónimo, pues lo había aprendido de un
tutor convertido al cristianismo en Siria.
El monje Jerónimo (346/7-420 d.C.), el encargado de un monasterio en
Belén en Palestina, efectuó esa traducción del Hebreo. Después de más de 15
años de labor entre 390 y 406 logró terminar la traducción de los 39 libros.
Pero cuando se le pidió incluir los libros Deuterocanónicos también, no fue a
su agrado, porque no eran parte del canon en hebreo. Por eso no los aceptaba
como libros canónicos. No obstante, decidió incluir traducciones del antiguo
latín ya existentes, aunque tradujo Tobit (Tobías) y Judit del arameo y así
terminó su obra. Se puso por nombre a esta versión la Vulgata, ya que se
trataba de una en la lengua vernácula del pueblo. Esta traducción se convirtió
en la Biblia más usada por la Iglesia Católica Romana en Europa durante los
próximos mil años.
En
el siglo XVI estalló la Reforma Protestante en Europa. En parte fue influído
por el Renacimiento con su gran interés en los idiomas antiguos y clásicos.
Unánime pero independientemente los grandes reformadores Martín Lutero, Ulrico
Zwinglio y Juan Calvino concluyeron que el canon judío del los 39 libros
protocanónicos era toda la escritura divinamente inspirada y así excluían los
libros deuterocanónicos de las Sagradas Escrituras.
A mediados
del siglo en el norte de Italia en el pueblito de Trento el papa convocó el Concilio
de Trento para poner en marcha una Contrareforma Católica. En esa
somnolienta aldea el Concilio hizo dos decisiones claves en cuanto a la Biblia
para los católicos. Primero, determinó que la Vulgata en latín fuera la Biblia
oficial de la Iglesia Católica Romana. Eso quería decir que una traducción de
los textos en hebreo, arameo y griego fuera la Biblia para el uso católico
tanto en la iglesia como para la traducción a otros idiomas. Por eso no fue
hasta el siglo XX que aparecieron Biblias aprobadas por la Iglesia Católica
traducidas de los idiomas originales. La segunda decisión del Concilio de
Trento en cuanto a la Biblia fue su aceptación oficial de los siete libros
deuterocanónicos como libros divinamente inspirados. Desde mediados del siglo
XVI todo católico romano ha venido bajo la obligación de su iglesia de aceptar
los 46 libros en el Antiguo Testamento como divinamente inspirados[6]. Cabe
señalar que esta es la diferencia básica entre las Biblias frecuentemente
denominadas católicas y protestantes[7].
¿Cómo fue preparado y transmitido el Antiguo
Testamento?
Los
39 libros del canon judío fueron todos escritos en hebreo durante un período de
aproximadamente 1,000 años, desde 1400 a.C. hasta 400 a.C. por cerca de 30
autores diferentes. Existen unas porciones cortas en tres de los libros
escritos en arameo, un idioma muy parecido al hebreo.
La
transmisión de estos libros hasta el día de hoy es muy interesante. Por siglos
ciertos judíos, a veces llamados escribas, se dedicaban a copiar a mano con
sumo cuidado el contenido de estos libros sagrados. No obstante, para el siglo
IX a.C. existieron manuscritos con variantes. Los eruditos judíos decidieron
confeccionar un texto unificado de los diferentes manuscritos. Así con gran
cuidado y erudición prepararon el texto masorético y destruyeron todos
los otros manuscritos conocidos hasta ese momento. Así que desde el siglo X
hasta el siglo XX sólo existían copias en hebreo del texto masorético de
esos 39 libros.
En
1947 ocurrió un descubrimiento de gran importancia que haría posible examinar
manuscritos bíblicos que databan desde el siglo II a.C. Un joven pastor de
animales descubrió unos antiguos Rollos o Pergaminos del Mar Muerto
en una cueva cerca de Qumrán del Mar Muerto y Jerusalén. Estos y otros
descubiertos en doce cuevas adicionales durante los próximos años consisten de
pergaminos o fragmentos de 800 documentos diferentes y 127 de ellos textos
bíblicos. La mayoría de los pergaminos están en hebreo, aunque otros en griego
o arameo. Unas cuantas copias de libros bíblicos fueron esencialmente
completas, pero la mayoría fragmentaria. Se encontraron 38 de los 39 libros
canónicos[8] de la
Biblia hebrea. Ester, un libro canónico que narra eventos en Persia en vez de
la Palestina, fue el único que no se encontró en Qumrán. Una comparación con
los Rollos del Mar Muerto y el texto masorético ha podido constatar el
hecho de que este texto era muy confiable y que existían menos variantes entre
los dos textos hebreos[9] que
entre estos y la versión griega de la Septuaginta[10].
¿Cómo se clasifican los libros canónicos del
Nuevo Testamento?
En
el Nuevo Testamento hay 27 libros en las Biblias cristianas[11]. El
criterio principal para la selección de este número fue si el autor era un
apóstol. Los libros se clasifican en cuatro grupos, principalmente de acuerdo a
su género literario. Los cuatro evangelios forman el primer grupo, el
cual se puede dividir en dos. La palabra evangelio surge del
griego y quiere decir "buenas noticias o nuevas". No se tratan de
biografías de Jesús en los términos de hoy. Son esencialmente tratados que
tienen el fin de persuadir a otros de que Jesús era el Mesías profetizado. Los
primeros tres son sinópticos, un término que sugiere que tienen un
enfoque parecido -- desde el mismo punto de vista. Narran esencialmente los
mismos acontecimientos de la vida de Jesús, su pasión y resurrección, pero
varían de acuerdo al interés, propósito y experiencia de cada evangelista o
apóstol y de acuerdo a los intereses de los destinatarios de estos evangelios.
Algunos eruditos opinan que Marcos fuera el primer evangelio escrito y que los
otros dos lo utilizaron como modelo. Otros afirman que las semejanzas se
relacionan mejor con un documento original de las palabras de Jesús que fuera
usado en la preparación de los tres. El evangelio según San Juan se clasifica
como el cuarto evangelio. Su contenido, vocabulario y enfoque es muy
diferente a los sinópticos. Solamente uno de los siete milagros de Jesús antes
de su muerte, la pesca milagrosa, aparece también en los sinópticos. Todos los
evangelios dedican aproximadamente la mitad de sus narraciones de la pasión, la
crucifixión y la resurrección de Jesús.
La
segunda clasificación de los libros del Nuevo Testamento es historia.
Solamente uno de los libros es histórico, los Hechos de los Apóstoles, el cual
es la continuación de la narración del evangelio de San Lucas, y posiblemente
en un tiempo los dos formaron un solo libro. Comienza su narración con Jesús
resucitado dando una comisión misionera y con su ascensión. Narra
principalmente los acontecimientos más importantes de dos apóstoles, Simón
Pedro y Pablo. La primera mitad del libro presenta a Pedro como líder
apostólico de la comunidad de fe en Jerusalén y la segunda mitad a Pablo como
el líder misionero en la extensión del evangelio al mundo gentil. A mediados
del libro los dos apóstoles se encuentran juntos en un concilio en Jerusalén y
coinciden en que los gentiles no tienen que obedecer la ley de Moisés para
recibir la salvación. Culmina la historia de la iglesia primitiva en este libro
histórico con Pablo encarcelado mientras él continúa diseminando el mensaje
misionero en la ciudad capital del Imperio Romano.
El
tercer grupo neotestamentario se clasifica como epístolas o cartas.
Hay 21 en este grupo que subdivide entre cartas paulinas y generales (católicas
o universales). Tradicionalmente las primeras catorce se han atribuídas a la
pluma del apóstol Pablo y las restantes siete a otros apóstoles. La mayoría de
las paulinas llevan el nombre de los habitantes de los pueblos o provincias
donde habían iglesias cristianas aunque cuatro fueron dirigidas a líderes
cristianos y tres de ellas se llaman cartas pastorales. Las cartas generales en
vez de tener un solo destinatario se circulaban entre varias iglesias. Por eso
la designación católica, universal o general. Recibieron el nombre del autor.
El
cuarto grupo se compone del libro de Apocalipsis, que tiene un estilo y
un simbolismo único en el Nuevo Testamento. Es muy probable que fuera el último
libro canónico, el Apocalipsis, y que se escribió al finalizar el siglo I d.C.
Se usó una especie de clave secreto para comunicar un mensaje de esperanza,
seguridad y victoria para el cristiano sufriendo persecución. El mensaje
central es uno que anuncia la victoria de Cristo, de Dios y de su pueblo.
Los
27 libros del Nuevo Testamento fueron escritos en su mayoría por los apóstoles
durante el primer siglo d.C. y todas las Biblias hoy tienen los mismos 27.
Probablemente el primer libro, la carta de 1 Tesalonicenses, fuera escrito para
el año 51 o 52 d.C. y el último para 96 d.C. Aproximadamente 9 o 10 autores los
escribieron, se han atribuido cinco a Juan, catorce a Pablo, dos a Lucas y dos
a Pedro. Todos fueron escritos en el koiné griego, que se trata de un
griego más simple que el clásico y que se usaba en el comercio internacional de
la época. De manera que el Nuevo Testamento fue escrito en el lenguaje que se
hablaba en todo el Imperio Romano, el idioma universal de su época.
¿Cuáles son los códices más antiguos?
Igual
que en el caso del Antiguo Testamento, no disponemos de ninguno de los
manuscritos originales de los libros del Nuevo Testamento. Sin embargo, existen
muchos manuscritos muy antiguos, y cuando se encuadernaban las hojas para
formar un solo volumen, se llamaba códice. Los dos códices más antiguos
casi completos datan desde el siglo IV. Uno, el Vaticano (Vaticanus),
se encuentra en la biblioteca del Vaticano en Roma y el otro, el Sinaítico (Sinaíticus),
en el Museo Británico de Historia de Londres.
La
historia del descubrimiento del segundo es muy interesante. Como su nombre
sugiere se relaciona con el Monte Sinaí. El siglo pasado C. von Tischendorf, un
noble alemán y coleccionista de antiguos manuscritos, estaba de visita en el
monasterio Santa Catalina de la Iglesia Católica Ortodoxa. Como de costumbre
estaba pendiente el encuentro de antiguos manuscritos. Un día en la oficina del
abad o supervisor del monasterio notaba que de vez en cuando éste sacaba hojas
de un manuscrito del safacón y las quemaba con el fin de calentar las manos.
Luego continuaba escribiendo. Al ver las hojas sospechaba de que eran de un manuscrito
antiquísimo. Pidió permiso a examinar el documento en su habitación y se
convenció de que efectivamente se trataba de un manuscrito de gran valor.
Regresó a la oficina del abad y pidió permiso a llevarlo consigo a su país para
examinarlo con más cuidado. Al principio se le negó, pero cuando prometió
fielmente a devolvérselo, recibió permiso. Efectivamente se trataba de un texto
en griego completo del Nuevo Testamento y casi completo del Antiguo Testamento
del siglo IV d.C. No obstante su promesa, nunca se lo devolvió al monasterio,
sino se lo regaló al zar de Rusia. Posterior a la Revolución Bolchevique en
1917 el Museo Histórico en Londres lo compró.
¿Los
títulos, subtítulos y las divisiones en versículos y capítulos forman parte del
texto sagrado? No, puesto que no formaban
parte del texto original. Se hizo la división en capítulos en el siglo XIII y
en versos tres siglos más tarde mientras los redactores de cada versión de la
Biblia han incorporado los títulos y subtítulos como mejor les parezca según
sus propios criterios. Asimismo añaden las introducciones explicatorias a los
libros, las notas al calce y los apéndices.
¿Cuáles
son los argumentos a favor y en contra de los libros apócrifos o
deuterocanónicos? Los principales argumentos a
favor son en primer término que formaron parte de la Septuaginta, la
primera Biblia que los cristianos gentiles seguían como la versión más
importante por siglos tanto en griego como para las traducciones al latín y
otros idiomas. Segundo, los libros deuterocanónicos fueron oficialmente
incorporados dentro del canon por los Concilios de Trento y del Vaticano I de
la Iglesia Católica Romana. Tercero, el canon judío de los 39 libros es un
canon defectuoso, pues fue determinado por religiosos que rechazaban a Jesús como
el Mesías.
Los
argumentos en contra su aceptación como libros divinamente inspirados incluyen
los siguientes. En primer término, no formaron parte de la Biblia hebrea
aceptada como canónica por los judíos en el primer siglo después de Cristo. En
segundo término, Jesús no los usó y no los citó. En tercer término, contienen
enseñanzas que no son consistentes con la instrucción de los libros canónicos,
como la doctrina de las oraciones por los muertos (2 Mac. 12:43) y la
intercesión de los santos.
A
pesar de esto a lo largo de la historia del cristianismo han tenido un valor
devocional, ético e histórico. La lectura puede resultar edificante si no se
usa para establecer doctrinas. Se puede leer y exponer sus lecciones en la
iglesia siempre y cuando esas enseñanzas coinciden con las doctrinas de las
escrituras canónicas. También sirven de fuentes primarias para el estudio de la
historia del período intertestamentario y para ilustrar la providencia de Dios
sobre su pueblo. Por eso hasta a mediados del siglo XVII fueron incluidos en
las versiones de los grandes reformadores protestantes.
¿Es la Biblia un libro puramente humano,
escrito por un hombre?
¿Es la Biblia igual a los demás libros? En algunos
sectores suele decir que ella es como cualquier libro hecho de papel en el cual
el hombre escribe. En nada difiere de ellos, pues el papel aguanta todo lo que
le pongan. Pero, la Biblia es un libro único. No fue escrito por un
hombre como alegan algunos que desconocen la historia de su desarrollo, su
trasmisión y conservación, sino eran cerca de 40 autores a lo largo de un
período de más de 1,000 años. También esa crítica a la Biblia sugiere que
cualquier hombre pudo haberla escrita, pero no fue así. Otros tratan de quitar
su cualidad única diciendo que fuera escrita por hombres. Y ese hecho lo
convierte en un libro puramente humano. Sin embargo, los autores no eran
personas comunes y corrientes, tampoco eran seres humanos sin escrúpulos o con
intereses particulares, sino eran santos hombres de Dios (2 Pe. 1:21) bajo
las órdenes de Dios. En ese sentido todos los libros bíblicos fueron escritos
bajo la inspiración del Espíritu Santo de Dios (2 Ti. 3:16-17).
Además
la Biblia es única en el sentido de que se trata de una antología o colección
de libros. ¿Cuántos otros libros que tú conoces fueron escritos por cerca de 40
autores durante un período extenso de más de mil años? Cabe señalar también que esta obra es
singular en el occidente por su influencia en las grandes obras de las artes y
las letras y por el mensaje sin par del evangelio de Jesucristo. Concluimos,
pues, que la Biblia es y a la vez contiene la Palabra de Dios.
¿Qué hay de cierto en cuanto a los llamados
libros perdidos de la Biblia?
En el Antiguo Testamento existen referencias y a
veces citas a ciertos libros que existían al mismo tiempo de la composición de
los libros canónicos. Incluyen, por ejemplo, los libros de Jaser (Jos.
10:12-14; 2 Sam. 1:18-27), de las batallas de Jehová (Núm. 21:14), de los
hechos de Salomón (1 Rey. 11:41), de las crónicas de los reyes de Israel (1
Rey. 14:29) y de los reyes de Judá (1 Rey. 14:29). No existen hoy, pero en el
caso del libro de Jaser se conservan trozos en las citas bíblicas.
Evidentemente los últimos dos fueron anales de las cortes reales o resúmenes
proféticos de ellas. Nunca fueron aceptados como parte del canon. En ese
sentido nunca formaron parte de las Sagradas Escrituras, y, por ende, no son
libros perdidos de la Biblia. Eran nada más que recursos extrabíblicos a los
cuales los escritores sagrados se hacían referencia.
Además
en el día de hoy existen otros libros apócrifos y seudoepígrafos del Antiguo y
Nuevo Testamento, traducciones de los cuales se publican a veces en tomos que
erróneamente se califican como libros perdidos. Lo cierto es que el
cristianismo nunca los consideró inspirados por Dios.
¿Es cierto que la Iglesia Católica Romana
escribió, escogió y confeccionó los libros de la Biblia?
¿Se trata de un libro católico o de creación
católica? Es esencial señalar que toda la comunidad cristiana jugaba un
papel en la selección de los libros canónicos. Nunca se limitó a la Iglesia
Católica Romana o a sus concilios, como algunos alegan. Estaban envueltos
cristianos en los tres continentes de Europa, Africa y Asia. Por lo tanto, los
cristianos de muchas nacionalidades aportaron algo y muchos de ellos nunca
adoraron a Dios por medio de los ritos latinos y tampoco reconocían al Obispo o
Papa de Roma como su máximo pontífice. Además del criterio de ser apostólico,
se usaban otros criterios para determinar los libros sagrados, tal como los que
respondían a las necesidades espirituales del pueblo cristiano en las iglesias
locales y les ayudaban a crecer en la gracia de Dios. Es mucho más acertado
afirmar que todo el pueblo de Dios seleccionó y preservó los libros que
componen la Biblia que darle crédito a una denominación o secta en particular.
En
realidad, la Iglesia Católica Romana como la conocemos hoy no existía cuando se
concluyó la selección de los libros del canon. De hecho en 325 d.C. el Concilio
de Nicea reconoció la igualdad de autoridad de tres obispos, los de
Roma, de Antioquía de Siria y de Alejandría de Egipto. El Concilio de
Constantinopla (380 d.C.) le concedió la igualdad de autoridad con ellos al
obispo de Constantinopla y más tarde el Concilio de Calcedonia (451 d.C.) la
extendió a un quinto obispo, el de Jerusalén. De manera que durante los
primeros cinco siglos existían en diferentes momentos hasta cinco obispos con
potestades equivalentes. Cabe señalar que algunos teólogos, pastores y obispos
bajo la jurisdicción de cada uno de esos cinco obispos de igual autoridad
contribuyeron a la selección de los libros sagrados de la Biblia. Por lo tanto,
recalcamos que es mucho más acertado decir que todo el pueblo cristiano
determinó cuales libros eran divinamente inspirados y es una equivocación darle
crédito únicamente a la Iglesia Católica Romana.
Además
antes de la existencia de iglesia cristiana alguna, el pueblo de Dios del antiguo
pacto comenzó el proceso de escribir y formular un canon, y eso aplica tanto
para el canon de los judíos de Palestina como el de los de Alejandría. Cabe
señalar también que el papel histórico de los primeros concilios era uno de
promulgar públicamente el consenso ya existente entre las iglesias locales
principales en vez de dictarles. Asimismo es incorrecto decir que su
conservación se debe exclusivamente a la Iglesia Romana, aunque es cierto que
sus monásticos jugaban un papel importantísimo, aunque no exclusivo, debido a
sus bibliotecas guardadas y copiadas dentro de las fortalezas. No obstante,
subrayamos una vez más que no era patrimonio exclusivo de los Católico Romanos.
¿Es cierto que los textos originales sagrados
judíos y cristianos han sido corrompidos y cambiados?
Una alegación de esta naturaleza tiene que ser
evidenciada por documentos históricos. ¿Cuándo, según se alega, o en cuál fecha
cambiaron o modificaron los textos? No lo hicieron entre los siglos II a.C. y
el siglo XX d.C., pues la evidencia de los pergaminos del Mar Muerto hace claro
que los manuscritos del Antiguo Testamento fueron fielmente copiados a mano. De
hecho la evidencia por la fidelidad en los manuscritos es mucho mayor que para
las grandes obras de literatura y filosofía de la Grecia clásica. Tampoco
existe evidencia en los manuscritos del Nuevo Testamento para su corrupción,
aunque existen variantes de menor importancia en los textos que en nada cambia
la doctrina cristiana.
Con
frecuencia la alegación de un texto corrupto es un mecanismo para abrir paso
para una nueva revelación o nuevas revelaciones que no coinciden con la Biblia.
Por ejemplo, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días o los
mormones[12]
presentan únicamente citas de sus líderes y del Libro de Mormón para
evidenciar y constatar sus acusaciones. En cuanto a la confiabilidad del Libro
de Mormón varios testigos mormones retractaron sus testimonios y explicaron
las cuestionables condiciones vigentes poco antes de dar sus firmas. Tal vez
basta el testimonio del libro de José Smith para los que ya tienen fe en su
veracidad, pero ¿dónde está la evidencia en los documentos? No han proporcionado
evidencia alguna de la corrupción de la Biblia, porque sencillamente no existe.
Aunque José Smith comenzó a preparar una revisión de la Biblia, nunca la
terminó y hasta el día de hoy los mormones con sede en Salt Lake City no la
usan[13]. ¡Así
que los mismos mormones no aceptan los cambios que su propio profeta incorporó!
¿Dudan entonces de él?
En
realidad es el Libro de Mormón que ha sido corrompido. Hoy no es
idéntico a lo que era en su primera publicación de 1830, ya que las
alteraciones en las ediciones revisadas de 1921 y 1981 son significativas por
su cambio doctrinal. De hecho en total más de 4,000 cambios han sido
incorporados desde la primera edición.
En
el caso de El Corán y sus alegaciones de corrupción de la ley judía y
del evangelio de Jesús[14] podemos
señalar lo siguiente. Los musulmanes, los seguidores del profeta Mahoma,
diseminen ese libro que creen dictado por el Angel Gabriel. No obstante, faltan
evidencias históricas en él para apoyar y sustentar sus alegaciones. No señala
ningún documento fidedigno que data de los primeros cinco siglos.
Cabe
señalar que tanto las nuevas revelaciones de los mormones como los del
Islam se encuentran condenadas por el apóstol Pablo cuando afirma
categóricamente que toda revelación que difiere de sus enseñanzas apostólicas y
que fuera revelada por un ángel que sean anatema o condenadas (Gál. 1:8-9). Tal
es el caso también de Samael Aun Weor del gnosticismo contemporáneo con las revelaciones
del quinto ángel del Apocalipsis.
Una
técnica similar usó Allan Kardec, el codificador del espiritismo, al insistir
en la imperfección de la ley de Cristo[15]. ¿Qué
podemos decir en cuanto a las alegaciones similares hechas por los líderes de
los movimientos de la Nueva Era? Alegan que la iglesia hizo cambios para apoyar
su rechazo de la reencarnación. ¿Incorporaron cambios en el texto sagrado los
Concilios de Nicea (325 d.C.) y de Constantinopla (553 d.C.)? ¿Eliminaron las
enseñanzas bíblicas que sostenían la reencarnación? La evidencia histórica
señala lo contrario. No apoya en lo absoluto esas alegaciones infundadas.
Otras
personas arguyen que los cambios en los textos ocurrieron en la transmisión de
la tradición oral antes de ser escrita. Normalmente estas personas no entienden
el mecanismo antiguo de la trasmisión oral de pueblos donde se retienen
datos en la memoria por largos períodos
en forma confiable. Este hecho se ha demostrado entre los pueblos primitivos de
hoy. Además solamente una parte de los Antiguo y Nuevo Testamentos fue al
principio trasmitido oralmente -- no así la vasta mayoría de los libros del
Nuevo Testamento. Y se pregunta, ¿dejaría un Dios soberano, santo,
misericordioso y de amor cambios significativos en el evangelio verdadero de
las Sagradas Escrituras?
¿Es la Biblia solamente uno entre varios
libros sagrados inspirados por Dios?
Algunos reclaman autoridad para otros libros
sagrados. Insisten en que otras escrituras reveladas tienen el mismo o mayor
valor de inspiración divina que la Biblia.
Existen
decenas de libros en el mundo que diversas sectas y religiones creen
inspirados. Por ejemplo, para el musulmán El Corán, para el hindú los
cuatro Vedas, los Upanishads, el Bhagavad Gita y los Puranas,
para algunos budistas el canon pali y para otras sectas hay libros adicionales.
Las
iglesias cristianas escuchan la voz de Dios a través de la Biblia, donde la
claridad del mensaje es evidente. Solamente ella es la voz divina inspirada de
autoridad, puesto que es la única fuente primaria para aprender de la vida,
enseñanza y obra históricas de Jesús de Nazaret, el Mesías, quien como Dios
encarnado ha sido el único Salvador que ha dado su vida en rescate por los
pecados del hombre. No solamente los otros libros niegan y contradicen
enseñanzas fundamentales bíblicas sino que en su mayoría dependen de
interpretaciones de una mitología más bien que la revelación de Dios en la
historia. No obstante, muchas religiones y sectas quieren incorporar a Cristo
dentro de su sistema más bien que someterse a su autoridad soberana. Además una
comparación de las doctrinas bíblicas tal como la libertad individual, el
significado del sufrimiento, el significado de la historia y la revelación de
la naturaleza de Dios con las enseñanzas de los otros libros sagrados demuestra
su superioridad como bien se señala en el libro de Hebreos en cuanto al
judaísmo. Lo mismo se puede señalar en cuanto a las consecuencias de una fe
bíblica -- tanto las actitudes y conducta personales como colectivas en
términos de los adelantos y avances dentro de las sociedades -- contrastada con
los frutos de las religiones. De otro lado no olvidemos de la gracia común de
Dios existente en la naturaleza y la conciencia de todo ser humano.
¿Es cierto que Cristo transmitió oralmente a
algunos iniciados una secreta enseñanza esotérica que nunca se puso por
escrito?
Esta es la afirmación del esoterismo que también se
denomina el ocultismo y que incluye movimientos tales como el rosacrucismo y la
teosofía. Una vez más no proveen documentación histórica confiable para
comprobar sus alegaciones. Evidentemente durante su vida Jesús no aceptaba un
conocimiento secreto aparte del texto bíblico (comp. Mt. 11:29, Mt. 15:1-9), ya
que dependía de la palabra escrita (Mt. 4:1-11) y apelaba con frecuencia a
ella. En un momento crítico de su vida insistió en que él había hecho todo
en público y negó rotundamente que enseñaba doctrinas en secreto (Jn.
18:20-21). No ocultó nada. Por lo tanto, es mucho más sabio seguir lo que se
puede evidenciar en cuanto a las enseñanzas de Jesús que suponer que alguien,
alguna sociedad u organización tenga sus enseñanzas secretas que sus discípulos
o iniciados hayan trasmitido oralmente hasta hoy.
De
hecho del círculo más íntimo de los apóstoles de Jesús tenemos por escrito las
enseñanzas de Pedro en sus cartas y en el evangelio de Marcos y las de Juan en
su evangelio, sus tres cartas y su Apocalipsis. Asimismo de los apóstoles
tenemos escritos de Mateo, Pablo y Santiago además del historiador
contemporáneo Lucas. También tenemos las enseñanzas de dos de los hermanos más
allegados al Señor. Con todas estas enseñanzas públicas y apostólicas, no había
ninguna necesidad de transmitir secretas enseñanzas de Jesús -- y en especial
cuando con frecuencia las doctrinas esotéricas contradicen y niegan la
revelación escrita.
¿Existe la necesidad de un solo tribunal
supremo para interpretar la Biblia?
La Iglesia Católica Romana ha sostenido la necesidad
de uno. De hecho insisten en que el papa como el único infalible tiene ese
derecho, pero además recae en manos de la oficina eclesiástica el derecho de
determinar la interpretación oficial cuando la iglesia o algún concilio no haya
declarado la explicación correcta. De un lado, esto puede ser beneficioso, pues
como tribunal supremo ayuda a mantener la uniformidad y unidad de esa iglesia.
De otro lado, es dañino, porque coloca el mensaje y la interpretación de la
palabra de Dios en manos del clérigo de una sola denominación. Y si los laicos
no pueden interpretarla, implica que no la pueden entender y si no la
entienden, entonces, ¿por qué leerla? Y si no la leen, ¿por qué diseminarla?
La
sociedad teocrática de los Testigos de Jehová y su cuerpo gobernante hacen lo
mismo. Insisten en que la Sociedad Atalaya es el siervo fiel en los últimos
tiempos (Mt. 24:45) y que sus
publicaciones dan a conocer las interpretaciones correctas para
alimentar espiritualmente a la muchedumbre.
Pero
ya que las Sagradas Escrituras se dieron para enseñanza, corrección e
instrucción (2 Ti. 3:16-17), deben estar disponibles para la lectura de todos.
Hoy el Espíritu Santo es el maestro por excelencia para su pueblo (Jn. 14:26),
y ya que inspiró el mensaje original y la preservó de corrupción a lo largo de
la historia, este mismo Espíritu de la verdad es el mejor capacitado para
dar a conocer su mensaje a su pueblo hoy (1 Pe. 1:19-21). Y cuando su pueblo
lee la Biblia con comprensión, inevitablemente la interpreta. No obstante,
existen ciertas normas para ayudar en su entendimiento[16].
¿Es cierto que la lectura de la Biblia vuelve
loco al que la lee?
No al contrario es saludable su lectura. Mejora la
calidad de la vida. Trae más felicidad y paz. Ayuda a uno a reconciliarse con
Dios y tener la seguridad de esa vida eterna. Le aconseja a amar y a perdonar
al prójimo. Le ayuda con su relación familiar. Trae prosperidad al creyente
cuando éste busca primeramente el reino de Dios y hace la voluntad divina (Mt.
5:33). Transforma vidas sin sentido dándoles significado y propósito. Cambia la
vida del adicto y del criminal convirtiéndola en algo fructífero. Por eso y
otras razones más grandes hombres de la historia como Alfonso el Sabio, Soren
Kierkegaard, Abraham Lincoln, Rubén Darío y Juan XXIII la han leído y han
recomendado su lectura.
Si
es así como sugieren muchos grandes hombres de la historia, uno pregunta, ¿cómo
surgió la idea de que la lectura de la Biblia puede volver a uno loco? Sospecho
de que se desarrolló como un elemento en una campaña en contra de la
diseminación de la Biblia. El siglo pasado y aun durante la primera parte de
este Siglo XX era un libro ilegal en algunos países hispanos, prohibido tanto
por el estado como por la Iglesia Católica. Esta amenaza de la locura les
serviría como un mecanismo de control o un cuco para infundir miedo y evitar su
busqueda de paz espiritual afuera del catolicismo.
Hoy
otros dicen que la Biblia es un libro anticuado y retrógrado, un producto de
una cultura de antaño para el día de ayer. ¿Es cierto que la Biblia lleva a uno
para atrás en vez de para adelante? Depende como se lee, como se interpreta y
como se practica, pero un libro que enseña a amar y perdonar, decir la verdad,
no robar y no matar en un mundo con tanto odio, mentira y criminalidad, no
puede ser retrógrado
.
¿Por qué algunas traducciones de la Biblia
omiten frases, palabras o versos mientras que otras los retienen?
Esta omisión de ciertos pasajes en las traducciones
más recientes ocurren tanto en versiones en inglés como en español. Se debe
principalmente a los conocimientos actuales basados en los últimos
descubrimientos textuales de los manuscritos en el griego y el hebreo. Algunos
ejemplos son Marcos 16:9-20, Juan 5:4, 7:53 al 8:11 y 1 Juan 5:7.
Por
ejemplo, la Reina Valera (1960) incluye cada uno de estos textos completos sin
ninguna nota aclaratoria mientras la Reina Valera Actualizada no. En el caso de
Marcos 16:9-20, esta última versión escribe el texto entre corchetes, pero con
la misma letra y al final de los otros versos del capítulo, aunque una nota al
pie de la página señala que algunos manuscritos antiguos no lo incluyen. En el
caso de Juan 5:4 señala lo mismo en cuanto a su ausencia en los antiguos
manuscritos, pero incluye una traducción en la nota al pie de la página. Juan
7:53 al 8:11 está escrito entre corchetes con una nota explicatoria al pie de
la página que dice que ha seguido la tradición de algunos manuscritos antiguos
al hacerlo. A la vez señala la práctica de otros manuscritos a colocar este
pasaje después de Lucas 21:38 o 24:53 o de Juan 8:36. En el caso de 1 Juan 5:7
hace el mismo señalamiento en cuanto a los manuscritos antiguos e incluye una
traducción en la nota con una explicación adicional al efecto de que la
autenticidad de la doctrina de la Trinidad no depende de este verso. Luego, da
citas de varios versos en el Nuevo Testamento que apoyan dicha doctrina.
La
Biblia de Jerusalén, una versión católica considerada por muchos como una
traducción excelente, incluye Marcos 16:9-20 como parte del texto sagrado y en
una nota al pie de la página dice que los versos son inspirados y canónicos,
aunque no se puede probar que pertenecieren a la redacción de Marcos. Incluye
Juan 5:4 y 7:53 al 8:11 de la misma manera de la Reina Valera (1960), con la
excepción de que añade una nota al segundo texto sobre la mujer adúltera
afirmando que dicha narración es inspirada y canónica aunque antiguamente no
formaba parte de Juan, sino tal vez de Lucas. En el caso de 1 Juan 5:7 coloca
una parte del texto y después de las palabras "dan testimonio" señala
una nota al pie de la página donde explica únicamente que los manuscritos de la
Vulgata añaden la frase sobre el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo que son
uno.
La
necesidad de tener a la mano una traducción al día con la crítica textual que
haya comparado los manuscritos más antiguos y, por ende, probablemente más
auténticos es esencial hoy, pues entre otras razones circula la versión de los
Testigos de Jehová en el país. En La Traducción del Nuevo Mundo de las
Santas Escrituras en cuanto a Marcos 16 aparece tanto una conclusión larga
como una corta[17].
Además escribe estas conclusiones con una letra diferente al de los otros
textos y contiene una explicación especificando los manuscritos antiguos donde
aparecen cada cual. En el caso de Juan 7 y 8 omite los versos del texto
sagrado, pero coloca la traducción entera en una nota al pie de la página que
especifica cuales manuscritos antiguos lo tienen. En el caso de 1 Juan 5:7-8
omite la parte del texto que no aparece en los manuscritos antiguos sobre la
Trinidad sin explicación alguna.
Por
supuesto hay otros variantes en los antiguos manuscritos, y puesto que no
disponemos de ningún manuscrito original, es imprescindible no fundamentar
ninguna doctrina esencial en estos textos que no aparecen en los manuscritos
más confiables y fidedignos. Desde luego, la omisión de estos textos no afecta
la veracidad de doctrina cristiana alguna.
¿Existe una sola traducción aceptable en el
español? ¿Existen criterios que nos
ayuden seleccionar las mejores traducciones?
Los Adventistas del Séptimo Día usan la traducción
de Reina y Valera de 1909 y rechazan la de 1960, ya que ésta sustituyó el
día de reposo por el sábado. Algunos pentecostales también han
rechazado esta versión. Por lo tanto, la Reina Valera 1960 no sirve para ellos.
Otros insisten en el uso exclusivo de La Traducción del Nuevo Mundo de
los Testigos de Jehová, ya que usa el nombre de Jehová en el Nuevo Testamento y
es una publicación del Watchtower (Atalaya). Para algunos sólo quieren usar la
Reina Valera (1960), por su valor tradicional y su bella expresión. Para otros
la Biblia Católica es la única que sirve y otras personas no quieren una que
use el lenguaje del diario vivir tal como Dios Habla Hoy y la Versión
Latinoamericana.
Hay
por lo menos cinco criterios importantes para la selección de una versión de la
Biblia. (1) ¿Se comunica bien el mensaje de los textos más parecidos a los
originales? ¿Se trata de una traducción de los mejores textos de los idiomas
originales? ¿Se entiende bien y con facilidad su vocabulario? ¿Está el
vocabulario al nivel del lector? (2) ¿El estilo o el formato del texto sagrado
facilita su interpretación? ¿Hace más comprensible las ideas centrales dentro
de las pequeñas unidades del texto? ¿Está claro donde comienza y termina un
párrafo? ¿Se dividen los capítulos en párrafos y estrofas? Este tipo de formato
o estilo ayuda en la interpretación del versículo dentro de su contexto
literario. Por eso, no es tan fácil sacarlo fuera del contexto. En cambio, cuando
cada verso se parece un párrafo, incrementa la posibilidad de una mala
interpretación. 3) ¿Contiene mapas? Los mapas también son importantes para la
comprensión de la historia de la redención. (4) ¿Es esencialmente la misma
traducción que la iglesia de uno usa, de manera que no se pierda el hilo del
pensamiento? Si la versión no varía mucho, facilita su uso en la comunidad
cristiana. Debe ser lo suficiente similar para que uno no se pierde en la
lectura de los versículos durante los estudios bíblicos y los sermones.
Cabe
señalar que a mi juicio todas las traducciones tienen méritos y ninguna debe
ser condenada o quemada. La voz soberana de Dios se deja oír -- a pesar de las
peores imperfecciones de las traducciones, aun en los casos cuando se ha
intentado bajar o callar su voz doctrinal. No obstante, existen traducciones
que reunen mejor que otras los criterios mencionados. Entre ellas están la Reina
Valera Actualizada y Dios Habla Hoy.
[2] Este uso aparece por primera vez en las obras de Clemente de
Alejandría (c. 160) y Tertuliano de Cartago (c. 200). La única versión de la
Biblia que conozco que no sigue esta división dual es La Traducción del
Nuevo Mundo de las Santas Escrituras de los Testigos de Jehová. Con el
fin de eliminar este concepto de antiguo y nuevo pacto substituyó otros títulos
para la doble división: las escrituras hebreoarameas y las griegas cristianas.
Los títulos de estas divisiones intentan borrar la idea de que un pacto es
nuevo y el otro es antiguo. La implicación, entonces, es que las dos secciones
de escrituras tienen igual valor, peso y vigencia en la vida cristiana hoy. Ver
La Sana Doctrina "¿Usas estas normas para
interpretar la Biblia?" II:3 (Abril 1987) y "¿Eres un cristiano del
Antiguo o Nuevo Testamento?" II:1 (Dic.-ene. 1987).
[5]San Jerónimo usó este término en latín (apocryphus) para
designar los libros aptos para la lectura en la iglesia para inculcar lecciones
éticas pero no aptos para establecer doctrinas. A veces hoy se usa esta
designación para referir a 15 libros y documentos. En ese caso se incluye como
apócrifos los seudoepígrafos que incluyen a 3 Macabeos, 3 y 4 Esdras, La
Oración de Manasés, la Epístola de Jeremías, Enoc, Jubileos y la Ascensión de
Isaías.
[7]Otras diferencias menores en las Biblias Católicas incluyen el orden
de los libros del Antiguo Testamento, la enumeración de los salmos, la forma de
escribir muchos nombres y las notas explicatorias.
[8]Los hallazgos en Qumrán no incluyen una lista de los libros que
formaba el canon de esa secta judía, pero entre los pergaminos aparecieron
varios comentarios sobre la Biblia hebrea. Este hecho nos permite afirmar con
confianza de que su canon incluía el Pentateuco, los Profetas y los Salmos,
Daniel y probablemente Job. No hay ninguna evidencia que indique que dicha
comunidad aceptaba Tobit (Tobías) o Baruc aunque aparecieron fragmentos de
ellos y de Jubileo.
[9]Por ejemplo, en los 66 capítulos del pergamino de Qumran sobre Isaías,
solamente se encontraron 13 pequeñas variantes. Las variantes más importantes
aparecen en los libros de Jeremías y Samuel, los cuales contienen algunos
párrafos enteros nunca antes vistos. Por ejemplo, en 1 Samuel 11 donde narra
acerca del nuevo Rey Saúl quien conduce a su pueblo en la batalla en contra de
los amonitas, el texto de Qumran incluye un párrafo que describe la opresión de
los israelitas a manos del rey amonita Nahash; no se menciona a éste en el
texto tradicional. En un caso en Jeremías se omiten las palabras proféticas de
9:7.
[10]Hoy la Septuaginta sigue siendo la versión oficial de la Iglesia
Ortodoxa Griega, pero la mayoría de los eruditos de esa iglesia siguen al padre
Atanasio y otros que colocaban los libros deuterocanónicos en un nivel de
autoridad inferior a los protocanónicos.
[11]Evidentemente durante la primera mitad del segundo siglo d.C. se
comenzó a hacer dos colecciones de escritos cristianos, la de los cuatro
evangelios y la de las cartas paulinas. El padre griego Orígenes (185-254 d.C.)
menciona 27 libros en el Nuevo Testamento, 21 reconocidos plenamente y 6
dudosos. El obispo Atanasio de Alejandría en 367 d.C. fue el primer escritor
que hoy conocimos que hizo una lista de los 27 libros canónicos sin diferenciar
entre ellos. Aunque la Iglesia Ortodoxa Griega acepta los 27 libros en esta
lista, no incluye lecturas del libro de Apocalipsis en su misal.
[13]Aunque incluyen la revisión de los primeros 8 capítulos de Génesis en La
Perla de Gran Precio, uno de sus principales libros sagrados, José
Smith hizo muchos otros cambios en la Biblia del Rey Jacobo. La Iglesia
Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días con sede en
Independence, Mo., publicó su revisión y se llama Inspired Version: The
Holy Scriptures, Containing the Old and New Testaments: An Inspired Revision of
the Authorized Version, by Joseph Smith, Junior.
[17]El Nuevo Testamento en griego también contiene las dos conclusiones. [The Greek New
Testament de las Sociedades Bíblicas. Ver además Bruce M. Metzger's A
Textual Commentary on the Greek New Testament: A Companion Volume to the UNITED
BIBLIA SOCIETIES' GREEK NEW TESTAMENT (Tercera Edición). Londres:
United Biblia Societies, 1971. pág. 122-128.]